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El último estreno de la temporada de la Unión Mexicana de Actores

Armando de Maria y Campos

    A la salida del teatro Ideal la noche del estreno de la llamada Sinfonía doméstica, diz que comedia en tres actos de Emilio Carballido, el viernes 14, recordaba una frase de Charles Siempmann: "¡Ay del país en que los críticos tienen miedo!"... Entre nosotros siempre se tiene miedo. Miedo a molestar a alguien, aunque se diga la verdad. Miedo a perder una situación cualquiera que sea, por darse el lujo de decir la verdad. Miedo, también, a no tener razón. Por miedo a decir muchas cosas en determinados momentos, padecemos esta honda desorientación en materia de repertorio teatral y de valores auténticos entre los que se van, los que estamos, o los que vienen.
     No presumo de valiente, pero sí quiero presumir de sincero. Y esta es una oportunidad. Hay que hablar sin ambages. El incipiente autor dramático Emilio Carballido ha sufrido un serio tropiezo en su apenas iniciada carrera literaria con el estreno de su comedia en tres actos La sinfonía doméstica, él dice que "no apta para menores" y yo que no apta para personas de buen gusto, ni para crónicas en periódicos que se respetan. Y no sólo sufrió un serio tropiezo el joven autor alucinado, sino también la Unión Mexicana de Actores, que presentó su pieza, el director que tomó bajo su responsabilidad dirigirla, y los actores profesionales -Lupe Rivas Cacho, Emperatriz Carvajal y Luis Beristáin- que se encargaron de interpretar papeles de importancia. De los jóvenes experimentales no digo nada, porque éstos están todavía en el período de la euforia irresponsable, producto de quienes escriben... con miedo.
     Si el movimiento literario seudorrealista de finales del siglo pasado no hubiera tropezado con las prestigiosas firmas que lo prohijaron, a estas horas sólo alcanzaría una modestísima mención de los historiadores. Pero como en el empeño intervinieron la fuerza literaria de un Dickens y la habilidad narradora de una Zolá, juntas con las dotes innegables de algunos otros escritores de talla, ésta es la hora en que los libreros todavía consideran una saneada inversión la compra-venta de tales engendros. Hasta el bovarismo deja todavía sentir de vez en cuando su influencia morbosa en la literatura corriente.
    

   El tal seudorrealismo radica fundamentalmente en la tendencia a descender hasta los más bajos fondos sociales, revolverlos con el tridente de la más desenfrenada morbosidad y sacar a luz los sedimentos obtenidos como normas a las que forzosamente habrá de sujetarse la sociedad.
   Ya Menéndez y Pelayo dejó perfectamente fijado el valer de semejante literatura en el admirable prólogo que puso a la original edición a las obras de Pereda.
   Gracias a la obra depurativa que en este terreno del seudorrealismo han llevado al cabo desde hace más de un siglo escritores de la talla de Pereda, Bazín, y actualmente Bordeaux y Dourget-Pailleron, el crudo realismo que mencionamos ha caído de su antiguo auge, y actualmente, en rigor, sólo es empleado por autores de ínfima categoría literaria empeñados en ganarse clientela sin reparar en medios, o por los propagadores de "eslogans" desquiciadores al estilo sartreano.
     Si los líos amorosos del Antonio del señor Carballido hubieran recibido "un tratamiento" literario elegante, depurado y fundamentalmente estético, la cosa podría haberse resuelto, o en un alado y simpático sainete, o en una honda tragedia de tipo esquiliano, ambas cosas de apreciable mérito literario.
     Pero como se escogió para escenario de tales proezas uno de esos hoteluchos que con tan buen sentido persiguen nuestras autoridades, como se tomó especial empeño en que "Teresita" hiciera la más necia ostentación de morbosidad impúdica, inconcebible, no ya en la sobrina de una tía escrupulosa sino en una hetaira profesional de largo historial, como se intercalaron personajes incidentales que sólo contribuyen a hacer más farragosa la tediosa acción dramática, como el dueño del tugurio resulta un antipático ente que no ata ni desata con sus torpes ademanes nada propios de un actor y con su desagradable falta de maquillaje, como la "maestra" engañada acepta ingenuamente entrevistas a puerta cerrada con el mismo propietario de la ergástula, como se hacen insistentes insinuaciones sobre la precoz maldad del chamaco que tira macetas y falta al

respeto a todo el mundo, se hace patente la carencia de gusto literario del autor, y su incompetencia para aprovechar artísticamente los elementos a su disposición que tuvo para la desordenada construcción de su obra.
     El truco de los matrimonios simulados ha sido frecuentemente explotado tanto en la escena como en la novela, y el estimable señor Carballido, que posee cualidades apreciables aunque mal aprovechadas, puede darse cuenta leyendo esa literatura de las infinitas posibilidades que la misma ofrece para la estructuración de obras llenas de un atractivo encanto literario.
  El joven autor se encuentra aún afortunadamente en situación de formarse una personalidad artística propia aprovechando lo que de bueno hay en todas las corrientes literarias, si no se encierra en un narcisismo estéril, de ese que sólo acepta elogios incondicionales. Este es el motivo de nuestra franqueza, a la que estamos obligados para con el público lector de un gran diario, cuya mayoría de lectores está formada, sin duda, por personas de vida honesta o, sencillamente, de buen gusto.
     El cronista no puede dejar pasar inadvertida una efemérides. El retorno a nuestra escena de la ahora grande actriz, antes notable tiple cómica -hizo comedia como primera figura en España, durante cinco años- Lupe Rivas Cacho. Lástima que sea con un furcio de tan tremendo calibre.