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Se alza el telón Las mil representaciones de Entre mujeres

por Malkah Rabell

 

Creo que el título de Entre mujeres es un poco equivocado. Debería llamarse: Entre víboras, y sin embargo el dramaturgo, el español Santiago Moncada, en ningún momento exageró el carácter de la mujeres, no buscó hechos inverosímiles o despampanantes para pintar caracteres femeninas. Nada de eso. Buscó más bien los rasgos naturales los más frecuentes tanto en las mujeres como en los hombres. Lo que nos presenta Moncada es el retrato del ser humano en general. Y el ser humano, el más inteligente y desarrollado animal de los viven sobre el globo terraqueo, es indudablemente un ser malvado, capaz de las peores fechorías, de las mayores bajezas, tanto contra los extraños como contra sus propios hijos y hermanos. Mas, por fortuna, ese ser miserable, es también capaz de realizar las empresas más bellas, los sueños más maravillosos. Creo que es debido a esta última capacidad que Dios le perdona y lo deja existir sobre la Tierra.

Y asi, cinco mujeres, una treintena de años después de haber abandonado el colegio donde fueron amigas, sin haberse visto ni encontrado, se vuelven de pronto a reunir, invitadas por una de ellas a comer y a platicar de los tiempos idos en su casa. Y entre chiste y chiste, entre anécdota o historietas verídicas,

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

va saliendo a flote todo lo negro, lo sucio y lo doloroso que pueden existir en dichas escuelas femeninas, con su buena educación y sus maneras pretendidamente refinadas, con su Madre Superiora en la oficina de recepción, y con sus pasiones no pocas veces enfermizas o desviadas de su fuente normal, donde se dibujan bastante claramente el lesbianismo que nunca falta en esa clase de instituciones, pero que tampoco se muestran a las claras.

Es extraño cómo el público no dejaba de reir casi constantemente, en tanto en el escenario del Teatro Tepeyac —donde se llevaba a cabo el festejo de las mil representaciones de la comedia de Moncada— continuaba el drama, un drama oculto durante años y años en tanto las alumnas crecían y se volvian mujeres maduras y respetables de sus propias vidas. Un drama que poco a poco

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

aparece y va abarcando a otros culpables, y a otras víctimas.

En el escenario tenemos a Rosa María Bianchi, a Nuria Bages, a Silva Mariscal, a Macaría y Raquel Olmedo. Cada una elegida con mucha inteligencia para el papel que le corresponde a su rostro, a su físico y a sus dotes artísticas. Y esas cinco actrices fueron consideradas como las mejores intérpretes de comedia del año 1992. Y tal vez nunca fue tan acertado el juicio de la Asociación Mexicana de Criticos de Teatro como en esta oportunidad. Un premio, un galardón a cada una de las protagonistas de esa obra, sella más que merecidamente ese espléndido trabajo colectivo.

Lo apasionante de esa obra que tanto entusiasmo despertó en nuestro público, y que ya lleva tres años en el foro de tres teatros distintos, es la estupenda pluma del dramaturgo Santiago Moncada

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

quien tiene una increíble habilidad para manejar los diálogos y los parlamentos. Y aunque provoca risas, su texto casi siempre contiene una flecha venenosa que dispara en el momento menos esperado.

Así que tentamos en el escenario del teatro Tepeyac a cinco prodigiosas actrices premiadas por la misma obra. Y caso extraño, pero bastante frecuente en México, algunas de esas espléndidas intérpretes ni siquiera eran conocidas por la prensa y menos por el público.

Tampoco se debe olvidar el trabajo realizado por el director de escena, Marcos Miranda, aunque algunos opinaban que su intervención tenia poca importancia, y todo el valor de la representación reposaba en la obra y en la creación de las intérpretes. En lo que no les faltaba cierta razón. Pero no se debe olvidar que un director, o mejor dicho dicho, una mala dirección, puede destrozar a la mejor obra y a la más perfecta intervención de actores. En cambio Marcos Miranda. supo darle todo su mérito tanto al texto como a sus cinco intérpretes.

Para quienes aún no han visto la obra, les recomiendo que la vean antes de que se termine la temporada, aunque a todas luces creo que se trata de esa clase de obras que van por largo tiempo en el mismo escenario.