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   diorama

    teatral

 

     por mara reyes

 

   Vamos a contar mentiras. Sala Chopin. Autor, Alfonso Paso. Adaptación, Manuel Sánchez Navarro. Dirección, Jorge Landeta. Escenografía, David Antón. Reparto: Carmen Molina, Mario García González, Joaquín Cordero, Chucho Salinas, Antonio Alcalá, Alejandro Meyer, Alberto Camacho y Consuelo Monteagudo.

     

     De Alfonso Paso, uno de los autores españoles de más taquilla en México, es la comedia que ahora presenta Manolo Fábregas -aun cuando no la dirige, ni actúa en ella- que viene a ser como una versión de la fábula aquella del niño qué siempre gritaba que un lobo lo amenazaba, hasta que un día, el lobo lo amenazó de verdad y... bueno, ustedes conocen el final. La comedia está enriquecida por una gran cantidad de situaciones cómicas, de equívocos que no tienen otro fin que el de divertir y el de demostrar que aquellos que reniegan de la fantasía y que creen vivir en la verdad, ven pasar a su lado la vida, sin ser capaces de vivirla, por ceguera para descubrirla.

    Los personajes centrales, Julia y Carlos, llevan tendencias contrarias, Julia se dirige hacia la mentira, no puede evadirla, le gusta inventar, cuando la realidad es pobre, cosas que hagan vibrar y emocionarse. Por el contrario, el movimiento del personaje de Carlos va encaminado a la verdad, a decir la verdad, a no querer ver en la vida como verdadero

 

más que lo lógico. Estas fuerzas de los dos personajes chocan y por la influencia de los mismos acontecimientos se descubre que lo que pregona Julia es a final de cuentas más verdadero que lo que pregona Carlos; la mentira de la una se vuelve una verdad, y la verdad del otro no es sino una falsedad. Porque la verdad rara vez es lógica y rara vez es sencilla.
     La dirección de Jorge Landeta, a quien no veíamos dirigir desde que se dedicó a la publicidad teatral, es atinadísima. Resolvió con una gran agilidad todas las situaciones, la comicidad, de buena ley, con que está sazonada la obra, hace que ésta cumpla su cometido.
    Carmen Molina y Mario García González consiguen atrapar verdaderamente al espectador, ella es una actriz espontánea, y él un actor sincero que imprime una notable veracidad a sus interpretaciones.   
   Joaquín Cordero, natural; sobresale por su extraordinaria vis cómica Chucho Salinas, que logra personificar su Lorenzo en forma insuperable.
    Por otra parte, en los papeles secundarios, Antonio Alcalá, Alejandro Meyer, Alberto Camacho y Consuelo Monteagudo, realizaron sus respectivos trabajos con toda propiedad.
     Mucha plasticidad en la escenografía de David Antón, cuya coloración contrastada daba una sensación de amplitud.