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El Teatro del Pequeño Mundo estrena Un viaje maravilloso, de Enrique Alonso

Armando de Maria y Campos

    El domingo 5 por la mañana, Teatro del Pequeño Mundo, que dirige Enrique Alonso, joven actor y autor mexicano, presentó a su público infantil, más numeroso que ninguno otro porque de él forman parte también los mayores -padres y madres, abuelitas, etcétera- que acompañan a los niños a las representaciones, la nueva comedia cuento original del propio Enrique Alonso, Un viaje maravilloso, en dos actos y catorce cuadros -incluyendo en éstos las cortinas, o sea las escenas que se desarrollan delante de un telón corredizo- quien hace, además, el protagonista, un muñeco guiñol, de funda o guante, de nombre Cachirulo, que llegado el momento toma forma humana; y el lunes 6, por la noche, el Teatro del Pequeño Mundo, como grupo teatral organizado del Distrito Federal, recibió en el Palacio de las Bellas Artes, en función organizada por el INBA y el Instituto de la Juventud Mexicana, el primer premio en el concurso de grupos experimentales del Distrito Federal, celebrado hace tres meses en nuestro máximo coliseo, y en el que, como se recordará, intervinieron todos cuantos a la fecha hacen teatro experimental, no profesional y simplemente por aficionados. El grupo Teatro del Pequeño Mundo ganó el preciado y simbólico galardón presentando una pastorela mexicana: El portal de Belén, del propio Alonso, impresionando profundamente a público y jurados, no obstante que la deliciosa e ingenua pastorela se presentó fuera de ambiente, seis meses antes -o después- de su fecha tradicional, diciembre, lo que cuenta mucho en relación con su tema, y justifica el mérito intrínseco, equivalente a premiar una representación de Don Juan Tenorio, por Corpus, San Juan o Cuaresma.
     El Teatro del Pequeño Mundo interesa a los niños como no recuerdo que lo hiciera otro de carácter infantil. Cierto que el teatro de títeres, desde los tiempos remotos de los hermanos Rosete Aranda, los mejores movilistas que ha tenido México, y después el de Carlos V. Espinal, hicieron las delicias de continuadas generaciones párvulas; verdad que el guiñol -fantoches que se mueven con las manos, llamados de guante por la forma en que se adaptan a la mano para ser movidos con los dedos- de Lola Cueto y Roberto Lago, de Graciela Amador, de las hermanas Alva de la Canal, forma una tradición de teatro mexicano para niños, y verdad, también que en diversas épocas, aunque en periodos cortos, se han organizado temporadas de teatro para niños hecho por niños, con libretos inspirados en cuentos con temas universales -Caperucita y el lobo, El gato con botas, La Cenicienta, etcétera- y en este punto del recuerdo es justo rendir un homenaje al gran autor mexicano ya

desaparecido, Alberto Michel, animador constante de temporadas de teatro infantil. Pero, en rigor, lo que Enrique Alonso y Alicia Montoya hacen con su Teatro del Pequeño Mundo, nada tiene que ver con aquel teatro infantil de principios de siglo, que escribía Ildefonso T. Orellana, y que iba del constante pleito del "negrito" y don Folías, a Las apariciones de la virgen de Guadalupe, o las incidencias -nada infantiles- de Una corrida de toros. Enrique Alonso, autor y director, protagonista también de todas sus obras, y Alicia Montoya, actriz también y codirectora, han creado, esta es la verdad, un teatro para el pequeño mundo de los niños, porque ahora saben tantas cosas porque van al cine, aunque no sea para más que ver los "cortos" de caricaturas animadas, oyen radio y ven televisión, hecho por jóvenes actores y por niños también, con temas finos y pueriles, hablado como hablan los niños, tan directo y eficaz, que la parvulada goza creyendo que es verdad cuanto ocurre en escena, tomando el partido por los buenos, revelándose contra los malos, dialogando con el director, expresando su júbilo, sus sorpresas, su opinión, en fin, con gritos y exclamaciones, especie de votación popular, inusitado plebiscito infantil, que hacen de las representaciones del Teatro del Pequeño Mundo un doble espectáculo, el que sucede en la escena y el espontáneo, desbordado, arrollador, de los niños en la sala. Al final de la representación los niños espectadores suben al escenario, saludan a los actores, los admiran de cerca, palpan sus ropas y... se van del Teatro del Pequeño Mundo, aficionados por siempre al teatro. Volverán un domingo y otro, y otro, arrastrando a sus padres, a sus abuelos... ¡Y luego dicen que el teatro se muere!
     El tema de Un viaje maravilloso al país de los sueños y las pesadillas no puede ser más ingenuo ni más útil. Chirriquitica no estudia, no reza antes de acostarse, no toma sus medicinas cuando está enfermita, y la cercan las enfermedades: la Indigestión, el Retortijón, la Tabla de Multiplicar, la Tos, el Catarro, el Berrinche, el Sarampión, todos personajes vestidos de acuerdo con lo que representan. Cachirulo, un muñequito, su juguete favorito, la defiende de los naturales enemigos de la niñez. Llega el sueño, con sus hijos, el Sueño Azul de los niños y la Pesadilla, y ambos se llevan a la niña primero al país de los Caramelos y después al Palacio de los sueños. Chirriquitica se salva de todos sus enemigos, porque acuden a salvarla, a indicaciones de su Angel de la Guarda, todos los niños que están en la sala, los niños espectadores que, así, intervienen en la representación a su entero gusto.
    

     Alonso escribe sus comedias para niños con lógica infantil, y en esto radica su éxito. Las viste y las decora pensando únicamente en el gusto de los niños, y las hace actuar con el barullo y el desenfado con que juegan y se divierten los niños. Así ha surgido y vive, y triunfa el Teatro del Pequeño Mundo. Un viaje maravilloso recoge y ata en escenas interesantes y divertidas las experiencias de anteriores obras.
     Vientitantos personajes, entre ellos una niña, María Rojo, que hizo la Chiquirritica, intervienen en el argumento de Un viaje maravilloso, encarnando los más diversos sucesos que pueblan la imaginación de los niños: Don Cuento, el Buen Humor, la Inyección, el Rey Don Maligno, la Canción Maternal, las Canciones Infantiles, y la Risa, símbolo de la salud y la inocencia infantil. Actores del Instituto Cinematográfico de la ANDA, dirigidos por Enrique Alonso y Alicia Montoya (que interpreta la Risa) se mueven con soltura y actúan en serio par dar la impresión de que improvisan, de que juegan para divertir a los niños...
     El cine Versalles -en el número 47 de la calle de ese nombre- se llenó el domingo con el mejor de los públicos de teatro con que cuenta México: el de los niños...