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Diorama Teatral

Por MARA REYES

 

 

   Y quisieron ser toreros. Teatro Arcos Caracol. Autor: Jaime Rojas Palacios. Escenografía: (?). Dirección: Germán Robles. Reparto: Germán Robles, Guillermo Zetina, Fernando Luján, Mario Chávez, Jaime Jiménez Pons, Guillermina Téllez Girón, etcétera.

Con la obra Y quisieron ser toreros, Jaime Rojas Palacios trata de denunciar la podredumbre de un ambiente. En la obra salen a la vista todas las intrigas, lacras y frustraciones que rodean a la “fiesta brava”.

En cuanto a sus valores dramáticos, la obra carece de ellos. No existen situaciones dramáticas, no crea interés en el público -teatralmente hablando, pues no dudamos que a la gente que gusta de los toros le interese, pero no por sus cualidades teatrales, sino por el ambiente en que se sitúa la obra- no desarrolla adecuadamente el conflicto; los problemas de los distintos personajes están tratados demasiado superficialmente, aun cuando los “tipos” estén bien captados. El diálogo es con frecuencia pobre y cae en ocasiones en la cursilería.

La cualidad indiscutible es la acertadísima descripción ambiental, la presentación de los distintos tipos característicos: novilleros, cronistas, ganaderos, etcétera. El personaje más desdibujado es el de Gilda; y el “matador” Gonzalo Barrales, al cual se ve pasar del triunfo al fracaso y de nuevo a un renacer de la esperanza, viene a ser el personaje mejor tratado como tal, pasando de los linderos del “tipo” a los del hombre.

Bien ambientadas las escenografías del primer acto: el corral y la hacienda, no así la del segundo y tercer actos.

 

La dirección de Germán Robles -según tenemos entendido es la primera vez que dirige, al menos teatro profesional- no pudo realmente apreciarse debido a que casi todos los actores, incluido él mismo y excluyendo a los novilleros- no se sabían su papel. Hubo lagunas, tartamudeos, camelos y sobre todo falta de ritmo. Hubo escenas logradas y otras francamente deplorables. Ignoramos si es por culpa del actor o del director que el ganadero fue actuado por Antonio Corona en forma totalmente alejada del personaje. Y la Gilda -personificada por Guillermina Téllez Girón- resultó un completo fiasco. En primera se suponía que era una bailarina española, guapa y llena de salero y en ningún momento se pudo apreciar ninguna de esas características.

Guillermo Zetina, buen actor como siempre, representó con pulcritud a ese cronista taurino sin escrúpulos, que se identifica inmediatamente con seres de carne y hueso, a pesar de la aclaración de que “todos los personajes son producto de la imaginación y cualquier semejanza con persona viva o fallecida, será pura coincidencia”.

Fernando Luján vuelve a demostrar que es un buen actor. Muy bien los novilleros: Mario Chávez, Jaime Jiménez Pons, Justo Solís y Mario Vega. De Sergio Jurado, cuando se aprenda de memoria sus parlamentos se podrá opinar sobre su actuación. En cuanto a Germán Robles ya se ha visto, desde la primera obra con la que destacó: Bordando luces, que tiene todo lo que su personaje requiere: figura, prestancia, voz y sensibilidad, pero no debe descuidar su trabajo de actor por el de director.