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Se alza el telón

Pinocho Rey: Compañia Nacional de Costa Rica

por Malkah Rabell

En su primera representación la Compañía Nacional de Teatro de Costa Rica, nos ofreció una obra de Joaquín Gutiérrez: Puerto Limón, que reflejaba los problemas del país, su idiosincrasia y sus luchas políticas. Ya en su segunda aparición, con Pinocho Rey, que también se de be a un autor nacional, Antonio Yglesias Vargas, a este joven dramaturgo nacido en 1943, le su. cedió -como le sucede a la nueva generación de dramaturgos mexicanos- que se sintió obligado a rendir pleitesía a las corrientes europeas del teatro del Absurdo. Su Pinocho Rey tiene cierta influencia de El Rey se muere de Ionesco, y para descifrar las subyacentes verdades sociales y políticas que Yglesias trata de sugerir, más que asistir a una representación, sería necesario tener el texto en mano y leerlo varias veces.

Hoy, a los 25 años de aparecido el teatro del Absurdo con La cantante calva, se nos hace más antiteatro que nunca. Su círculo se ha cerrado definitivamente, y hasta Fernand Crommelynk, el gran vanguardista de los años 20, durante la primera postguerra, teatro el suyo que se entendía con mucha dificultad, hoy, frente a la nueva vanguardia (que ya deja también de serlo), la de los años 50, no teme decir: "Ya no se hace eso que llaman teatro ... Hoy, los Beckett, los Ionesco, teatro para escuela nocturna. Un hombre que crece en el escenario a ojos vistas, cuyos pies llegan a tener un metro cincuenta ... Una mujer medio sepultada que se va encerrando poco a poco para simbolizar la brevedad de la vida... Eso es alegoría bastante primaria..." Pues las alegorías de Pinocho Rey yo no las entiendo, y aunque los simbolistas decían, "más vale sentir que entender" tampoco logré emocionarme ante esas figuras cuyos simbolismos se me escapaban y sobre todo se me escapaba el sentido de sus razonamientos que a veces eran demasiado simples, como los del juego entre marido y mujer, juego entre sexos, o bien demasiado oscuros y sobre todo trataban de abarcar demasiados temas, explicar y discutir un exceso de problemas políticos, sociales y religiosos. Y ya se sabe, que quien demasiado abarco, poco aprieta.

Y así como se me hizo excesivamente enrevesada la obra, lo mismo puedo decir de la dirección que tornaba aún más oscuro el texto, y hasta la escenografía resultaba demasiado barroca, casi rococó. Alfredo Catania, en el papel protagónico del Rey Pinocho, es un excelente actor, que con facilidad pasa de lo cómico a lo dramático, y en este personaje más bien carica. turesco, encuentra los tonos más humanos y emotivos. También Ana Poltronleri, en el papel de la Hada Madrina, se muestra actriz de muchas facetas, aunque el personaje mismo no se presta a la emoción.

En resumen, de una compañía llegada de Costa Rica, más bien esperamos "sus" verdades y no verdades filosóficas bebidas en teatros europeos.