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Nuevo estreno de La Dolores, de Feliú y Codina, en el teatro Sullivan, por Pilar Sen

Armando de Maria y Campos

    En nuestro desaparecido teatro Hidalgo se presentó por primera vez en México el drama La Dolores de José Feliú y Codina, que la empresa Altas Comedias, que dirige el licenciado don Aquiles Elorduy en el teatro Sullivan, de esta ciudad, ha exhumado el sábado último -13 de agosto-. Ocurrió aquel suceso el 8 de enero de 1894. En el Hidalgo lo representó con éxito tres noches la compañía de María de Jesús Servín, en la que, por cierto, figuraba como primer galán Felipe Montoya y Alarcón, padre de María Tereza y Felipe. Dos meses después estrenó La Dolores, en el teatro Nacional, la compañía de la actriz cubanoespañola Luisa Martínez Casado, en cuya protagonista -dijo un cronista coetáneo- "rayaba en lo sublime". Virginia Fábregas lo representó en el Arbeu el 20 de noviembre de 1895, y con grande aplauso lo repitió varias veces, con el agregado de una jota tocada por el trío Pérez Rivas, de fama entonces.
     Con La Dolores, obra de abolengo, se dio a conocer en Madrid, y con esto en el mundo español de su época, el dramaturgo catalán y regional don José Feliú y Codina (1847-1897). Inspírase esta obra en la copla popular, que el autor oyó en uno de sus viajes por tierras de Aragón:

     Si vas a Calatayud,
     pregunta por la Dolores,
     que es una chica muy guapa
     y amiga de hacer favores.

     Feliú y Codina usó tres veces el tema de esta copla, hasta llegar a concretarlo en su gran drama. Primero en un romance que fue publicado en un semanario catalán. Después le sirvió para una zarzuela, y finalmente tomó su forma definitiva en el drama: una moza de mesón, difamada por el guitarrista coplero y donjuanesco, y a la que redime y venga el seminarista tímido y enamorado, en romántico y valiente impulso que le transfigura, dando muerte al cínico seductor, cuando aún pretende burlar a su víctima. Feliú y Codina sufrió un calvario antes de ver representada su obra. En Barcelona se puso, sin gran éxito en 1891. Fue el autor a Madrid y tras luchar mucho logró que Emilio

Mario, que dirigía el teatro de La Comedia, la aceptara con reservas. El ambiente rural y regional del drama, desentonaba en un escenario cuyo público era de "guante blanco". Lo estrenó Mario el 19 de octubre de 1892, a título de "experiencia". María Guerrero, en los albores de su carrera que fue triunfal, se resistió a estrenarla, y dicen sus biógrafos, que ensayándola, hasta lloraba. Sin embargo, el talento de la gran actriz se sobrepuso, triunfó rotundamente y llevó al éxito de la obra, y de tal suerte se adentró en el personaje, que -se dice aún en Madrid- durante mucho tiempo conservó, a pesar suyo, el tonillo desgarrado de voz de la ruda moza aragonesa, aun representando obras enteramente distintas. La Dolores fue un enorme éxito de público. La crítica la discutió con pasión, acabando por aceptarla; y estuvo en litigio que se le adjudicase el premio teatral de la Real Academia Española, que al fin alcanzó Mariana, de Echegaray. Metamorfosis escénica de la obra de Feliú y Codina, fue la ópera La Dolores, letra y música del maestro Tomás Bretón, estrenada en el teatro de La Zarzuela, de Madrid, el 16 de marzo de 1895, y en el teatro Principal, de México, el 30 de noviembre del mismo año, en octava función del tercer abono, por nuestra gran tiple Soledad Goyzueta, en la protagonista, con enorme éxito de crítica y público. José María Granés estrenó en el Apolo madrileño, el 13 de abril de 1895, su graciosa parodia La Dolores... de Cabeza, y fue puesta en el teatro Arbeu mexicano, por la compañía de España y América durante muchos años. En 1919 aún se hacía por el interior de nuestro país; recuerdo habérsela visto a la gran actriz mexicana Rosita Arriaga, en el teatro de La Paz, de San Luis Potosí, en 1919.
     Feliú y Codina escribió otras obras de carácter provincial, como María del Carmen y Miel de la Alcarria; La real moza, Boca de fraile, Los ovillejos, obra póstuma, a la que puso música el maestro Enrique Granados. Feliú y Codina, discípulo aventajado de José Echegaray, llevó al teatro un naturalismo sano y vigoroso. La Dolores está escrita en verso fácil, fluido y relumbrón, de acuerdo con la costumbre y estilo de la época.
    

   Creo que ha sido un acierto de Aquiles Elorduy, empresario del teatro Sullivan, resucitar este bello drama de fin de siglo, en particular porque cuenta con una gran actriz de origen español, Pilar Sen, larga e injustamente postergada, y que con dos obras solamente, ésta y Concha la limpia, también puesta durante la temporada, ha demostrado con hechos -dicción, actuación y ¡temperamento!- que puede hombrearse con las que más valgan entre las profesionales auténticas -no muchachitas que de una sola obra memorizada y movidas por el director mecánicamente, que no saben lo que dicen ni por qué hacen tal o cual "movimiento"-; que es una actriz profesional de cuerpo entero, de tan honda como ancha dimensión. En esta Dolores que dice con claridad y tonos, se muestra enamorada, crédula y angustiada en triple pasión, siempre real y... actriz. Es el suyo uno de los más legítimos, sólidos y mejor ganados triunfos de estos días.
     Componen el reparto de esta última versión de La Dolores comediantes veteranos, como doña Amparo Villegas, que está muy bien en la dueña del mesón; Enrique Díaz Indiano, sobrio, profesional, en el tenorio ricachón; excelente de temperamento el novel Eduardo MacGregor en el seminarista tímido, enamorado y vengador, y muy en tipo, además, José Luis Caro en el coplero difamador llenó el personaje con aplomo; y se reveló actor ágil, en el criado del mesón, Mussott Jr., omitido por error o descuido en el programa. El resto de los personajes fue confiado a meritorios; algunos de ellos pisaban por vez primera el escenario. Dirigió la obra con pericia acostumbrada don Cipriano Rivas Cherif, y a él se debe, sin regateo, la confianza que en ella misma revela Pilar Sen, y en general cuanto de bueno tiene la exhumación de La Dolores de Feliú y Codina, ejemplo ayer y ahora de teatro verdaderamente teatro, y de teatro español en particular.