FICHA TÉCNICA



Título obra Algo en Fuenteovejuna

Autoría Fernando Bonilla

Dirección Fernando Bonilla

Elenco Héctor Bonilla

Escenografía Tenzing Ortega

Música Leonardo Soqui

Referencia Alegría Martínez, “Autodefensas contra narcos”, en Laberinto, núm. 776, supl. de Milenio, 28 abril 2018, p. 11.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Peripecia

Autodefensas contra narcos

Alegría Martínez

Como si no hubiera transcurrido el tiempo desde aquella noche del mes de abril de 1476 –cuando toda una población española, harta de abusos y asesinatos, dio muerte a la autoridad depositada en el comendador, cuyo verdadero nombre retomó Lope de Vega para el personaje de Fuenteovejuna–, las vejaciones que condujeron al pueblo a reclamar violentamente sus derechos son trasladadas a la época actual, donde la lucha no es la del pueblo contra los nobles y la de éstos contra los reyes, sino la de los habitantes de un estado de la República mexicana, cercados por narcotraficantes convertidos en autoridad coludida con políticos roídos por la ambición y la ignorancia.

A algún rincón de Tierra Caliente se parece esta Fuenteovejuna, donde se infiltran traidores en los grupos de autodefensa y el comendador es el jefe de un poderoso cártel que no da tregua a hombres y mujeres de la región, mientras diputados y senadores, reunidos en el Congreso, cuya cabeza se ha vuelto gris, acartonada y gigantesca, se concentran en juegos y en memes de su teléfono celular, ciegos e inmunes a lo que acontece, incluso a pocos centímetros de su silla.

Fernando Bonilla, quien por lo general sitúa sus montajes en un contexto político y social que destaca las profundas desigualdades de una sociedad en pugna permanente por desmarcarse de la injusticia, escribe un texto que se nutre de la estructura de la obra de Lope de Vega y retoma fragmentos de su poesía, al tiempo en que introduce el hablar cotidiano de narcos y habitantes del pueblo, con la rudeza de las circunstancias que acotan la cruda realidad de nuestro país, donde, igual que en el drama conocido como el más democrático del teatro castellano, la mayoría de sus habitantes "han sido lastimados en honra y vida".

La estética de Algo en Fuenteovejuna –versión libre, dramaturgia y dirección de Fernando Bonilla– es fiel a la de un pueblo mexicano con sus casas de lámina, sus castillos con botellas vacías de cerveza, sus altares con flores y series de focos en torno a un santo y sus escondrijos que resguardan y resumen el espacio para el amor, la huida o el asesinato.

La acertada escenografía de Tenzing Ortega abre paso, en un plano superior del escenario, a la mesa con bandera tricolor, donde un presidente balbuceante y un trío de congresistas encorbatados, con enormes cabezas huecas sobre sus hombros, discuten asuntos vacuos.

Algo en Fuenteovejuna es un montaje que juega a evidenciar esa podrida relación entre autoridades y narco, que se enquista hasta en los grupos de autodefensa comunitaria, de donde se desprende el personaje de Esteban, a cargo de Héctor Bonilla, que bajo la dirección de su hijo Fernando trae a la memoria la actitud del médico José Manuel Mireles.

Algo en Fuenteovejuna se regodea en la caricaturización de los congresistas –albures innecesarios incluidos– y en un irrefrenable caudal de palabras toscas, aunque por fortuna le abre paso a escasos versos y a una parte del diálogo sobre el amor. La presencia de los personajes femeninos, arrojados, inteligentes y entrones, es similar a la de una ráfaga, lo que les roba peso, como sucede con la música de Leonardo Soqui, que reclama el espacio que se merece entre gritos y detonaciones.

Esta puesta en escena alude a ese incomprensible nivel de anestesia rampante en el que secuestros, robos, violaciones, asesinatos y cabezas cercenadas son hechos que cada vez más pasan desapercibidos.