FICHA TÉCNICA



Título obra Ayolante

Autoría W. S. Gilbert

Notas de autoría Alvaro Cerviño / traducción y adaptación

Dirección Alvaro Cerviño

Elenco Tomás Castellanos, Enrique Ángeles, Jonathan López, Rodrigo Massa, Carlos Velasco

Iluminación Ángel Ancona

Coreografía Manu Rodríguez

Música Arthur Sullivan

Notas de Música Alfredo Aguilar / dirección musical; Antonio López Ríos / dirección vocal; Antonio López Ríos / piano; Araceli Robles Valencia / contrabajo; Lizandro Mancha / percusiones

Vestuario Marco Montaño

Espacios teatrales Teatro de las Artes

Referencia Alegría Martínez, “Festivo desvarío”, en Laberinto, núm. 714, supl. de Milenio, 18 febrero 2017, p. 11.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Teatro

Festivo desvarío

Alegría Martínez

La corrupción, el revanchismo, la superficialidad y ambición de casi todos los integrantes del Congreso, revueltos con rivalidad en amoríos y diferencias no solo políticas sino esenciales, como las que puede haber entre hadas y seres humanos, es parte de lo que expone Ayolante, de Gilbert y Sullivan, autores del libreto y de la música que 135 años después de haberse estrenado en Londres llega a México en una adaptación que hace reír al espectador de una realidad agobiante, entre cantos y coreografías bien ejecutados.

El montaje, que encuentra una audiencia distinta a la que tuvo en 2016 en un foro del centro de la Ciudad de México, se exhibe en el Teatro de las Artes del Cenart, donde público y actores están sobre el mismo escenario, frente a una especie de trono que espera el trasero del líder del Congreso y ante un piso negro cruzado con cinta adhesiva de colores fosforescentes, entre el piano de Antonio López Ríos en un extremo lateral y el contrabajo de Araceli Robles Valencia, del lado opuesto, donde se encuentra Lizandro Mancha en las percusiones.

Ayolante, uno de los catorce trabajos de quienes son reconocidos como los padres de la opereta inglesa, traducida, adaptada y dirigida por Alvaro Cerviño, quien elige a un elenco conformado exclusivamente por actores para interpretar papeles femeninos y masculinos, es una experiencia diferente y divertida envuelta en sarcasmo, que mantiene a la audiencia atenta a la historia de una becaria del Congreso enamorada de un pintor callejero de Chapultepec.

En una metáfora que destaca la lucha entre políticos y la clase alta, representada por las hadas con todo y reina, cada número musical da seguimiento ágil a ese universo irreconciliable entre seres fantásticos y mortales, que no cesan de enredarse y de encontrar obstáculos a sus objetivos.

Cerviño, junto con el director musical y pianista Alfredo Aguilar, el director vocal Antonio López Ríos, el coreógrafo Manu Rodríguez, el diseñador de iluminación Ángel Ancona y de vestuario Marco Montaño, en cohesión con un buen elenco de actores, bailarines y cantantes que expanden su propio registro para alcanzar las notas de una soprano o las de un contratenor, crean un musical vivo cuyas notas y pasos se expanden y se internan en los sentidos del espectador.

Llena de guiños y de humor, esta opereta a la mexicana, cuyo primer número desconcierta por la cantidad de actores ataviados con ropa deportiva y su actitud de hadas gimnásticas en cuerpos masculinos, enarbola la irreverencia mediante números en los que las hadas, con todo y reina, pasando por los diputados, los guaruras y la codiciada becaria Filis, de nutrida barba, generan un ámbito festivo de desvarío.

El barítono Tomás Castellanos, con traje oscuro a rayas y corbata roja, interpreta a un líder del Congreso que se cuestiona, se acusa, se perdona y se autoriza a seguir sus impulsos, mientras que Enrique Ángeles, enfundado en un blanco vestido de novia con sudadera decorada en pedrería, hace que su personaje de reina de las hadas luche interiormente entre su deber y la comprensión hacia una integrante de su séquito.

Por su parte, Jonathan López, como la hermosa Filis, vestida con falda de flores, medias blancas, flats y blusa al cuello, otorga a su personaje la cursi candidez de una chica que flecha a quien la mira, mientras que su novio Juan Ramón, interpretado por Rodrigo Massa, contrasta en frescura e ímpetu hasta que le llega un cambio de suerte, en el que tiene mucho que ver su madre Ayolante, a cargo de Carlos Velasco, quien destila la dulzura de su frágil y arrepentido personaje.