FICHA TÉCNICA



Título obra Sentencia

Autoría Luz María Meza

Dirección Rocío Carrillo

Elenco Enrique Herranz, Sheyla Ferrera, Luz María Meza

Espacios teatrales Foro Bellescene

Referencia Alegría Martínez, “Esa sociedad solapadora”, en Laberinto, núm. 750, supl. de Milenio, 28 octubre 2017, p. 11.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Peripecia

Esa sociedad solapadora

Alegría Martínez

Sentencia es un thriller mexicano que critica con un toque de humor negro la violencia intrafamiliar y cierto proceder masculino que por la regularidad con que se practica, se ha tomado como un rasgo común de género. Los tres personajes, abogados de profesión, invitan a darle un vistazo a las relaciones de pareja, a la ética y a una sociedad solapadora, que entre sospechas y ajustes de cuentas aún no ha encontrado buen cauce.

El montaje es el resultado de la perseverancia y el profesionalismo de una actriz que se ha abierto un camino propio fuera del cerco silencioso que levantan los equipos teatrales a partir de sus metas, fobias y simpatías. Periodista, productora y dramaturga, Luz María Meza, autora de la obra, teje con acierto el entramado de una serie de acciones que juegan también a revelar la debilidad de un personaje fuerte.

Premiada este año en el rubro de dramaturgia por la Asociación de Periodistas Teatrales, Sentencia es una obra que además de sostener la expectativa del espectador subraya la inequidad de género en un micro universo donde cada personaje, una experimentada abogada, su joven alumna y un abogado, se vinculan a partir de su profesión y afinidades.

Este thriller otorga al espectador la información necesaria para contar con diversas pistas sobre las motivaciones y estímulos de los personajes, mientras avanza la acción mediante breves giros de tuerca hasta llegar un final doblemente revelador.

Sentencia es una obra que consigue su objetivo, construida con diálogos ágiles y sencillos, sin mayor pretensión que la de plantear una historia que incide en la vida de tres mujeres, con elementos de suspenso y algo de humor negro, y vinculada a un entorno machista del que ningún personaje sale bien librado.

Sobre el breve escenario de un nuevo foro teatral en la colonia Narvarte, cuya fachada trae a la memoria los viejos teatros art déco con carteles iluminados que aluden a una época más glamorosa de este arte, el espectador se encuentra ante la oficina de la licenciada Patricia Gil, con lámparas, cortinas, escritorio y sillas para cada momento.

Licorera roja, perchero, carpetas sobre las mesas decorativas y una pequeña escultura cuyas balanzas en cada brazo apenas se perciben, como si la justicia fuera un objeto de adorno que se desdibuja y cabe en la mano, el espacio laboral de la jefa litigante habla de un personaje formal, metódico, detallista, y con décadas de labor profesional.

Bajo la dirección de Rocío Carrillo, la puesta en escena abusa de los efectos sonoros y lumínicos de rayos y truenos, a los que el elenco reacciona, cumplidamente, como de seguro les fue marcado, sin que esto aporte algo a la ficción, más allá del estruendo que surge y se elimina súbitamente.

La preocupación mayor de la dirección, además de cuidar mejor el tono, podría haberse concentrado en nutrir con mayores recursos la complejidad interior, especialmente del personaje masculino, a cargo de Enrique Herranz, quien detona el conflicto. La joven actriz Sheyla Ferrera, espontánea y ágil en su papel de aprendiz, consigue generar la comunicación con el personaje de la experimentada abogada, para arribar más tarde y progresivamente al conflicto que las unirá de otra manera. Por su parte, Luz María Meza, quien cumple varias décadas de desarrollarse también en el campo de la locución, interpreta a la licenciada Patricia Gil con el aplomo que le da una trayectoria a favor de la actividad escénica en distintos frentes, desde donde genera una interlocución sencilla, franca y directa con todo tipo de espectadores.