FICHA TÉCNICA



Título obra Andrónico

Notas de Título A partir de Tito Andrónico, de William Shakespeare

Autoría Mónica de Perea

Dirección Sixto Castro Santillán

Elenco Isaí Flores Navarrete, Jesús Iván García Montes, Gonzalo Guzmán, Sergio Jaramillo, Cut López, Joseph Meléndez, Óscar Serrano Cotán, Ramón Valera, Alán Uribe Villarruel

Escenografía Natalia Sedano

Iluminación Natalia Sedano

Notas de coreografía Serrano Cotán / movimiento escénico

Vestuario Natalia Sedano

Notas de productores Natalia Sedano / producción

Referencia Alegría Martínez, “Por la sangre vertida”, en Laberinto, núm. 629, supl. de Milenio, 4 julio 2015, p. 11.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Teatro

Por la sangre vertida

Alegría Martínez

Cubetadas de sangre lanzan un alarido de paz en Andrónico, montaje que retoma escenas de la obra atribuida a William Shakespeare sobre la decadencia del Imperio romano y fragmentos que se desprenden de los feminicidios cometidos en Chihuahua. Cruenta metáfora en la que poder, venganza, muerte, violación, descuartizamiento y canibalismo son elementos de una guerra insostenible. Fue escrita en 1591, partió entonces de una ficción y hoy nos alcanza transformada y real.

Atribuida por Sidney Lee, el fallecido crítico inglés especialista en Shakespeare, a Thomas Kyd, con apoyo de Robert Green o de George Peele, polémica que los conocedores de la obra del genio de Avon califican de conjetura, Tito Andrónico partió de otra obra, Tito y Vespaciano, y de una balada de la época que, se dice, Shakespeare redondeó hasta quedar como hoy la conocemos.

Mónica de Perea escribe hoy a propósito de la obra inglesa, traducida al castellano y publicada en 1943 en Madrid, un texto que toma fragmentos e integra acciones fundamentales sin dar seguimiento lineal a la tragedia para crear un intenso reflejo trágico del desastre provocado por una guerra extendida, al que intercala diálogos expresados por víctimas desaparecidas o asesinadas en nuestro país, y por la voz de personas que representan una fraudulenta autoridad, reproducidos por algún medio televisivo nacional.

Sixto Castro Santillán dirige a un grupo de jóvenes actores que toman por asalto la atención del espectador y la conservan hasta el final de la escenificación, que incluye imágenes de violencia sexual, la grotesca presencia de un payaso asesino y un continuo derramamiento de sangre.

Una contundente dinámica corporal expresiva, un trabajo de ensamble sonoro a cargo de los actores que exhalan su voz y en lugar de batir tambores descargan sus palmas sobre la madera de la mesa o arrojan sangre humeante a rostros y torsos desnudos, es parte medular de este trabajo escénico que también utiliza la proyección de subtítulos, imágenes de marchas o mítines, humo, luz blanca y sombras en un lugar que todo lo contiene y amplifica.

La crueldad sufrida por Lavinia, la hija de Tito Andrónico, violada y mutilada de brazos y lengua por los hijos de Tamora, reina de los godos, venida a emperatriz de los romanos, queda impresa en el cuerpo y el rostro del actor que con solo una falda sobrepuesta sobre su pantalón es ahí, en el frío suelo de lo que evoca el encierro, la hija del guerrero romano conocido como El piadoso y todas las mujeres ultrajadas.

Isaí Flores Navarrete, Jesús Iván García Montes, Gonzalo Guzmán, Sergio Jaramillo, Cut López, Joseph Meléndez, Óscar Serrano Cotán, Ramón Valera y Alán Uribe Villarruel conforman el elenco de Andrónico, que transforma un espacio de cemento entre columnas de acero, malla de alambre y altos muros, donde el sonido del viento, del metal, de las sirenas y el pisar raudo de las botas contrasta con la voz que se une y se despliega a ratos única o en un coro, que subraya el error de la venganza y deja escuchar el golpeteo sordo del estupro entre las notas de alguna melcochosa balada que acompaña la serie de actos atroces.

Con producción, iluminación, escenografía y vestuario de Natalia Sedano y coreografía y movimiento escénico de Serrano Cotán, el montaje toma como elemento esencial el cuerpo de los actores para conformar un lenguaje plástico vital, que se complementa en el conjunto, sin diluir lo individual, para crear composiciones de imágenes que serán tatuadas en la memoria del espectador. Crudas acciones que contrastan con la estética en movimiento que las conforman.

Andrónico vislumbra, desde la barbarie, la esencia humana y hace un acercamiento a nuestro entorno, donde la acción que ocurriera en aquella Roma y campos circunvecinos se dimensiona hoy en un mundo donde la especie humana se autoaniquila.

La belleza del verso contenido en la tragedia de Tito Andrónico fue trasladada en este Andrónico mexicano al cuerpo de nueve jóvenes actores entregados a expresar con la energía, la rabia, el arrojo, el dolor y el valor de que son capaces, un grito que clama detener la destrucción y la sangre vertida.