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diorama

teatral

 

por mara reyes

Romeo y Julieta

 

Teatro Hidalgo. Autor, William Shakespeare. Traducción, Antonio Castro Leal. Dirección, Ignacio Retes. Escenografía, Julio Prieto. Vestuario, Guillermo Barclay. Coreógrafo, Guillermo Arriaga. Reparto, Jacqueline Andere, Jorge del Campo, Aarón Hernán, Héctor Ortega, etc...

      A un  año de la celebración, que indudablemente será mundial, del IV centenario del natalicio de Shakespeare, el IMSS se adelanta poniendo en escena Romeo y Julieta, la primera [de] las tragedias del genio inglés. Hablar de Shakespeare, a estas alturas, cuando todo se ha dicho, cuando todo se ha escrito, no es el caso. Lo que por ahora importa es la representación que de la obra han hecho en el Teatro Hidalgo.

     Un acierto indudable de Retes como director y de Prieto como escenógrafo, ha sido el de presentar el espectáculo lo más apegado posible -por supuesto sin el olor a ajo y a humo que caracterizaba a los teatros de la orilla del Támesis- a lo que cuenta la historia de aquellas representaciones, tratando de utilizar sólo los recursos técnicos de aquella época, más la iluminación, pues sabido es que las candilejas del Teatro del Globo, lo mismo que del primer “teatro” público

de Londres, edificado por Burbage (como el “Globo”), o las del Teatro de la Fortuna, eran los rayos del sol de la tarde, de ese sol disimulado de Londres. Y si para los teatros de la corte, los teatros públicos eran pobres escenográficamente, esta supuesta pobreza abría en cambio la imaginación de los espectadores, que con una palabra que los situara creaban en su mente la mejor de las escenografías. Misma puerta a la imaginación que han abierto Retes y Prieto, al recordar la época en que los actores eran vistos como vagabundos.

     Es curioso constatar el hecho de que Romeo y Julieta -como todas las obras de Shakespeare- está llena de frases de doble sentido, calambures y crítica severa a la sociedad y a la época, y si bien en ella el amor se impone sobre los prejuicios del medio feudal, éste en cambio es pintado en toda su dramática realidad, a pesar de haber sido instaurada la censura teatral de Inglaterra, desde cuatro años antes del nacimiento del poeta, y no fue sino hasta mucho después de haber sido creadas la mayoría de sus obras cuando el puritanismo, a la muerte de la Reina Isabel, consigue opacar las voces combativas de las que Shakespeare es corifeo, voces que clamaban por una paz  

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