FICHA TÉCNICA



Título obra Macbeth

Autoría William Shakespeare

Notas de autoría Alfredo Michel Modenessi / adaptación

Dirección Mauricio García Lozano

Elenco Juan Manuel Bernal, Lisa Owen, Assira Abbate, Paula Watson, Diego Jáuregui

Escenografía Adrián Martínez Frausto

Vestuario Mario Marín del Río

Referencia Alegría Martínez, “La nitidez de Shakespeare”, en Laberinto, núm. 758, supl. de Milenio, 23 diciembre 2017, p. 11.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Peripecia

La nitidez de Shakespeare

Alegría Martínez

Qué tiene que decirnos hoy Macbeth, el asesino del rey de Escocia, concebido por William Shakespeare entre 1603 y 1606, durante los tres primeros años del reinado de Jacobo I. Más allá de la diferencia de cada Macbeth, que busca sus propios abismos en la conocida anécdota, está la inmersión que cada uno hace en el cosmos isabelino, cuyo orden ha sido transgredido, como se ha hecho durante siglos, cada vez con mayor contundencia hasta nuestros días.

Sin importar cuántos montajes podamos ver de esta obra inspirada en los hechos ocurridos durante la primera mitad del siglo XI, que pugnaban, entre otras metas, por reconstruir el orden católico en Inglaterra, cada propuesta escénica proviene de nuevas y múltiples búsquedas, de distintas versiones que acentúan su interés en fragmentos específicos de ese universo y de estéticas que determinan significados.

Esta vez las brujas, o Hermanas del destino, son tres mujeres encorvadas, descalzas, vestidas de negro, que disparan frases dialécticas y giran en derredor de su presa, entre oscuridad y tiniebla, a quien envuelven en agresivo asedio.

Adaptado por Alfredo Michel Modenessi, el texto de Shakespeare llega nítido y directo al espectador, despojado de pesados ropajes y alusiones distantes, al tiempo en que preserva su esencia poética, su poderío analógico y el contexto de fragilidad humana, política, social, religiosa y espiritual del que se nutre.

Este Macbeth es nuestro contemporáneo, un hombre que, impulsado por su esposa, se deja atravesar por una ambición devastadora, hasta hacerlo transitar por espacios metafísicos que se levantan en su contra.

La tragedia tiene lugar en un espacio diseñado por Adrián Martínez Frausto, con límites rectangulares donde pareciera que los personajes se acercan y se alejan, casi cinematográficamente, a partir del fondo de un marco o sobre un tablón que lo atraviesa y antecede al proscenio, donde un sillón rojo que ostenta el paso del tiempo, la mugre y la ruta del líquido que lo mancha, será el trono que inicia arrinconado y patas arriba, antes de que sea anunciado el final de la primera batalla.

Mauricio García Lozano crea una obra plástica viva y actual, donde los personajes masculinos usan prendas que podríamos encontrar hoy en la calle, a las que el diseñador Mario Marín del Río les impuso detalles de estilo y textura en tonos grises con toques de elegancia, mientras que los personajes femeninos portan vestidos sencillos en oscuro, sin espacio para sostenes ni adornos, como si el objetivo fuera una imagen frágil que mostrara a la vez su fortaleza, al natural.

Este Macbeth es un trabajo que se remite a la fuerza expresiva de un elenco heterogéneo, en el que Lisa Owen, sólida como lady Macbeth, Assira Abbate en el inmenso asombro como el hijo de Banquo y de Macduff y Paula Watson como Lady Macduff, las tres también en el papel de brujas, apuntalan la ficción sin fractura, aún en el vertiginoso cambio de personaje.

Juan Manuel Bernal es un joven y atribulado Macbeth que a ratos pareciera habitar un doble espacio, congelado por segundos. Diego Jáuregui, pleno en el papel del rey Duncan, otorga también rasgos humanos, distintos para el médico que para el entorpecido portero.

García Lozano, enamorado cada vez más de Shakespeare, dispone esta vez una secuencia escénica inscrita en una estética de líquido y siluetas, capaz de extasiar por su belleza, de sorprender por lo acontecido que no puede verse, tanto por la violencia que se solapa como por la que se revela. Esta tragedia de Macbeth nos habla hoy de nuestros crímenes.