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D i o r a m a     T e a t r a l

                                     L  E  O  C A  D  I  A

Por MARA REYES

 

 

    Palacio de Bellas Artes. Autor, Jean Anouilh. Traducción y dirección, Salvador Novo. Escenografía, Antonio López Mancera. Reparto: Kitty de Hoyos, Carlos Fernández, Francisco Jambrina, Berta Moss, Miguel Suárez, Mario García González, Justo Solís, etcétera.

 

       No se espere encontrar en Leocadia, de Anouilh, el vigor y la fuerza dramática de otras de sus obras -Medea, Antígona, El viajero sin equipaje,

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[Fotografía sin pie de foto.]

 

etc.- Leocadia pertenece a sus piezas “rosa” y se caracteriza por una delicadeza y finura extraordinarias. La trama que mueve la obra es casi absurda.

Con tema puramente romántico en apariencia, Anouilh, en un alarde de su dominio técnico y literario, elabora toda una crítica, por una parte, del hombre que se aferra al pasado sin tener

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


el valor de vivir su presente, y por la otra, generalizando, a una clase social, aristocracia en este caso, que no puede liberarse de las tradiciones y de una vida apegada a un pretérito que no sabe amoldarse a las nuevas exigencias y vicisitudes.

Salvador Novo, con su enorme sensibilidad, lleva paso a paso la obra, por momentos predomina el tono de farsa, por momento la fina comedia; siempre medido, justo. Se pasea por las obras de Anouilh como un pavo real por un jardín áulico.

En verdad sobresaliente, adecuada en todo al carácter de la pieza, la escenografía de López Mancera resolvió los problemas de localización y dio un marco de inigualable delicadeza a la acción.

Kitty de Hoyos no defraudó a los que con fe en ella le otorgaron el premio de la Revelación Femenina por sus actuaciones en el año 1959. Sincera, graciosa, segura de sí misma, demostró su vocación y sensibilidad.

Tal vez por la excitación del estreno, o la fatiga, estaban todos bajos de voz, la única que mantuvo el tono adecuado fue Kitty, pues aunque Berta Moss, actriz de enormes recursos, posee una potente voz, en ocasiones perdía su claridad. Carlos Fernández mantuvo una actuación limpia y cuidadosa. Francisco Jambrina, debiendo aparecer insignificante, papel que muy raras ocasiones tiene oportunidad de desempeñar, logró despojarse de muchos de sus vicios escénicos. Creo que la interpretación de este personaje le sea muy saludable en lo futuro.

Dos actores, de enorme mérito ambos, hicieron muy buen trabajo: Miguel Suárez y Mario García González. Los dos saben tomar de sí mismos, como personas, lo que conviene a sus personajes y rechazar lo que no se identifica con ellos; por eso logran siempre interpretaciones justas y convincentes.