FICHA TÉCNICA



Título obra Después del ensayo

Autoría Ingmar Bergman

Notas de autoría Humberto Pérez Mortera / traducción

Dirección Mario Espinosa

Elenco Julieta Egurrola, Juan Carlos Colombo, Sofía Espinosa

Escenografía Gloria Carrasco

Notas de escenografía Ruby Tagle / asesoría corporal

Iluminación Ángel Ancona

Notas de Música José María Serralde / diseño sonoro y multimedia

Vestuario Gloria Carrasco

Espacios teatrales Sala Xavier Villaurrutia

Referencia Alegría Martínez, “Entresijos de la actoralidad”, en Laberinto, núm. 734, supl. de Milenio, 8 julio 2017, p. 11.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Teatro

Entresijos de la actoralidad

Alegría Martínez

Hay momentos de algunas puestas en escena que se quedan a vivir con el espectador por siempre, contundentes acciones que se fijan en su memoria sin que el tiempo pueda borrarlas. Julieta Egurrola y Juan Carlos Colombo dejan una impresión de esta naturaleza en Después del ensayo, obra de Ingmar Bergman, en la que ella crea al personaje de Raquel, una actriz en declive, cuyo interior se resquebraja, en un desértico ruego cuyo eco perfora el tiempo de vida.

La actriz –que por primera vez, desde 2009, participa en un montaje fuera de la Compañía Nacional de Teatro a la que pertenece– amplía aún más su conocido registro actoral en esta ocasión que exige un intenso trabajo de análisis, de apropiación del personaje y de proyección de una importante gama de matices que permitan al espectador percibir la devastación interna de un ser humano ante la imposibilidad de conservar una digna vida personal y profesional.

Como en sus mejores tiempos y quizá en una etapa más libre que otras, Egurrola atesora la experiencia que da una trayectoria de 40 años, e imprime a su personaje una seducción impotente, sujeta a una amargura que exhala un grito de auxilio, desesperado por asirse de una mínima señal de aceptación, al tiempo en que se revela franca, retadora y soberbia, vía un parlamento de Las Bacantes, a través de las únicas herramientas que posee una primera actriz.

El montaje, con traducción de Humberto Pérez Mortera y dirección de Mario Espinosa, posee la doble virtud de extraer a Juan Carlos Colombo de un tipo de actuación que le solicitan por lo general, mediante la cual ha creado personajes que requieren de una naturaleza hosca, rígida y sombría.

En esta ocasión, Colombo, en el papel de Vogler, el director de teatro –que en la cinta interpretara Erland Josephson, como alter ego del propio Bergman–, se desprende de esa marca para darle a su personaje la oportunidad de ser vulnerable, claro, abierto, directo, y tierno por momentos.

Espinosa, quien trabaja con su equipo artístico Cornamusa, que integra a Gloria Carrasco, diseñadora de escenografía y vestuario, y a Ángel Ancona, diseñador de iluminación, cuenta de nuevo con la asesoría corporal de Ruby Tagle y el diseño sonoro y multimedia de José María Serralde, e integra al elenco a la joven actriz Sofía Espinosa, ganadora del Ariel como mejor actriz por Gloria.

Espinosa, Carrasco y Ancona abren el escenario de la Sala Xavier Villaurrutia a los entresijos de la actoralidad desde el ciclorama hasta el patio de butacas. Suben espectadores al escenario, donde el mobiliario es testigo de las obras hechas. Se proyectan escenas silentes en cámara lenta, bajo un barniz lluvioso y los actores, que cruzan la línea del proscenio, exponen las maquinaciones y los abismos de los hacedores teatrales, con su posibilidad moral y amoral, los impulsos del director, los recuerdos y la tragedia humana que se desploma junto a un espectador sorprendido.

Esta versión mexicana de la obra de Bergman no intenta emular la cinta original ni el programa de TV, sino que expande el close up para mostrar una parte del irrompible eslabón interno que genera el teatro en quienes lo nutren, e integra al espectador a ese lugar habitado por director, actriz, fantasmas y personajes, vivencias y planeaciones futuras que se extinguen, como si se hubieran vivido, en el habitual y franco simulacro que el teatro exige.