FICHA TÉCNICA



Título obra La jaula de las locas

Autoría Jean Poiret

Dirección Matías Gorlero

Elenco Mario Iván Martínez, Roberto Blandón, Rogelio Suárez

Escenografía Óscar Costa

Coreografía Pepe Posada

Notas de Música Eduardo Soto Junior / dirección de la orquesta La cage aux folles

Vestuario William Ivey Long

Notas de vestuario Bernardo Vázquez / maquillaje y peluquería

Notas de productores Juan Torres

Referencia Alegría Martínez, “Una humana Zazá”, en Laberinto, núm. 664, supl. de Milenio, 5 marzo 2016, p. 11.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Teatro

Una humana Zazá

Alegría Martínez

Del inolvidable monólogo titulado A la manera de Shakespeare –entre los mejores que he visto– a los personajes de Cri-Crí, y de este universo al del intensamente humano Zazá de La jaula de las locas, Mario Iván Martínez irrumpe en nuestro panorama teatral con la creación de la imponente y entrañable estrella transformista del cabaret de la Costa Azul. Más conocido hoy por su trabajo como narrador e intérprete especializado en espectáculos familiares, el actor cambia gafas, sombreros y sacos por pelucas color champán, pestañas postizas, tacones, medias y vestidos largos.

Entre los cientos de personajes que ha creado Mario Iván Martínez, Albin, pareja de George y Zazá al mismo tiempo, posee una honestidad cotidiana que seduce al espectador desde la fragilidad hasta la fortaleza autoimpuesta bajo postizos y rímel.

Tenor, actor de radio, cine y televisión con una larga e importante carrera escénica y musical, Mario Iván Martínez le otorga a su personaje, además de una sólida y nutrida voz, una amplia gama de matices dramáticos que en contadas ocasiones pueden verse en este conocido personaje teatral.

La vieja rivalidad entre actores de teatro y de comedia musical reclama en ambos especialistas la falta de pericia del otro para sortear las exigencias del género en cuestión. Se alega que el intérprete del drama sin música es capaz de proyectar el conflicto y la intimidad del personaje, mientras que su oponente, al tener que cantar y bailar en la cúspide dramática, no puede generar emociones profundas, intensas y trascendentes. Mario Iván Martínez demuestra lo contrario.

Por su parte, Roberto Blandón interpreta a George, en un buen desempeño como pareja de Zazá y maestro de ceremonias del cabaret, que bromea con el público sobre la solicitud de un amparo para un proyecto de película que incluye narcos, helicópteros y una empresa tequilera.

Sin embargo, es Rogelio Suárez, el intérprete de la mucama, quien junto con Martínez se introduce suavemente en el corazón del espectador.

Matías Gorlero, a quien se reconoce más como diseñador de iluminación que como director de escena y quien por primera vez dirige comedia musical, logra amalgamar el trabajo de unos y otros profesionales en torno a la interpretación de Mario Iván Martínez quien canta, baila y conmueve al espectador, que conoce de sobra la anécdota de la obra de Jean Poiret, así como las versiones escénicas y cinematográficas de este drama que, a casi 40 años de su estreno, refrenda la desafortunada vigencia de la discriminación sexual y la corrupción política.

Si bien la dirección de Gorlero ostenta un ritmo distinto al que nos tiene acostumbrados el género, y hay diferencias actorales evidentes, los números musicales y las escenas transcurren eficientemente entre escalones iluminados, rompimientos circulares y espacios que giran para mostrar la abigarrada casa de la pareja, un elegante restorán o el camerino de la primera figura del cabaret.

Más de una decena de números musicales a cargo de la Orquesta de La cage aux folles, bajo la dirección de Eduardo Soto Junior, son interpretados con brillantez por el nutrido elenco cuyo trabajo incluye la coreografía de Pepe Posada y cuenta con maquillaje y peluquería de Bernardo Vázquez, vestuario de William Ivey Long –esmerado para Zazá, no tanto así para las coristas y George–, en movimiento sobre la funcional escenografía de Óscar Costa.

La jaula de las locas, producida por Juan Torres, es una comedia musical sui géneris por los elementos que la constituyen: un actor protagonista, intérprete de música clásica y antigua que canta piezas como "Rímel" y "Somos lo que somos", con el mismo respeto, entrega y lealtad con que canta música virreinal mexicana. Un director nuevo en el género que armoniza artísticamente la rivalidad y las diferencias entre actores y bailarines de distintas especialidades, de lo que resulta un espectáculo ameno, ágil y divertido, que nos recuerda, cantando, que aún hay mucho que hacer en relación a la diversidad.