FICHA TÉCNICA



Título obra Clausura del amor

Autoría Pascal Rambert

Notas de autoría Humberto Pérez Mortera / traducción

Dirección Hugo Arrevillaga Serrano

Notas de dirección Édgar Valadez y Lila Avilés / asistencia de dirección; Lila Avilés / dirección de arte

Elenco Arcelia Ramírez, Antón Araiza

Escenografía Auda Caraza y Atenea Chávez

Iluminación Roberto Paredes

Notas de coreografía Vivían Cruz / asesoría en movimiento escénico

Notas de Música Ariel Cavalieri y Hugo Arrevillaga / musicalización

Vestuario Lissete Barrios

Referencia Alegría Martínez, “Ya no somos nosotros”, en Laberinto, núm. 639, supl. de Milenio, 12 septiembre 2015, p. 11.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Teatro

Ya no somos nosotros

Alegría Martínez

Los añicos de una relación que termina el día en que sus integrantes se lanzan palabras transformadas en proyectiles teledirigidos a corta distancia alcanzan al espectador de Clausura del amor, testigo silente de una ruptura. Un director de teatro y una actriz que han mantenido su relación de pareja por años y han procreado tres hijos se enfrentan al último episodio de su vida juntos.

La sorpresa que genera en ella una decisión unilateral, la densa carga de lo que el desertor libera en su huida, su argumentación iracunda, la forma en que ensucia recuerdos, imágenes y acciones, abren heridas que se ensanchan y se deforman, como las palabras que cada uno profiere.

Sobre un pasillo blanco al centro del escenario, delimitado por dos bloques de escaleras colocados en los laterales, cual cuadrilátero de alargadas dimensiones, los personajes reciben sin cesar el impacto verbal repleto de antecedentes de quien fuera la persona amada. Dan unos pasos, suben, se detienen, resisten, bajan, desfallecen, se recomponen o retroceden sin cuerdas ni poste que los contenga.

Estrenada en el Festival de Avignon en 2011 y montada posteriormente en Estados Unidos, Italia, Rusia, Alemania y Japón, la obra del dramaturgo, director de teatro y coreógrafo francés Pascal Rambert, inicia una tercera y corta temporada en México bajo la dirección de Hugo Arrevillaga Serrano.

Los personajes de Arcelia Ramírez y Antón Araiza llevan su nombre y hacen teatro, con lo que la ficción adquiere otra magnitud en los momentos en que aluden a su trabajo escénico, como si el autor transgrediera secretos actorales para exponer sin clemencia a sus personajes –profesionales del ejercicio emotivo– por todos los flancos posibles.

El asesinato de John Lennon, traído al presente en la ficción de la obra como parte de los acontecimientos dolorosos vividos por la pareja, toma el color de la traición al volverse metáfora de la despedida, signo inequívoco de muerte alevosa, de disparos, de guerra.

Clausura del amor es un trabajo de excepción en el que los actores desnudan a sus personajes sin quitarse una sola prenda. Al centro de la escena, ante filas de espectadores que observan, acongojados, tanto sobre el escenario como desde el patio de butacas, Arcelia Ramírez y Antón Araiza despliegan, cada uno a su tiempo, una artillería verbal en la que cada palabra contiene su propio explosivo, con la diferencia de que el personaje femenino protege, vencido, el valor de los hechos que los mantuvo unidos.

Arcelia soporta y escucha. Su rostro y su cuerpo responden sin pronunciar palabra, como si recibiera golpes, cortes, latigazos. Antón aborda los temas de una recapitulación de vida. Incluye hijos, sexo, profesión, objetos. Ataja reacciones, miradas, intenciones, hechos que pronostica de ella sin que sucedan. El conocimiento que se tiene del otro se vuelve arma en manos del oponente para que sea cruelmente tratado, sin que importe si es por ataque o defensa.

Antón aguanta menos la contraofensiva mediante la respuesta sobre cada capítulo de vida rasgado que en voz de ella lo enfrenta, lo cuestiona por encima de su silencio. El bumerán lo vulnera en su nueva trayectoria, lo hiere inesperadamente. Los personajes sudan, lloran estoicos, sin gemidos, sin rendición externa.

Con traducción al español de Humberto Pérez Mortera, espacio escénico de Auda Caraza y Atenea Chávez, iluminación de Roberto Paredes, vestuario de Lissete Barrios, musicalización de Ariel Cavalieri y Arrevillaga, dirección de arte de Lila Avilés, asesoría en movimiento escénico de Vivían Cruz y asistencia de dirección de Édgar Valadez y Avilés, con Arrevillaga, Ramírez y Araiza como parte integral de este equipo artístico, asistimos a una experiencia que deja la certeza de haber probado lo que todos quisiéramos evitar: el momento en que uno de los dos deja de conformar el nosotros.