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Fin y remate del concurso de teatro provinciano aficionado. Estupor ante el estreno de Botica Modelo

Armando de Maria y Campos

    Un aire fresco de comedia moderna, frívola y graciosa se dejó sentir en la sala del Bellas Artes lleno a tarde y noche de un público simple y entusiasta, que a veces se me figuraba el del profesor Colgate de la Radio y la TV durante la representación del grupo Teatro Experimental C.D.I. -Centro Deportivo Israelita- inscrito como de Cuatro Caminos, en las goteras casi de la capital del Estado de México, representando la obra de Jorge A. Villaseñor, Una mujer para la lluvia. Desde las primeras escenas la encantadora, fina y ligera comedia de Villaseñor se apoderó del público por la travesura de su acción, la gracia de su diálogo y la finura de sus situaciones. El grupo de Cuatro Caminos, integrado en su mayoría por hermosas damitas de la colonia israelita de la ciudad de México, dijo con claridad e intención la comedia llena de intención de Villaseñor y la actuó en general con desparpajo revelador de experiencias anteriores en el arte de representar. La comedia gustó mucho por su alegría desenfadada, y también satisficieron sus intérpretes Lubu Margules, Ema Leibman, Sara Tabansky, Cecilia Biro, Becky Calderón, Gerardo Schabs, Salomón Krinsky, Bernardo Gitlin y Abraham Stavchansky, que en sus nombres y apellidos llevan su... origen. Dirigió la obra con segura mano, Carlos Rodríguez.
     En seguida -al día siguiente, domingo 30, por la tarde- se presentó el grupo Universidad Veracruzana, dirigido por Dagoberto Guillaumin, quien tiene a su cargo en Jalapa una escuela de teatro, con la obrita de Sergio Galindo Un Dios olvidado. Galindo es muy joven, aunque con alguna experiencia literaria -otra obra de teatro aún inédita, un libro de cuentos-, y su pieza concursante revela que no es un equivocado, pero que tiene que escribir mucho, como oficio, y tener paciencia. Cada obra que lleve a escena, no importa que no sea éxito será siempre una experiencia. Como el estreno de Un Dios olvidado, que habrá calado muy hondo en su ilusión, porque, desventuradamente alcanzó, tampoco, una buena interpretación.
    Por la noche de esa fecha se presentó el grupo procedente de la Escuela de Arte Dramático de Chihuahua, de largo historial y fecunda experiencia en el norte de la República, con la comedia Beso de soda, del escritor

parralense Othón Gómez Fernández, ya estrenada en México, en el teatro El Caracol, hace cuatro años. Dirige la Escuela de Arte Dramático de Chihuahua el profesor Fernando L. Terrazas, y también todas las posturas escénicas del grupo de dicha escuela. Terrazas sabe lo que hace, y lo hace muy bien. Es, seguramente, el director de teatro en provincia más preparado, más responsable y tan entusiasta como el que más. Se equivocó -todo hay que decirlo- en la elección de la obra, guiado por su orgullo provinciano de representar obra de autor de la patria chica. No obstante lo endeble, confuso y disperso de la pieza elegida, su grupo demostró a los metropolitanos lo que no pudieron hacer la mayoría de los otros grupos visitantes: que sabe representar. El conjunto que presentó es numeroso, y de él destacó el grupo femenino, y de éste el elemento que más llegó al público fue la señorita Graciela Olivas Luján.
     Una de las más interesantes representaciones del concurso de teatro aficionado de los estados, fue la de la pieza -un verdadero espectáculo- Frontera junto al mar de Marco Antonio Montera, que es una feliz, ágil, profunda y emocionante adaptación de la magnífica novela del mismo título de José Mancisidor, y cuya acción ocurre en Veracruz, en 1914, durante el desembarco norteamericano.
     No es nada fácil hacer teatro de una novela, y más si ésta,  como sucede con Frontera junto al mar, es deliciosa y apasionadamente narrativa, pero Marco Antonio Montero, que tiene experiencia en estos menesteres de hacer teatro bueno con novelas magníficas, compuso una gran pieza de teatro narrado y con acción al mismo tiempo, con diálogo directo y emocionante, repartiendo la acción en tres actos y éstos en doce escenas, sin desairar ninguno de los recursos que el teatro brinda al autor para provocar la emoción o el entusiasmo del espectador, y como se dio la circustancia de que el propio autor y adaptador es el director del grupo Teatro Experimental de Chiapas, el resultado total fue, en verdad, excelente.
    Cerró el concurso el grupo de teatro experimental Dalia Íñiguez, de Saltillo, Coahuila, representando los tres actos de la comedia de

Xavier Villaurrutia La mujer legítima llevando como protagonista a una actriz de la metrópoli -que no concursó-, Gloria García, a causa del repentino fallecimiento de la actriz provinciana que había ensayado el personaje. El grupo de Saltillo, que dirige desde hace años el poeta Héctor González Morales actuó además de con responsabilidad con sereno oficio, destacando del conjunto la señorita Lourdes Valdés, de indiscutible talento histriónico.
     Un jurado híbrido y poco sereno discernió los premios prometidos, sin dejar plenamente satisfecho a nadie. Y como esto es lo de menos para el futuro real del teatro en México, no vale la pena detenerse en comentar los fallos. Ya se verá, con el tiempo, si los jurados acertaron, o salieron únicamente del paso u obedecieron consignas de preferencias egoístas o sentimentales, cierto es que no es buena precisamente porque se premie, como en el caso de Botica Modelo, ni tal o cual muchacho aficionado es actor por haber recibido un puñado de pesos devaluados. El arte de hacer teatro es una larga paciencia que no se acorta, acaso se estimula con distribuir premios a veces otorgados por impulso pasional y apasionado...
     Esto ocurre también en el ahora llamado teatro experimental profesional que en el concurso de El Nacional otorgado a la pieza Botica Modelo de la joven autora Luisa Josefina Hernández, sobre veinte obras, en el concurrido certamen que llenó de esperanzas primero al mundillo autoril con su presencia -que no sostiene- el movimiento teatral contemporáneo y de estupor después cuando Botica Modelo se llevó a su estreno oficial por el INBA, dirigida por el responsable de teatro de ese organismo, a mediados de la temporada concursal provinciana en la sala del Seguro Social. ¿Si ésta es la mejor presentada en el concurso de El Nacional cómo serán las otras tantas desairadas? Nadie pone en duda que en la señora Hernández hay una estimable autora en ciernes, pero pocos que conozcan la pieza en discusión podrán afirmar que es una obra maestra, como se dijo antes de su estreno.
     Botica Modelo es un interesante paso hacia adelante en la carrera de Luisa Josefina Hernández.