FICHA TÉCNICA



Título obra Jugadores

Autoría Pau Miró

Dirección Luis Eduardo Reyes

Elenco Héctor Bonilla, Patricio Castillo, Juan Carlos Colombo, José Alonso

Referencia Alegría Martínez, “Tentar la suerte”, en Laberinto, núm. 722, supl. de Milenio, 15 abril 2017, p. 11.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Teatro

Tentar la suerte

Alegría Martínez

En la cocina de una vieja casa se reúnen cuatro amigos casi al límite de su ansiedad por dejar atrás el fracaso y la desolación. La mesa del antecomedor y sus sillas equivalen a la tabla de salvación para un profesor de matemáticas, un peluquero, un empleado de cementerio y un actor. Todos necesitan aferrarse a la poca adrenalina que puedan exprimirle a la última etapa de su vida.

Jugadores, obra del dramaturgo catalán Pau Miró, reúne a cuatro primeros actores Héctor Bonilla, Patricio Castillo, Juan Carlos Colombo y José Alonso, quienes despliegan la experiencia de años sobre el escenario en este montaje que ronda la vejez con la ironía. Mientras mejor actúa este cuarteto en la puesta en escena, más desalentador resulta el reflejo hostil de una sociedad que margina a las personas cercanas a la mayoría de edad, al margen de la ruta individual que haya tomado cada uno.

La obra de Miró –autor de obras como Búfalo, Victoria y Mujeres como yo, reconocido como uno de los mejores dramaturgos del teatro catalán contemporáneo– abre espacios para que dentro de la confianza con la que se hablan los amigos de esta historia se cuelen verdades que son dichas como quien avienta un zapato que necesita lanzar sin importar dónde caiga.

Los personajes vuelven a verse después de un tiempo de no hacerlo, a petición del profesor de matemáticas que interpreta Bonilla, para pedir su ayuda de forma que pueda paliar en algo un serio problema del que no encuentra cómo salir.

Cada uno con su lastre de manías, carencias, deseos y adicciones, llega hasta ese descuidado aunque íntimo rincón, donde un ron de baja calidad, unos naipes, una lata de leche en polvo y una parte de su historia dicha a retazos, les da la posibilidad de hablar de esa espiral descendente en que se ha convertido su existencia.

Este caldo de cultivo integrado por el conocimiento que cada uno tiene del otro es también lo que les abre el único reducto para la evasión, la oportunidad de recordar en voz alta, de usar la amplitud de las palabras para evocar instantes de placer, de pavor, incertidumbre o deseo.

Los cuatros histriones salen al escenario a demostrar que dominan el arte que eligieron como forma de vida. Cada uno le añade a su personaje algo de la sabiduría conseguida en su recorrido de depuración escénica, al grado que los personajes y los actores parecen nutrirse a ratos de una misma fuente.

Una propuesta escénica ligera del director Luis Eduardo Reyes, como los pasos de los cuatro personajes con oficio en lugar de nombre, parece haberse limitado a dejar que los actores se comunicaran, se enriquecieran y encontraran con libertad el camino de sus hallazgos, sustento del todo. Aunque quizá la aportación de Reyes resida en provocar esa libertad y en las veces en que los personajes llegan a los desahogos en la cocina, sin cruzar la puerta que da a la calle, como si su presencia perteneciera a la casa paterna del profesor, cual fantasmas que nunca parten.

La escena acoge el desaliento del personaje actor que no encuentra lugar en un mercado de metas prefabricadas, le otorga un lugar intermitente al peluquero que ha dejado de tener el propio en casa, le proporciona un espacio al empleado del cementerio para compartir tanto hazañas sexuales como su amor por las historias y le da una esperanza al profesor que entre sus amigos encuentra al menos la intención de ser ayudado.

Sobre todo, los personajes de Jugadores se dedican a tentar a la suerte, a provocar el riesgo, cuando las posibilidades de ganar apenas se asoman. Se dice que Santo Tomás habló de la suerte divisoria, aquella que designa a quien le debe ser devuelta una cosa, pero en este caso el dramaturgo deja la interrogación abierta para que el espectador tenga la oportunidad de elegir alguna de las posibilidades que ofrece la intervención del azar.