FICHA TÉCNICA



Título obra De tripas corazón

Autoría Anaid Varela

Dirección Mariana Hartasánchez

Elenco Emmanuel Márquez, Thania Luna, Sergio Bátiz, Francisco Bahena

Escenografía Fernando Flores

Notas de escenografía Ismael Gimate / animación de diseño y multimedia

Iluminación Fernando Flores

Referencia Alegría Martínez, “Despojos sin importancia”, en Laberinto, núm. 690, supl. de Milenio, 3 septiembre 2016, p. 11.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Teatro

Despojos sin importancia

Alegría Martínez

La pesadilla que implica que el cuerpo de un ser querido llegue a la morgue es planteada en una farsa en la que el humor mexicano arrasa con la posibilidad de tomar en serio a los personajes principales, dos empleados del gobierno que han hecho de la muerte con violencia el universo de una vida cotidiana que, para subsistir, no puede tomarse en serio.

Escrita por la joven Anaid Varela, la obra De tripas corazón, ganadora del Premio Nacional de Dramaturgia Joven Gerardo Mancebo del Castillo Trejo 2015, es una especie de viaje al submundo en que los seres humanos se han transformado en despojo sin importancia para quienes los reciben, auscultan, observan y abren, en una especie de juego macabro que se vuelve parte de la broma del día, de la comida y las canciones de amor que protegen a los receptores de cuerpos, al abrigo de lo que se ha convertido en su propio refugio.

Mariana Hartasánchez dirige esta nueva obra que aborda viejas conductas y vicios desde una mirada fresca que juega con los excesos de un doctor, una asistente, una jefa de departamento y un emprendedor, personajes salidos de una historieta en la que ocurrencias, despropósitos e indolencia son parte de un juego que muestra la otra cara de nuestra miseria social y encima, nos causa risa.

Montada sobre un escenario de laterales abiertos, a poca distancia del espectador, cuyos zapatos casi pueden tocar el piso ensangrentado gracias a una alfombra plástica, cual mica gigante contenedora del líquido rojo que viaja horizontalmente según la presión de las pisadas, la acción de De tripas corazón transcurre entre elementos reales como una camilla metálica, dos sillas, algún banco, una vieja máquina de escribir, arroz, albóndigas y la proyección de paisajes desérticos, hasta donde se asoma algún chango, una vaca y un dinosaurio, entre nubes negras, azules y blancas que avanzan raudas el agreste territorio.

Sobre esta escenografía e iluminación diseñada por Fernando Flores y ante la animación de diseño y multimedia de Ismael Gimate, poseedoras ambas de su propio humor, el montaje corre veloz a partir de una actuación espontánea y desparpajada del elenco, encabezado por Emmanuel Márquez, quien le presta a su personaje de doctor esa capacidad que el actor tiene de burlarse de sí y de toda situación ante la que se encuentre su médico especializado, al que le añade un encanto perverso, como el que le es propio a los seres apoltronados en su mullida desidia.

Por su parte, la joven ayudante, interpretada por Thania Luna, quien se ajusta abiertamente al desencanto de su personaje, construye honestamente una naturaleza frágil bajo la piel dura de una mujer autosuficiente y entrona, que no conoce nada más allá del depósito de cadáveres.

Sergio Bátiz, quien interpreta algunas piezas en acordeón, además de encarnar al narrador, a Regina, la jefa, al Soldado, a Lágrimas Negras, al camillero y al perro, entra y sale del juego, como si fuera una caricatura que puede cambiar de personaje mediante un giro, bajo una cachucha, una peluca color bugambilia o la lánguida, entrañable y humana mirada de un can que se ha vuelto parte del equipo mortuorio.

Francisco Bahena, a cargo del personaje de El vaca con cuernos, el camillero y Yáñez, el emprendedor que tras su buena intención transformadora y optimista ocupa su inmensa debilidad, otorga con este personaje un contrapunto que se desvanece ante la realidad que sujeta a los personajes a una desconsoladora existencia de mentiras, corrupción y violencia.

Mariana Hartasánchez sabe cómo guiar a este equipo sobre la cresta de un género rejego. Se percibe el apoyo que tanto la directora como los actores Márquez y Bátiz, los más experimentados, aportan al montaje y al nutrimento del texto. Se aplaude el impulso de un premio como el Gerardo Mancebo, que permite trabajar un texto dramático distinto, que apoya su verificación escénica y con ésta da aliento a la joven dramaturgia. De tripas corazón hace reír para congelar más tarde esa detonación festiva en algo amargo.