FICHA TÉCNICA



Título obra Padre nuestro

Autoría Alejandro Iglesias Mendizábal

Dirección Alan Uribe Villarruel

Notas de dirección Alejandra Robles / dirección adjunta

Grupos y Compañías Grupo Juego teatro

Elenco Pablo Gálvez, Benjamín Palafox, Roy Valdés, Nick Angiuly, Iván Mondragón, Luis Arturo Rodríguez

Notas Episodio I de la investigación escénica Máquina Beckett

Referencia Alegría Martínez, “Padre nuestro: una lectura contemporánea de Beckett”, en Milenio, 15 noviembre 2019.




Referencia Electrónica


Padre nuestro: una lectura contemporánea de Beckett

Alegría Martínez

El marco que en el velorio del padre contendría su imagen está vacío. Pende sobre un bote de basura en el que, seminmóvil, se encuentra su primogénito, hundido medio cuerpo, del que sobresalen sus codos, su rostro con lentes oscuros, su sombrero negro, un paraguas y un rifle de plástico. El preámbulo: un joven descalzo y de pie sobre una mesa, con su cabeza ladeada, presionada por la cercanía del techo, abraza una urna metálica.

Seis hijos se reúnen en el funeral de su padre, donde salen a flote los recuerdos, el amor, el odio, las frases guía de un hombre que esculpió los fragmentos internos de seis varones, hoy jóvenes, que ante la ausencia descubren una existencia hueca, por encima de una cotidianeidad desestimable.

La dramaturgia de Alejandro Iglesias Mendizábal, a partir de su texto titulado Ocaso y de la idea original de Alan Uribe y Meraqui Pradis, es llevada a escena por el grupo Juego Teatro, que presenta Máquina Beckett, investigación escénica que conforma el episodio I, El padre, esto es Padre nuestro, como se titula el presente montaje, que cuenta con dirección de Alan Uribe Villarruel y dirección adjunta de Alejandra Robles.

Padre nuestro escupe a unos adultos jóvenes que arrastran sin remedio a su desvencijado niño interior, ente que salta a la vista mediante un gesto, una frase machacante, un dolor enmohecido o un cuento a dos voces dicho por hermanos con cadenas al cuello que enfatizan la imposibilidad de su ser individual.

Juego Teatro retoma con fidelidad el espíritu de Beckett y lo evoca con mirada nueva desde una mesa hacia el ámbito oscuro, herido por la luz brillante que se refleja en las muletas de Tomy, que a su vez evoca a Clov, en el cesto de desperdicios que contiene al primogénito que recuerda a Ham, desde una soberbia adolorida que sabe y acepta sin reservas, al abrigo de una apariencia protectora.

Padre nuestro abre el juego oculto de los seis hijos que reclaman algo al padre muerto, a la imagen que de él conservan, a su indiferencia hecha cicatriz, a su amor que sobrepasó límites, a su rigidez y a su incapacidad paterna, como si en cada joven se reconociera el tiempo transcurrido, las etapas por las que transitó el hombre que heredó un lastre a su descendencia.

Pablo Gálvez construye a un Tomy de voz y mirada ingenua, en un cuerpo que resguarda la fuerza del personaje, envuelta en el afán de ser invisible, de ceder a todo para rescatar para sí mismo una brizna digna que le permita un respiro, algo que le evite ser borrado del horizonte humano. Benjamín Palafox crea la dualidad del primogénito amenazador y experimentado, indiferente y sarcástico cuando su juego es descubierto. Roy Valdés y Nick Angiuly componen un binomio que repele vitalmente el impedimento de ser sin el otro, al tiempo en que se complementan en una convivencia explosiva mediante la que sus personajes embonan a pesar de sí mismos. Iván Mondragón, en el papel de Viktor, el campeón, paradójicamente el más huérfano de los seis hermanos, reconstruye al joven poseedor de un orgulloso duelo que supura la rabia del que no puede ser más que instrumento de quien lo moldeó amorosamente para sus fines. Luis Arturo Rodríguez es No, personaje que concentra lo que la obra cuestiona, desde el no ser estando ahí, atado a la indecisión, en un estatismo aplastante, desde la mínima acción física hasta la máxima expresión interna que revela una muerte en vida donde solo cabe la poética de la desolación.

Padre nuestro se adentra con humor mordaz en terreno infértil, donde los restos de la vieja relación con el progenitor salen a flote en una despedida que comenzó mucho antes; orfandad que revela al deudo y al occiso, con sus miserias expuestas, sus carencias, sus ahogos.

Juego Teatro y el director Uribe Villarruel proponen una lectura contemporánea de Beckett, plástica, filosófica, corporal, actoral y sonora, asida al hilo invisible que mantiene atado al ser humano, lastimosamente dependiente e inmóvil, por más que los gemelos no cesen en su lucha, que Tomy cuestione y se mueva trabajosamente, que Primogénito responda con interrogantes, que Viktor se envanezca externamente y que No los invite a una muerte que ya habitan.