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Con "m" de muerte de Frederick Knott, estreno de fin de año en el teatro del Caracol

Armando de Maria y Campos

    A principios de 1919 vino, creo que por segunda vez, a México el notable primer actor catalán Ramón Caralt, que se hizo famoso en España y en América por estar especializado en dramas policiales. Como buen catalán, antes que magnífico actor, se dio cuenta de que para tener un lugar aparte y un negocio seguro entre los buenos actores de su época, convenía especializarse, e hizo su género y repertorio a base de dramas policiales. Su compañía se llamaba así: "Compañía de dramas policiales del primer actor y director Ramón Caralt; primera actriz, Raimunda Gaspar". Formó su repertorio con piezas escritas directamente para la escena y con arreglos de novelas de detectives famosos; él se repartía, de modo permanente, el personaje del detective tradicional, y cuando no era Sherlock Holmes, representaba a Nick Carter. Otros actores hacían de ladrones o traidores, y la bellísima Raimunda Gaspar era, siempre, la heroína o la víctima del "maloso". Caralt llevaba el éxito por donde pasaba y llegó a ser familiar su retrato tocado con una cachucha a cuadros, pipa de candado en la boca y la mirada escrutadora.
     La misma noche que lo conocí, en su camerino del teatro Principal en marzo de 1919, al saber que se las había con un cronista de teatro joven, curioso e impaciente por informar a su problemático público, me dijo sonriente pero enérgico: -¿Ya sabe usted cuál es la consigna amistosa para los cronistas que se ocupan de mi espectáculo...?: Prohibido contar el argumento...
     Tenía razón de sobra el notable y astuto actor. Si se cuenta al lector el argumento de una obra policiaca, no queda nada de él para la representación. La clave del éxito de las piezas de policías y ladrones está en el "misterio". Los norteamericanos llaman a este género precisamente "mystery", y es riquísimo su repertorio de obras de éxito permanente. En 1935 se desarrolló en el teatro Abreu una magnífica temporada de comedias "misterio", de la que fueron primeras figuras Andrea Palma, Ema Telmo, la encantadora Margarita Cortés, Carlos Villarías, que vino contratado especialmente desde Los Ángeles para hacer Drácula; Miguel Arenas, Juan José Martínez Casado y Alberto Martí entre los que de momento recuerdo.
    

     Las comedias de misterio no dejan de producirse y de alcanzar éxitos resonantes. El más ruidoso de estos últimos años ha sido el de la titulada en español La calle del Ángel o también Luz que agoniza. El último gran éxito del género policiaco es el de la pieza en tres actos Con "m" de muerte; en inglés, Dial "m" for murder de Frederick Knott, estrenada en el Plymouth Theatre, de Nueva York, el 29 de octubre de 1952, producida por James P. Sherwood, con el siguiente reparto: Margot Wendice, Gusti Huber, Max Holliday, Richard Derr; Hony Wendice, Maurice Evans; capitán Lesgate, Anthony Dawson; inspector Hubbard, John Williams; Thompson, Porter Van Zandt. La pieza de Knott continúa representándose a la fecha en Nueva York, prueba de su éxito rotundo, pero carezco de noticias ciertas en el sentido de que también se represente, simultáneamente, en París, en Londres y no sé en cuántas ciudades más, como seguramente en alarde de publicidad anuncia en sus "desplegados" de prensa el productor en México de esta interesante pieza, Antonio Arce.
    Poco se sabe de este afortunado autor nacido en Inglaterra en 1919, y productor de comedias para la televisón en la BBC londinense desde mil novecientos cuarenta y tantos, aparte de que estudió teatro en las universidades de Oxford-Cambridge, en Inglaterra, y de Harvard y Yale, en los Estados Unidos.
     El inteligente e inquieto autor y traductor, muy especializado en piezas para la TV, Rafael Bernal, tradujo para la compañía del Caracol la pieza de Knott, con dominio del idioma ajeno y del propio, con claridad, sutileza y agilidad. El lenguaje fácil ayuda mucho al mejor entendimiento de la trama oculta, o del subargumento que debe tener toda buena pieza de misterio.
     Es este punto de la presente crónica me acuerdo de la consigna de Caralt a los periodistas: Prohibido contar el argumento... y, fiel a ella, y para respetar el misterio de la subyugante pieza que se representa en el Caracol, lo callo y me atrevo a rogar a quienes hayan visto ya Con "m" de muerte, que nada digan a sus amigos de la llave o de las tijeras asesinas, ni del par de medias, ni de la carta que no llegó a recogerse, ni del cambio de

impermeables. En alguno de aquellos recursos se funda la perspicacia del inspector Hubbard, está la perdición de Tony Wendice y, gracias a uno de ellos, Margot Wendice se salva de la horca...
     De lo que sí debe hablarse, y con encendido elogio, es de la sobria, a veces magnífica interpretación que la compañía que dirige Pepe Aceves da a la pieza de Knott y Bernard. Para mi gusto, el que está más en personaje es Jorge Martínez de Hoyos, en el inspector, que le sale frío y sereno; de una pieza. Claudio Brook, en el Tony Wendice, se muestra desenvuelto, también sobrio, y hace alarde del difícil don del matiz. Francisco Müller imprime a su breve actuación como capitán Legaste, la cínica dramaticidad que tan difícil personaje requiere, y se da el lujo de "estrenar nariz", creando con este detalle un tipo físico distinto al que nos tiene acostumbrados. Raúl Ramírez, en el escritor de comedias -¡se nos escapó!- amante de Margot, completa el cuarto ángulo de la interpretación masculina, que salió redonda. Emperatriz Carvajal en el único papel femenino, hermosa, elegante, verista y rica en recursos para llegar al auditorio. La pieza se desarrolla en un "interior" muy bien resuelto de Julio Prieto, más de arquitecto que de escenógrafo, pero excelente de todas maneras. La escena, muy propia y muy buena la dirección de José de J. Aceves.