FICHA TÉCNICA



Título obra La tortuga de Darwin

Autoría Juan Mayorga

Dirección Ginés Cruz

Elenco María Elena Olivares, Miguel Romero, Paola Izquierdo

Escenografía Tenzing Ortega

Vestuario Carolina Jiménez

Referencia Alegría Martínez, “El camino torcido de la especie humana”, en Laberinto, núm. 844, supl. de Milenio, 17 agosto 2019, p. 11.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Peripecia

El camino torcido de la especie humana

Alegría Martínez

Sobre un escenario donde alza la voz como testigo clave del devenir histórico, una vieja tortuga mitad mujer pone en evidencia la involución del género humano a más de 150 años de la teoría de la evolución biológica publicada por Charles Darwin.

En La tortuga de Darwin, el dramaturgo español Juan Mayorga expone la lucha de poder, en busca de fama, notoriedad y fortuna, entre un historiador, su esposa y una doctora, por encima de la vida y de la posibilidad de una versión distinta de la historia.

La planta baja de una casa convertida en el estudio del profesor de historia, donde una mesa de billar domina el centro del espacio, a la par de un gran pizarrón al fondo, que muestra el mapa de Europa delineado con gis blanco, es el lugar hasta donde llega la tortuga Harriet, erróneamente bautizada por Charles Darwin como Harry, antes de saber que se trataba de una hembra. El personaje, con sombrero de copa, grandes lentes redondos, traje sastre, corbata y tenis verdes, se presenta en el hogar disfuncional del profesor bajo su chamarra con capucha, estampada con detalles que aluden a la concha de una tortuga.

Bajo esta montaña de vestuario, aderezada con collares de bisutería y una ancha cadena pendiente de su cuello, se encuentra la actriz María Elena Olivares, quien interpreta a una de las tres tortugas que Darwin capturó durante su viaje iniciado en Plymouth en 1831.

El vestuario, diseñado por Carolina Jiménez, viste al historiador con camisa a cuadros, corbata y pantalón de mezclilla, y a su mujer, una rubia champaña, con bata casera, mientras la doctora, interpretada por la misma actriz, cubre su cuerpo con una gabardina verdosa, conjunto que, junto al diseño escenográfico de Tenzing Ortega, le da un toque de historieta al montaje bajo la dirección de Ginés Cruz.

La tortuga de Darwin, obra que se nutre de la historia, la filosofía y la ironía que el autor de obras como Palabra de perro, La paz perpetua o El sueño de Ginebra suele utilizar para construir una dramaturgia compleja y dialéctica, enriquecida con datos históricos desde una óptica contemporánea, deja mal parada a la especie humana, incapaz de respetar a los seres vivos, a la escucha, al análisis, a la memoria y el hallazgo de una historia que transgreda la oficial.

La propuesta de Ginés Cruz juega con la ambivalencia de la tortuga. Deja que el personaje sea serio en su postura, en su tesis y en las palabras con las que expone los errores históricos del profesor, autor de La historia de la Europa contemporánea, mientras que la esposa es una dama caricaturesca, en extremo superficial y curiosa, y la doctora se asemeja a los científicos locos de historieta.

María Elena Olivares, en el papel de Harriet, hace una interpretación formal de un personaje fantástico que está por cumplir 200 años, de forma que explota la poca movilidad, la dicción de finales diluidos, la convención y cierta complicidad con el público que genera una buena comunicación, sin entrar en honduras sobre los pasajes históricos a los que se alude, el significado de su presencia en relación con los personajes ahí presentes y la sabiduría que la ha llevado a evolucionar.

Por su parte, Miguel Romero, quien ha crecido notablemente como actor, crea, bajo la guía del director Cruz, un personaje estancado en la evolución, que sin embargo bien podría progresar aún más en bajeza o en el descenso que su objetivo le impone, mientras la actriz Paola Izquierdo, en su doble rol de esposa y doctora instaladas en la ambición, podría buscar un tono, una expresión corporal, un sesgo, que diferenciaran con mayor contundencia a sus dos personajes, más allá del vestuario y algunos cambios de voz y pronunciación.

Por encima de la mixtura de tonos, de los distintos lenguajes actorales del elenco y de la necesidad de mayores hallazgos en torno al complejo texto de Mayorga, el montaje de La tortuga de Darwin propone un alto al retroceso del sistema creado por el género humano rumbo al desplome hacia el que nos dirigimos.