FICHA TÉCNICA



Título obra Ejercicios fantásticos del yo

Autoría Sabina Berman

Dirección Sabina Berman

Elenco Fernando Bonilla, Hernán del Riego, Alfonso Cárcamo, Hamlet Ramírez, Nora Huerta, Sonia Franco y Jyasú Torruco

Escenografía Philippe Amand

Iluminación Philippe Amand

Coreografía Claudia Lavista

Vestuario Eloise Kazan

Notas de productores Isabelle Tardán

Referencia Alegría Martínez, “Pessoa: uno y muchos”, en Laberinto, núm. 824, supl. de Milenio, 30 marzo 2019, p. 11.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Peripecia

Pessoa: uno y muchos

Alegría Martínez

Fernando Pessoa es desplegado por Sabina Berman sobre el escenario mediante una comedia con lenguaje cinematográfico: los heterónimos del escritor conviven con su creador en un espacio donde su yo se multiplica frente a imágenes de las calles de Lisboa, resaltando la tercera dimensión y particularmente la parte humana de uno de los más grandes poetas del siglo XX.

Al contrario de los montajes con aspiraciones poéticas, nostálgicas y de evocaciones trágicas que la obra de Pessoa ha inspirado en la mayoría de los directores y dramaturgos, Sabina Berman, autora y directora de Ejercicios fantásticos del yo, convierte al escritor en el protagonista de su propia historia.

Bernardo Soares en el rol de narrador, representado por Fernando Bonilla, invita a imaginar la hora deseada para dar inicio a un montaje que propone un juego en el que Álvaro de Campos, Ricardo Reis y otras personalidades empiezan a poblar el escenario y a interactuar con su gestor, al centro de la ramplonería que impone la vida cotidiana.

En un escenario semivacío, sobre el que se deslizarán, según el lugar de la acción, paneles blancos a manera de pantallas donde se proyectan fachadas de las calles de Lisboa, el interior de la oficina de publicidad donde trabajó Pessoa, un balcón en una tarde azul o el interior expandido de un vagón de tren, el personaje principal, interpretado por Moisés Arizmendi, se desdobla en los otros, a cargo de Hernán del Riego, Alfonso Cárcamo, Hamlet Ramírez, Nora Huerta y Fernando Bonilla, con quienes se relacionan los personajes de Sonia Franco y Jyasú Torruco.

Alejada de sus obras apegadas a la política mexicana, a los conflictos y obstáculos de las mujeres o a los problemas de índole social, Sabina Berman plantea un divertimento en el cual el espectador percibe al escritor que dijo reconocerse como el sonido resultante de la mezcla de todos los instrumentos, en su calidad de hombre común, distraído, bebedor, incumplido y disperso, acosado por su circunstancia, así como por su otro yo, estirado y culto, por el homosexual aventurero, interrumpido por su personalidad de baja estatura y humor liviano, que se identifica como el Pessoa de vodevil.

Escenas en las que aparecen sus viejas tías, su ex cuñado militar en caricaturesca persecución y Ofelia Queiroz, su única novia, a ratos entre tres de sus yo y de pronto entre muchos más, otorgan al espectador pinceladas de un Fernando Antonio Nogueira Pessoa más cercano a los seres comunes, que difícilmente se preguntan, como él: ¿a quién asisto?, ¿quién es yo?, ¿cuántos soy?, ¿qué es este intervalo entre mí?, sin que estos cuestionamientos sean pronunciados en escena sino más bien desglosados con humor volátil.

Los personajes, desdoblados del original, vestidos de forma muy similar, con lentes redondos, ropa oscura y sombrero, se enfrentan, cuestionan, ordenan, seducen y jalonean interiormente al que les dio vida, como si se tratara de enemigos íntimos en su labor de complicarle la existencia.

En Ejercicios fantásticos del yo todo funciona, desde la actuación del elenco, pasando por la coreografía de Claudia Lavista, hasta la escenografía e iluminación de Philippe Amand, que resuelve mágicamente en una danza de paneles que delimitan y recrean espacios con la proyección de video realizada por el mismo Amand y Pablo Corkidi, así como el vestuario de Eloise Kazan, que nos remite a la imagen que generalmente guardamos de quien fuera periodista, publicista y traductor de día, mientras era poeta de noche, salvo por discretos elementos que distinguen a sus heterónimos.

La puesta en escena, que integra frases salpicadas de la filosofía de quien repudió la realidad vulgar, resulta divertida, ligera, y deja una reflexión sobre todos esos yo que nos habitan amordazados, en un encierro del que quizá jamás se liberen. El talento de Sabina Berman e Isabelle Tardán se concreta en una producción cinematográfica y teatral, que cumple su cometido pero que deja un hueco en los amantes de Pessoa y de su obra, a los que el teatro les debe todavía el montaje que lo enaltezca.