FICHA TÉCNICA



Título obra El secuestro de la Cuquis

Autoría Darío Fo y Franca Rame

Notas de autoría Flavio González Mello / adaptación

Dirección Ignacio García

Elenco Aurora Cano, Claudio Lafarga, José Carlos Rodríguez, Paul Stanley, Isaías Martínez, Raquel Pankowsky, Miguel Conde

Escenografía Jesús Hernández

Iluminación Raúl Munguía

Notas de Música Iñaki / musicalización

Vestuario Mario Marín del Río

Referencia Alegría Martínez, “Bandidos de poca monta”, en Laberinto, núm. 652, supl. de Milenio, 12 diciembre 2015, p. 11.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Teatro

Bandidos de poca monta

Alegría Martínez

El secuestro de la Cuquis es el título que se eligió en México para la adaptación que Flavio González Mello escribió sobre la obra de Darío Fo y Franca Rame, titulada en España El secuestro de la banquera, que ridiculiza a una representante de los ricos y poderosos detestados por una mayoría que difícilmente podrá verlos caer, aun como personajes de una sátira política.

El montaje ubica sobre el escenario los rostros, reproducidos en máscaras de látex, de El Chapo Guzmán, Carlos Salinas, Vicente Fox, Elba Esther Gordillo y Enrique Peña Nieto. Cada uno con estatura, complexión y actitud corporal ajena a la que nos es familiar.

Reunidos en torno al secuestro de una ninfómana profesional en turbios negocios, que finge ser su propia secretaria, los personajes bajo las caretas mencionadas, que en la ficción son raptores ansiosos por convertirse en millonarios por encima de su torpeza, generan algunas risas en el espectador que disfruta ver a los políticos y al narco de nuestra era como bandidos de poca monta. En este sentido, la audiencia satisface, aunque en muy breve dosis, la necesidad de revancha contra figuras del poder, representadas en escena como vulgares títeres de la ambición.

La obra, poco conocida y escrita en 1986, sin traducción ni publicación en México, fue estrenada el año pasado en España: las máscaras de cartón utilizadas por los actores reproducían los rostros de Angela Merkel, Barack Obama y Vladimir Putin.

El director de escena Ignacio García, hombre de teatro reconocido por su trabajo en festivales europeos y en México y España, su país de nacimiento, ha dirigido tanto obras escritas por autores como Quevedo, Sor Juana Inés de la Cruz, Ernesto Caballero y Jardiel Poncela, como óperas de Rossini, Stravinski, Hasse, Monteverdi y Puccini.

En esta oportunidad, El secuestro de la Cuquis, bajo su dirección, es un extenso gag abierto a toda licencia escénica. Su acción transcurre sobre el viejo escenario de un teatro con candilejas y telón rojo con filos dorados, hasta donde llega la Cuquis vestida de blanco y negro con accesorios dorados, botas y lentes oscuros, a analizar la sangre de su prospecto de ejemplar masculino para tener relaciones sexuales sin riesgo.

Hasta ese hermoso espacio diseñado por Jesús Hernández, que se antoja más para otra obra, llegan también los bomberos, los secuestradores, un viejo refrigerador, un excusado y un fragmento de recámara de la madre de la protagonista, quien alimenta el soterrado conflicto y la sucia competencia contra la hija, que le corresponde abiertamente.

Con un elenco de actores experimentados en su mayoría, conformado por Aurora Cano, Claudio Lafarga, José Carlos Rodríguez, Paul Stanley, Isaías Martínez, Raquel Pankowsky y Miguel Conde, el montaje incluye los elementos propios del género –lo grotesco, el humor ácido, la crítica, aunque ésta se reduzca a las máscaras y a la desvergüenza del personaje principal, que despliega en cascadas de palabras su sistema de fraude en la rama de servicios carreteros y financieros.

Sin embargo, y pese al profesionalismo de los integrantes de esta puesta en escena, incluidos el diseñador de vestuario Mario Marín del Río, Raúl Munguía de iluminación e Iñaki en la musicalización, se extraña la agudeza presente en las obras del autor de Muerte accidental de un anarquista o Una pareja abierta y el tono de la farsa subversiva que exige un riguroso trabajo actoral para desgajar la ironía.

El secuestro de la Cuquis es un montaje que abandona logros conseguidos al correr de la función, que al poco rato recupera y vuelve a perder en una especie de carrera de obstáculos en la que el esfuerzo de los pocos actores del elenco que dominan el género salva algunos tramos, logrando llegar al final que, aunque repunta, se percibe con retraso.