FICHA TÉCNICA



Título obra La gaviota

Autoría Antón Chéjov

Notas de autoría Diego del Río / adaptación

Dirección Diego del Río

Elenco Blanca Guerra, Mauricio García Lozano, Paulette Hernández, Adriana Llabrés, Odiseo Bichir, Pilar Flores del Valle, Carlos Valencia, Pablo Bracho, José Sampedro

Escenografía Atenea Chávez y Auda Caraza

Referencia Alegría Martínez, “Virtudes del montaje”, en Laberinto, núm. 654, supl. de Milenio, 26 diciembre 2015, p. 11.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Teatro

Virtudes del montaje

Alegría Martínez

La gaviota, de Antón Chéjov, llega a escena bajo la dirección del joven Diego del Río, quien también adapta este clásico al que pocos artistas de su generación vuelven la mirada. Con el inmenso soporte que otorga el trabajo de una primera actriz como Blanca Guerra, aunado a la participación del director Mauricio García Lozano, en este caso como actor, y a un elenco que consigue el equilibrio de exigencia interpretativa propia de estos complejos personajes, el montaje respeta la esencia de la obra y resalta su vigencia.

La adaptación del director, centrada como lo plantea el texto, en la discusión sobre el teatro, su permanencia y renovación, se deshace de personajes que hoy en día no se echan de menos, cuyos conflictos tanto familiares como laborales quedan resueltos mediante diálogos repartidos entre Polina y su hija Masha.

La sustitución de algunos parlamentos y palabras, así como parte del fragmento de obra que presenta –en la ficción– el personaje hijo de la actriz, fueron cambiados por otros con fidelidad a la circunstancia que expone el texto. Se eliminaron diálogos que informan a detalle la situación por la que pasa el personaje de Nina y algunos exabruptos de Arkádina, personaje que interpreta Blanca Guerra en una de sus más brillantes actuaciones.

La gaviota de Del Río propone personajes que visten Jeans, usan zapatos de agujeta, playeras, licras y botas negras. Sombreros, faldas, guantes, sombrillas y escopeta, solicitados por el autor en sus acotaciones, no tienen lugar en la escena y no hacen falta.

El escenario, diseñado por Atenea Chávez y Auda Caraza, está dividido en dos partes. A derecha del espectador hay un armario y algunas sillas sobre piso blanco. A la izquierda, sobre un suelo negro, seis butacas color marrón en las que se sientan los actores que no participan en la escena, en una especie de mutis parcial que la mayor parte del tiempo apuntala la escena al ser vista por los actores que siguen los movimientos desde su lugar, aunque en algún instante, cuando alguien se evade, se abre un corte a la ficción al tiempo en que rompe la unidad emotiva alcanzada en la parte del escenario donde se supone que nada sucede pero que, al fin y al cabo, por algo está a la vista. El recurso es una virtud del montaje. La obra de Chéjov, escrita 1en 896, es repuesta por Del Río en 2015 como si hubiera intervenido un antiguo edificio que recupera su belleza original.

La inmensa necesidad de una eximia actriz de protagonizar cada suceso dentro y fuera de escena –interpretada por Blanca Guerra– y el dolor que como madre le transfiere a su hijo Kostia al descalificar su trabajo artístico; el deseo de Nina de actuar, brillar, amar y ser correspondida; la vulnerabilidad abusiva en la que se instala el escritor Trigorin, dualidad bien proyectada por García Lozano; el desconsuelo permanente de Masha, que jamás es mirada por su amado; la insatisfacción irruptora de Sorin; la solidaridad esperanzada de Dorn, y la resignación amarga de Medvedenko, generan un sedimento de fracaso enganchado al alma de unos personajes que chocan contra su ímpetu nacido débil. Los personajes de La gaviota, como muchos otros de Chéjov, deambulan en un círculo que solo se ensancha para invadir el de otros en el refrendo de su propia incapacidad para dar un paso que los libere.

Integrado por actrices jóvenes como Paulette Hernández y Adriana Llabrés, que realizan un trabajo depurado, así como por actores de trayectoria, incluidos Odiseo Bichir, Pilar Flores del Valle, Carlos Valencia, Pablo Bracho y el joven José Sampedro, el reparto de esta propuesta de La gaviota redescubre la necesidad de retomar sin recelo a Chéjov, más allá de los detalles por cuidar, especialmente en la ruta hacia un desenlace que exige sostener el final hasta que se decante.