FICHA TÉCNICA



Notas Semblanza del proceso creativo de Ludwik Margules, a partir de una entrevista realizada en 1996 y publicada a unos meses de su fallecimiento en 2006

Referencia Alegría Martínez, “La estética Margules”, en Laberinto, núm. 708, supl. de Milenio, 7 enero 2017, p. 11.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Teatro

La estética Margules

Alegría Martínez

El teatro de Ludwik Margules reivindica la huella perdurable de un arte efímero. La compleja soledad y el poder en los personajes de La señora Klein de Nicholas Wrigth, la dialéctica y la picaresca de Jacques y su amo de Milan Kundera, la asfixia lacerante del Cuarteto de Heiner Müller, o la fragilidad y el odio, motor de Los justos de Albert Camus, son algunas puestas en escena del director nacido en Polonia en 1933, que no dejan de disparar imágenes, emociones, atmósferas que el paso del tiempo ha conservado intactas en mi memoria.

Con gratitud por el legado artístico de Ludwik Margules y su generosidad, dejó aquí algunas reflexiones que en 1996 compartió en la sala de su casa sobre su compleja forma de trabajar.

"Antes de enfrentarme al actor y al espacio, convivo con mi puesta en escena meses o años y eso significa conceptualización y visualización de cada uno de los elementos que inciden en ella. Acaso el espacio-tiempo-imagen al ser analizado, ocupa el primer lugar en lo que será la futura creación del montaje, el lugar de los eventos escénicos a través de los cuales hablaré desde el escenario. La estructura de los eventos, la modificación del espacio, el futuro tono, coinciden en esta primera etapa de convivencia con la obra, el plano más destacado.

"El movimiento entendido como tratamiento del espacio y movimiento de emociones-imágenes dentro del actor queda analizado y luego me resulta importantísimo consignar todo ello en una partitura de dirección –siguiendo a Meyerhold– porque siempre intento visualizar la puesta en escena en términos de estructuración musical, lo más tangible y tridimensional posible. Me importa mucho el color, la vibración del espacio.

"Simultáneamente, me bato con el texto, al cual considero un registro literario muerto mientras no quede pronunciado por la boca, los tuétanos, las vísceras de un actor. En esta etapa inicial intento apostar, lanzo radares al actor, examino sus cualidades y su capacidad de convertir el material de mis sueños, mi manera de sentir y de hablar en una realidad teatral llamada puesta en escena.

"Durante esta primera etapa intento imaginarme los eventos que edificarán la trama, que viven en el espacio y participan de su organicidad. Todo ello me permite construir un buen armazón, enriquecer el plan maestro, para que sea potenciado por el soplo de vida que le va a dar el actor y el espacio concreto de mi puesta.

"El tono en el cual se funda la emoción, la palabra y el espacio-tiempo me permitirá hablar de planos de realidad complejos como el comportamiento humano.

"Pasada esta etapa establezco una estrategia de entrenamiento para la obra. Planeo la producción y en el enfrentamiento del actor con el espacio conozco realmente la obra a pesar de haber visualizado sus versiones y variantes. Si hay que modificar no me tiento la mano para hacerlo; no soy esclavo de mi propio libreto.

"Batallo en la segunda etapa con la conversión del material pesado, analizado y visualizado en sensibilidad actoral. Me importan los límites y alcances que puede suscitar el actor en su imaginación. Claro que la dramaturgia ocupa en ello un lugar esencial, pero se trata de una relectura de la dramaturgia escrita para establecer una dramaturgia del escenario.

"Narración compleja, construcción de situaciones, transcurso de eventos que no se han convertido en enfrentamiento de conflictos, reflexión sobre la naturaleza del hombre convertida en acción escénica, descubrimiento de las caras de la situación, los rostros del carácter humano, exploración de los motivos de comportamiento del personaje, todo ello consigue verificación, afianzamiento, asimilación, búsqueda, en el proceso de ensayos que se funde en la construcción de la puesta.

"Lo peor que puede suceder es cuando el actor imita diseño de la puesta en escena, el trazo, o a sí mismo cuando hace de personaje. La ficción escénica no está hecha de auto imitaciones, sino de creación que implica a la vez construcción".