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La segunda versión de El vendedor de muñecas gustó más que la primera. II

Armando de Maria y Campos

    Alrededor del año de 1934 don Nemesio García Naranjo había desdeñado públicamente a la generación de literatos que surgió después de 1915. Francisco Monterde salió en defensa de esta generación, que es la suya, y probó la existencia de poetas y novelistas dignos de elogio. Al hacer la crónica de El vendedor de muñecas en 1936, dijo: "Hoy nos complace afirmar que entre los modernos comediógrafos mexicanos el autor de esta obra (El vendedor) ocupa un lugar que pocos podrán disputarle", y agrega: "nos complace también que una de las mejores -y desde luego la mejor escrita- comedias que ha estrenado la compañía argentina sea, precisamente, la de un autor mexicano".

     El éxito que alcanzó en 1936 El vendedor de muñecas llevó a don Nemesio a escribir otra comedia, de la que hizo alusión el profesor don Ezequiel A. Chávez en su discurso de respuesta en ocasión del ingreso de García Naranjo en la Academia Mexicana correspondiente de la Real Academia Española el 17 de enero de 1940. "Hábil comediógrafo, habéis revelado ser, regocijada y delicadamente satírico, en dos obras por vos escritas en inglés y en castellano; en 1936, El vendedor de muñecas, con aplauso representada ya lo mismo en teatros de México que en teatros de los Estados Unidos; en 1937, vuestro Ancestors for sale (Antepasados de venta), cuya trama se desarrolla, como parte de vuestra vida, trasatlánticamente, entre el Viejo y el Nuevo Mundo".
     Hace algunas semanas, cuando García Naranjo no sospechaba que su Vendedor de muñecas podría ser repuesto como ahora ha sucedido, me platicaba que tiene escrita, concluida, una sátira en tres actos contra los títulos de nobleza, titulada El remate de los antepasados. "Duerme en algún cajón de mi escritorio", me decía con serena amargura el ilustre don Nemesio, desde el año de 1940. "No creo que llegue a estrenarse nunca." Le pregunté

si eso era todo lo que había escrito de teatro, y como sintiendo rubor por la reincidencia en estéril pecado, me confesó que tenía casi concluidas otras dos comedias, una en tres o cuatro actos sobre Manuelita Sáenz, la valiente amante de Simón Bolívar, y otra sobre el problema de la falsa nacionalidad que los extranjeros residentes en México tratan de inculcar a sus hijos nacidos en la tierra de adopción. Esta última comedia se desarrolla durante la primera guerra mundial y exhibe el desencanto de dos jóvenes hijos de padres francés y madre mexicana, que salen de México a incorporarse en el ejército de Francia para defender la tierra de su padre y las tradiciones que creían también suyas, y se encuentran con que en Francia todo les es ajeno, porque nacidos en México, absorbidos por la vida mexicana, no tienen nada de franceses como no sea el apellido paterno. Don Nemesio me declaró que tal vez no las concluiría nunca...

     Mejor que aventurarse con una nueva obra de un nuevo autor mexicano, los directores de la temporada de la Unión Nacional de Autores, Robledo y Basurto, decidieron reestrenar El vendedor de muñecas de García Naranjo, reorganizando el pie veterano de actores profesionales que dispersó Las cosas simples, comedia juvenil para jóvenes. Creo que de todas maneras fue un acierto. El público está viendo una deliciosa comedia, sólo que en un ritmo tan distinto al que le dio su autor y al que le vimos los que la conocimos en 1936, que parece otra. Es otra, en realidad. Aquella era una comedia para sonreír; esta es una farsa para reír a todo trapo. Claro que para lograr lo segundo es necesario desfigurar los personajes, volver bufos a algunos que son simplemente pintorescos, acentuar los movimientos de la acción, darle un profundo doble sentido a frases y a simples alusiones, haciendo que todo resulte en vez de picaresco, vodevilesco. Eso es lo que ahora resulta El vendedor de muñecas: un alegre, desenfadado y honesto vodevil.
    

   En la versión de ahora se suprimieron varias "muñecas"-, Matilde, Susana-, y Gutiérrez y Quincey, personajes episódicos. Se le dio mayor importancia a la doncella Marta, y al criado Ramón se le convirtió en homosexual. Detalles éstos que en realidad no desfiguran demasiado a la comedia; lo que sí la desvirtúa son los "cortes", en los que se perdió mucho del galano y florido estilo de García Naranjo, y muy particularmente los que se le hicieron a los parlamentos de la Catalina, que si pueden considerarse discursivos, en cambio contienen la filosofía de la comedia y justifican la rebeldía de Catalina como mujer inconforme con que la vistan, la eduquen y la vendan como muñeca. El importante personaje que es Doyen recibió de Miguel Manzano una caricaturesca aunque muy divertida versión. A los "cortes" señalados hay que agregar el regalo ininterrumpido de "morcillas". Por esto he dicho que El vendedor de muñecas de ahora resulta pieza muy distinta de la que conocí en 1936.
     Saludé a don Nemesio la noche del estreno en uno de los pasillos del teatro Ideal, y lo encontré satisfecho y desorientado: "Figúrese usted, mi querido Armando -me dijo-, que no puedo rebelarme ante la nueva interpretación de mi comedia, porque resulta ¡que ahora he recibido más felicitaciones que la noche de su estreno hace años! ¡Prueba de que gusta más!"
     La noche del segundo estreno todos los actores estuvieron indecisos, pero sacaron con mucha alegría la comedia, oyendo aplausos Emperatriz Carvajal, Luz María Núñez, Fernando Mendoza y Miguel Manzano. La obra fue montada con buen gusto y discreción.