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Inauguración del teatro del Seguro Social con el estreno de El proceso de Kafka y Gide

Armando de Maria y Campos

     Para inaugurar el teatro del Seguro Social -sobre el paseo de la Reforma-, el grupo Teatro Universitario eligió el drama El proceso, adaptación de la novela del mismo título de Franz Kafka por André Gide y Jean Louis Barrault -según la traducción de Álvaro Arauz (hay otra de Alejandro Ruiz Giuñazú)-, puesta en escena por primera vez el 10 de octubre de 1947, por la Compañía Madeleine Renaud - Jean Louis Barrault, en el teatro Marigny, de París, y representada desde entonces por ésta y otras compañías en toda Europa y en los Estados Unidos.
    El proceso es una de las obras representativas de Kafka. Para quienes no sepan quién es este escritor judío de lengua Alemana, nacido en Praga en 1883 y muerto en un sanatorio para tuberculosos, a los 41 años, en Viena, en 1924, haré una breve semblanza. Estudió en la universidad alemana de Praga, hijo de una familia judía de la clase media. Durante muchos años fue empleado de una compañía de seguros. Vivió una vida oscura y melancólica, siempre alejado de los círculos literarios. Muy joven hizo de él presa la tuberculosis, y pasó largas temporadas en sanatorios. Fue un escritor personalísimo. Tuvo un ingenio grotesco, extravagante, contradictorio. Su sarcasmo ofende, pero atrae siempre su ingenio literario. Característica de su literatura originalísima, es decir, nueva, fue un patetismo hiriente. Escribió mucho, pero destruyó casi toda su obra. Si no hubiera sido por su amigo Max Brod, no se hubieran salvado muchas obras. A cada paso, a cada página, asoma lo enigmático en la obra de Kafka, porque siempre llega a conclusiones de lo más dispares, lo mismo en el terreno de la interpretación teológica que en el de la discusión crítica. La atormentadísima vida de el gran escritor se delata en cualquiera de sus narraciones. Su estilo es muy difícil, muy confuso y su ideario resulta desconcertante para los espíritus normales.
    La obra de Kafka que hasta ahora se conoce, está formada por Das Prozess (El proceso), 1925; Das Schloss, 1926; Amerika, 1927; Gesammelte Schriften, 1935-1937; Der Verwandlung (Metamorfosis), 1916; In Landarzt, 1919; In der Strafkolome, Ein Hungerkünstler...

   El proceso es una de las obras más representativas de Kafka. André Gide la adaptó al teatro a solicitud del actor Barrault. El primer tratamiento para la escena lo hizo Barrault, y Gide confesó que, después de esto, "ya no se trataba más que de recubrir de carne el esqueleto que me ofrecía". La crítica parisiense opinó en su tiempo "que el medio de angustia ha sido logrado por la extraordinaria presentación, los juegos luminosos que acompañaron el movimiento escénico", y, claro, por la extraordinaria interpretación de Barrault. "Esta adaptación es la que -dijo el director artístico del Teatro Universitario, Carlos Solórzano-, con ligeras y necesarias modificaciones ocasionadas por razones técnicas", se representa en el teatro del Seguro Social, lo menos teatro que uno pueda imaginarse, dicho sea claro y pronto; de ahí las modificaciones, siendo las más visibles y necesarias las que llevaron a desarrollar la acción en dos pisos, y en vez de en dos actos, en tres.
     La obra materializa en cierta forma una especie de angustia propia de los hombres de nuestro tiempo. Toda criatura humana es un acusado. Todo individuo detenido un presunto culpable. Sólo conserva la ilusión de su libertad. No puede saber de qué se le acusa y, no obstante, para defenderse sería necesario que lo supiera, pero nadie se lo dice; es condenado y perdido sin haberse hecho escuchar, si no es por culpables como él, que son los auxiliares de los verdugos. Hasta el final lucha por su libertad y termina por no estar seguro de no ser culpable de algo que no puede definir. Impregna toda la obra un estremecedor clima onírico; la acción toda está sumergida en un sueño. La lógica ilógica de una pesadilla, con tipos que llevan su pasión enmascarada, flota como un banco de nubes en las incongruentes reacciones de los personajes, que son y, a la vez, no existen...
     Kafka fue un visionario en El proceso. Él vio antes lo que había de ser la Europa en general, en particular Checoslovaquia siempre bajo un signo totalitario, ya germano, ya eslavo. En su corazón de poeta trágico sintió una anticipación del Estado policiaco contemporáneo. Halló en México El proceso un director que, como Charles Rooner, de Viena, arrojado a este continente por la guerra que desató Hitler,

puede sentir en su carne esta obra que trasciende el plano de la creación artística para adquirir los rasgos universales y permanentes del alma humana. Con Miguel Prieto, mago de la iluminación y brujo de la escenografía, logró Rooner una versión de El proceso admirable por la sencillez y la expresión de sus recursos escénicos, de iluminación y de sonido. Rooner supo hallar un actor para cada tipo, e hizo el tipo con el actor, y Prieto sumergió la acción real y la angustia "expresionista" de la acción, con la ayuda mágica de la luz, en un mar sin playas de sueño.
   Es de justicia declarar que el numeroso reparto que requiere El proceso sacó muy bien la difícil representación de este drama desconcertante y conmovedor. Augusto Benedico estuvo muy humano en el procesado Joseph K., viviéndolo y sufriéndolo. José Riande hizo un magnífico Kopak y Antonio Passy habitó por completo, con variedad de recursos, al pintor Tintorelli; la figura de Álvarez Bianchi ayudó mucho a la reprentación del comisario. Luis Aragón dijo muy bien su parte del capellán. Cada uno de los actores que ahora menciono logró, es de justicia decirlo, una creación en su respectivo personaje; Álvaro Matute, Francisco García Luna, Luisa Rooner, Norma Acosta, Victor Blum, Georgina Barragán, Ramiro Orcí, Manuel Vergara, Violeta Sevilla, Lupe Andrade, Héctor Mateos, Manuel Casanueva, Leonor Llausás, Daniel Arroyo, Francisco Meneses y Mario Sevilla.
     Lo mejor del mundo universitario y lo más selecto del público que acude a los espectáculos aplaudió con calor la magnífica postura e interpretación de El proceso de Kafka-Gide-Barrault.