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Estreno de Atentado al pudor de Carlos Prieto, en el teatro Colón

Armando de Maria y Campos

    Un título para ahuyentar al público de buen gusto y que no logró atraer al que busca los espectáculos morbosos o torcidos -Atentando al pudor- y dos nombres desconocidos en el mundo de la farándula experimental y, desde luego en el del teatro profesional -Carlos Prieto, autor; Humberto Proaño, director-, llevaron escaso público "de paga" al teatro Colón, de la ciudad de México, la noche del 17 de julio. Tan escaso fue el público que acudió al reclamo del estreno de Atentando al pudor, reportaje teatral de "un caso" inconfesable y comedia en tres actos de Carlos Prieto, dirección de Humberto Proaño, escenografía de Luis Arenal, realización de Jorge Galván, con Consuelo Frank, Ignacio Retes, Reinaldo Rivera, Raúl Farrell, Diana Ochoa, Guadalupe Inclán, Guadalupe Carriles, Amado Zumaya y Dulcina Carballo, además de la presentación de la primera "actriz joven" (sic) Gloria Alonso, que en taquilla se registró una venta de boletos que apenas alcanzó la suma de veintiocho pesos, y téngase en cuanta que la entrada en luneta de preferencia costaba ocho, la general cinco, y en palcos segundos, el asiento tres; la galería estaba clausurada por falta de seguridad. Nadie, como quien dice, atendió al estreno de Atentado al pudor.
     Sin embargo, dos días después aparecieron crónicas, notas y alusiones sobre Atentando al pudor en casi todos los diarios y revistas metropolitanos; señal de que la crítica, la crónica y el "columnismo" en masa había acudido a presenciar el reportaje teatral de "un caso inconfesable" del inédito Carlos Prieto. ¡El teatro se habrá visto, entonces, concurridísimo! Yo no estuve en el Colón esa noche. Y no lo siento, porque no hay peor representación de una comedia que la primera, y más si ésta es en "premiere para los periodistas". Pocos se saben su parte, y se habla más durante los intermedios, que en los actos. Y luego resulta -como en El vals de los toreros recientemente- que en la segunda representación la obra estrenada es otra muy distinta. ¿Por qué, señor, las obras no se estrenan después de las 100 primeras representaciones?...
    

     Como ocurrió con un memorable estreno de Usigli, y con una pintoresca traducción de Fernández Bustamante, la comedia de Carlos Prieto ya "no fue" al día siguiente, porque el Departamento de Espectáculos -a cargo, ahora, de Adolfo el Pequeño- cerró el teatro Colón por estar en malas condiciones. Abrió, al fin días después, y vi también al fin Atentado al pudor, en la intimidad de un público espeso y municipal que diría Darío, atento a la obra, sin prejuicios intelectuales, sano, entusiasta, entregado al autor y a los intérpretes.
     ¡Qué sorpresa! Atentando al pudor es una excelente comedia realista, muy mexicana, costumbrista -recuerda las primeras comedias de Zolá-, bien planeada en general, muy bien estudiados y captados los tipos que como personajes de un conflicto hogareño muy frecuente en los hogares de todo el mundo intervienen, en el del banquero mexicano don Teódulo, que padece una esposa que juega "canasta". El conflicto, claro, no es nuevo, al revés, resuma vejez, pero como todo lo que se relaciona con cualquiera de las formas del amor, resulta nuevo si como en este caso se le trata de modo particular. Con este mismo conflicto compuso Salvador Novo, una comedia muy maliciosa e irónica -La culta dama- y con idéntico tema y casi los mismos personajes, Carlos Prieto ha escrito una divertida comedia, cáustica, satírica demoledora, verista, de actualidad mexicana más que permanente, oportunísima.
     El tema de la seducción de la sirvienta joven por "el niño" de la casa que hace sus primeras travesuras sexuales, desgraciadamente esta vez con resultados que prolongan su especie, con ser el nudo de la pieza de Prieto, pasa a segundo término, porque toma el primero la exhibición de dos abogados, uno joven, audaz, ambicioso, sin escrúpulos, y el otro maduro, también sinvergüenza, conciliador, pero que con su colega cínico igualmente trata de actuar a espaldas de la ley, y de emplear como arma suprema el dinero. Los dos abogados y el honorable banquero don Teódulo dicen cosas tremendas, verdades como puño y todo con la

mayor naturalidad, prueba de que el diálogo es magnífico, divirtiendo de verdad al publico, que, de inmediato, se da cuenta de que está frente a un autor, a un verdadero autor, joven, que sabe escribir, que tiene mucha idea de lo que es teatro y lo demuestra, también que le falta mucho qué aprender, como lo revela en fallas importantes, como los finales de actos y de cuadros, menos el del último que es excelente. ¡Y no ha tenido que recurrir para estrenar a la temporada de la Unión, ni a concursos, ni al INBA, ni a nada!. Camina solo, y llegará muy lejos, con su talento. ¿Para qué quiere más?
     Reapareció con esta comedia la actriz profesional Consuelo Frank, belleza espléndida en lo mejor de su sazón, y actriz segura y con oficio. Sacó muy bien su "culta dama". La obra se la robó Ignacio Retes, prodigio de naturalidad en su cínico abogado joven. Bien Reinaldo Rivera y Amado Zumaya en el banquero "moderno" y en el abogado "de la casa", lo mismo que Diana Ochoa en la otra "culta", y Guadalupe Carriles y Guadalupe Inclán en las sirvientas. Raúl Farrell muy en tipo, lo mismo que Dulcina Carballo, en la que creo que hay una actriz. Y deliciosa de verdad, en lo más fresco y florido de su primavera arrolladora, Gloria Alonso, que además de belleza, tiene temperamento y sabe hablar. Se convertirá en rosa magnífica de la escena este botón espléndido y prometedor...