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El círculo de William Somerset Maugham, por el grupo de El Caracol

Armando de Maria y Campos

    Para comprender bien una pieza teatral, es preciso encuadrarla en su época, en su manera y en su moda. Por eso la siguiente reposición de El círculo -estreno para esta generación de público- del escritor inglés William Somerset Maugham ha caído un poco en el vacío. Con el título de El círculo matrimonial, bajo la dirección de J. de Jesús Aceves, según una versión de Carlos Gustavo Villenave, e interpretada por uno de esos híbridos conjuntos de ahora en los que a lado de alguna actriz de carrera y oficio -en este caso Emperatriz Carvajal-, actúan verdaderos principiantes -las señoritas Martha Patricia y Lupe Legorreta- sin faltar, como es lógico, los aficionados casi profesionales Francisco Muller, Jorge Martínez de Hoyo: éste incluso becado por el Teatro Caracol en Francia-, esta pieza de Somerset Maugham resulta en todo y por todo extraña a esta época, su manera no encaja en el medio latino de donde procedemos y parece pasada de moda.
     La aparente facilidad del teatro de Maugham encierra la trampa de una verdadera dificultad en la que muchos caen. Son las comedias de WSM agradables, entretenidas, amables; muy fáciles de representar, al parecer. Pero como también son muy inglesas, hay que representarlas... ¡muy inglesas! De no ser así nos parecerán, sí, muy divertidas pero insulsas, pueriles y hasta ilógicas. Predicaré con el ejemplo del propio WSM reproduciendo aquí un comentario sobre su teatro, que un periodista le sacó en conversación reciente al ilustre autor inglés nacido, como se sabe, en 1874. Dijo sobre su teatro Somerset Maugham:
     -"He escrito veintiséis comedias en el estilo tradicional del teatro inglés que surgió con la restauración de los Estuardos, después de Cronwell, y cuyo principal representante es Sheridan. Es curioso observar que entre Sheridan y Wilde apenas se puede hablar de teatro inglés. Tenemos a Robertson, que tuvo enorme éxito en su tiempo, hace ochenta años, pero ya nadie se acuerda de él. Hoy la comedia tradicional está representada por Noel Coward y un joven dramaturgo de treinta y cuatro años, llamado Rattigan, de origen irlandés. Hace

dieciséis años que no he escrito para el teatro, ni pienso hacerlo... No escribiré comedias ni novelas, pero me distraen ensayos. A mi edad y después de haber escrito tanto, puedo permitirme el lujo del ensayo, género menos popular que la novela y el teatro. Ahora escribo para mi propio placer..."
    Ningún dramaturgo, inglés por supuesto desde los tiempos de Oscar Wilde, tuvo mayor éxito que Somerset Maugham en las tablas londinenses. De Londres saltó a París, de París al mundo. La primera comedia de WSM que vimos en México fue Lady Frederick estrenada en Londres en 1907, a Irene López de Heredia en el teatro Fábregas en 1922. Un año antes se había estrenado en Londres El círculo que vino a representar en su teatro Virginia Fábregas en 1932. Doña Virginia hizo un Lady Catherine Champion Cheney deliciosa, y la vistió con garbo y buen gusto. También vistieron muy bien sus personajes las actrices que acompañaron a Virginia. Después se han representado en México otras piezas de WSM directamente escritas para la escena, o adaptadas de sus novelas, como muy recientemente Lluvia. Maugham ha filtrado en sus comedias su ironía, su ingenio y el cinismo -lleno de humor- de la alta clase londinense. Desfilan por sus comedias y tragedias casos y personajes característicamente ingleses. De ahí la dificultad de representar con propiedad personajes de The land of promise (1914), Caroline (1916), Our Betters (1917), Home and beauty (1919), East of Suez (1922), The letter (1927), The constant wife (1927), The sacred flame (1928), The breafkinner (1930) o Sheppey (1933). En The circle (1921), reproduce William Somerset Maugham fielmente y con una fina ironía las costumbres de las clases aristocráticas de Inglaterra.
     Creo que Aceves eligió esta pieza porque vio a Emperatriz Carvajal -otoñal actriz, muy bella, muy elegante especializada en personajes frívolos, tontuelos y despreocupados- en la frívola, un poco vacía, interesante Lady Catherine. Y no se equivocó. La actriz chilena luce mucho como mujer y como cómica en este personaje, y lo habita con singular maestría y

desenfado. El resto, está fuera de... Inglaterra, por mucha voluntad que todos pongan por vestir, hablar y vivir como en un Londres de Eduardo VII. Algún actor -Claudio Brook-, pronuncia muy bien los nombres ingleses, y hasta se puede decir que su figura es muy inglesa. Pero ni Raúl Ramírez, ni Paco Müller dan nunca la impresión de súbditos ingleses. Jorge Martínez de Hoyos, muy bien caracterizado -sin estridencias, como Müller- satisface más que los citados. Aceves tiene debilidad por "descubrir", por presentar nuevas figuritas y desequilibrar lamentablemente sus conjuntos. Para la dama -otra gran actriz en el reparto- eligió a la señorita Marta Patricia, que deberá cursar apenas el primer año en el Instituto Teatral y Cinematográfico de la ANDA. Está la señorita Marta Patricia muy tierna como comediante y muy verde para una interpretación de esta categoría. Aún no sabe hablar, y menos "estar" en escena; su gesticulación, sus ademanes, son primarios. Muy joven y hermosa se adelantó para hacer la Elizabeth cinco años lo menos. Tal vez para entonces sabrá elegir mejores modistas. Para vestir a una que aparenta ser dama de la alta sociedad inglesa, no se debe recurrir -creo yo- a enfundar a la actriz como una María Victoria cuando se coloca, de espaldas generalmente, frente a las ululantes galerías del teatro Margo. La otra debutante, Lupe Legorreta, está aún más inmadura que la hermosa Marta Patricia.
     En resumen: una interesante comedia inglesa traducida al desgaire; una interesante actriz en la protagonista y un conjunto de semiprofesionales y principiantes, todos empeñosos y muchos de ellos discretos. La escena montada con decoro, y la dirección, como es natural tratándose de Aceves, correcta. Pero, ¿es esto bastante para una temporada comercial y con carácter de permanente? El público dirá, como siempre, la última palabra.