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Inauguración de una pista para representar y estreno de Patrulla 21 de Sidney Kingsley,

con la presentación del actor argentino Francisco Petrone

Armando de Maria y Campos

     La pista del antiguo cabaré o centro nocturno Minuit o Rumba Casino, en los bajos del edificio de la Latinoamericana, frente a la glorieta Colón del paseo de la Reforma, ha sido adaptada para representaciones teatrales, en forma por demás curiosa, instalándose una especie de ring -lo que justifica el nombre de Teatro Arena que lleva este nuevo centro de espectáculos teatrales- en el centro de la antigua pista de baile, y organizándose dos gajos de lunetas, que a esto es a lo que obligan las enormes, gruesas columnas que son la base del enorme edificio de la compañía de seguros, y que impiden que haya una luneta -media luna de asientos- como en los teatros tradicionales.
     En este Teatro Arena no hay posibilidad de telones, decorados, apuntador o traspunte. Toda la ilusión del teatro se resuelve a base de iluminación -oscuros para señalar los intermedios o entreactos- de las áreas ocupadas para la representación, acentuándose ésta según se quiera dar la impresión de que el lugar de la acción se traslada o de que hay cambio de cuadros, etc. ¡A lo que han obligado las exigencias sindicales de esa organización anarcosindicalista que se conoce por Federación Teatral, manejada -iba a decir, y no sin razón: mangoneada- por líderes que se han prendido a la vida de la farándula como la hiedra al muro!
     El repertorio de las obras por representar en esta arena teatro será muy limitado. Para inaugurarla se tuvo el acierto de elegir una pieza melodramática muy propia para un escenario sui géneris como el del Teatro Arena: Detective story que en el ecrán tuvo un gran éxito con el título de La antesala del infierno y que ahora se llama Patrulla 21. Si este melodrama policiaco de Sidney Kingsley pareció muy teatral -mucho teatro- en el cine, puesto y dirigido por el actor y director argentino Francisco Petrone con mucha habilidad y talento como ya veremos, muy poco tiene de cinematográfica, y conserva su esencia de pieza pensada y escrita para el palco escénico.
    

    Sidney Kingsley -nació en 1906- es uno de los dramaturgos norteamericanos más interesantes. Es originario de Sidney Kieschner, y estudió con una beca en la Universidad Kornell, donde ingresó en el club dramático, escribió algunas piezas en un acto, y recibió un premio por su obrita Inesperado epílogo, elegida como la mejor pieza en un acto escrita por un estudiante de 1928. Después fue, y durante años, lector de comedias y escritor de argumentos para la Columbia Pictures. La primera obra teatral de Kingsley representada profesionalmente fue Hombres en blanco, titulada primeramente Crisis, que recibió el premio Pulitzer como la mejor comedia del año de 1933. En 1934 se estrenó esta obra en el teatro Lírico, de Londres. Para escribir esta comedia, que se desarrolla en un hospital, Kingsley pasó muchas horas en varios de Nueva York, para enterarse de una porción de detalles clínicos. Igual método se dice que siguió para escribir Detective story, pasándose largas noches en la "antesala del infierno", que es una delegación de policía de cualquier gran ciudad del mundo. Su obra como dramaturgo es como sigue: Dead end (1935), Ten million ghosts (1936), The word we make, dramatización de una novela de Millen Brand (1939), The patriots (1943), Darkness at noon, dramatizada de una novela de Arthur Koestler (1951), Detective story, ha dado la vuelta al mundo primero como teatro y luego como cine. Pertenece al género melodramático, y el conocimiento que el gran público tiene de esta pieza, verídica, apasionante y trágica, sobre todo, muy norteamericana en su historia de la muchacha que lleva una vida libre antes de casarse con un hombre honrado, me exime de dar al lector muchos detalles.
     Se presentó en México con esta obra el actor argentino Francisco Petrone, que goza de nombre y fama en su país. Es un magnífico comediante de madura profesión, que domina todos los secretos del oficio. Recuerdo haberlo visto en el protagonista de la película Todo un

hombre, basada en la novela del mismo título, de Miguel de Unamuno, en la que reveló para los públicos de habla española su gran calidad de actor. No le he visto más. Parece que salió de su país por motivos políticos. Recientemente hizo en La Habana, La muerte de un agente viajero, y tengo noticias que con gran éxito. En Patrulla 21 nos demuestra que es lo que se llama un gran actor, sobrio, hondo y profundo, y, también excelente director. Nos felicitamos de que se haya incorporado en nuestro movimiento teatral, y más si viene a hacer teatro profesional, como parece.
     Con excepción de tres o cuatro actores procedentes del teatro -Felipe Montoya, Alicia Rodríguez Montoya, Luis Mussot Sr., y Amelia Robert-, todos los demás son de extracción cinematográfica, y todos dieron al público la gran sorpresa de una actuación muy responsable y en nada cinematográfica. En manos de Petrone la mayoría de ellos parecen otros, o, dicho más claramente, actúan como actores. Tal es el caso de Víctor y Tito Junco, Luis Aldás, Juan Orraca, Enrique Zambrano, Jorge Landa y Manuel Trejo Morales, también actúan muy decorosamente jóvenes procedentes de los grupos de aficionados: Alberto Mariscal y Yerye Beirute. Una grata sorpresa fue la revelación de la actriz argentina Lucy Gallardo -que había pasado inadvertida en la televisión- y que ahora revela que posee juventud, belleza, y aptitudes de comediante dignas de mayores empeños.
     La traducción que firman Luis Aldás y Víctor Junco, muy correcta y el espectáculo en general es digno de merecer la mayor atención del público.