FICHA TÉCNICA



Título obra Isis hace sala

Autoría Dominick Parenteau Lebeuf

Notas de autoría Violeta Sarmiento / traducción

Dirección Violeta Sarmiento

Notas de dirección Katya Bizarro / asistencia de dirección

Notas de elenco Antonio Sarmiento y Rafael Crooz / asesoría en movimiento

Iluminación Patricia Gutiérrez

Notas de Música Carlos Cuevas / interpretación

Vestuario Mariana Gandía

Referencia Alegría Martínez, “Antes altiva, hoy desvalida”, en Laberinto, núm. 625, supl. de Milenio, 6 junio 2015, p. 11.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Teatro

Antes altiva, hoy desvalida

Alegría Martínez

Una niña que transita de los siete a los 25 años, y según el episodio de su vida se transforma en su madre y abuela, habla directamente al espectador sobre la actividad cotidiana que realiza en casa, al reunir amigos para platicar de diversos temas en compañía de música, té y un diccionario, hábito al que Dominick Parenteau Lebeuf, dramaturga originaria de Quebec, antepone el nombre de su personaje para titular su obra Iris hace sala.

Sobre una alfombra verde que evoca un jardín, donde las plantas se enredan al poste de más de un atril en el que descansan libros abiertos, Iris comparte que hace sala todos los lunes, como cientos de años atrás lo hacían escritores, artistas, políticos y comerciantes, conducidos por una mujer distinguida.

El personaje que, además de cumplir el deseo de conversar, tiene un buen cúmulo de preguntas por hacer, cuestiona a su madre, interpretada por la misma actriz a partir de una pose corporal estática y estilizada y un giro que da la espalda al público, respecto a diversos temas que le interesa saber.

La toma de decisiones hace crecer interiormente a Iris quien, como si fuera una actual Alicia en el país de las maravillas, toma y ofrece té en una vajilla que a ratos es pequeña o gigantesca, como la cuchara con que revuelve su contenido.

Entre el rítmico sonido del metrónomo, las notas de acordeón y el humo que expele un ancho libro, esta hija de una madre ligada a las letras como a sus hijos emprende su acostumbrada búsqueda de palabras y significados, lo que abre el espacio a la reflexión sobre el amor materno que ha recibido en su infancia y la carencia que de éste ostentan muchos rostros a su alrededor.

Vestida con jumper y balerina rojas, mallas blancas y negros zapatos de charol, la chica reclama con humor que una K, una C una T o una E puedan cambiar el género de un nombre y éste la identidad de una persona, lo que obliga a comprobar continuamente que uno es quien dice ser, al margen de las letras.

La relación que el personaje establece con su madre, incluidas distancia y cercanía, la entrañable comunicación con la abuela, cuya muerte es la primera con la que la joven se enfrenta y el desaliento en que cae la madre, que desaparece con los cuidados de la chica, conforman una espiral amorosa que la actriz resuelve con trabajo corporal, gestual, voz y vínculos entre los tres personajes que abrevan de su creación actoral.

Traducida y dirigida por Violeta Sarmiento, esta puesta en escena que cuenta con la interpretación musical de Carlos Cuevas, e iluminación de Patricia Gutiérrez –quien resuelve favorablemente luz y sombra en un jardín sembrado de libros y tres hongos–, este montaje deposita su fe en el espectador abierto a escuchar a un personaje menudo cuya edad facilita cuestionamientos en constante renovación.

La dramaturga, la directora y la actriz, cada una con más de una especialidad escénica, en complicidad con la diseñadora de vestuario Mariana Gandía, la asesoría en movimiento de Antonio Sarmiento y Rafael Crooz, y la asistencia de dirección y producción de Katya Bizarro, vierten en este trabajo que integra música y danza su llamado a la interacción humana, a la valoración del lenguaje y a su ejercicio hablado sin medios electrónicos de por medio.

Iris hace sala es una obra que apela a la necesidad de la comunicación, a la aclaración de dudas y al análisis de respuestas, pero sobre todo al conocimiento y al poder de la expresión.

Planteada en un ámbito naif que abre el margen a la ambivalencia, esta propuesta escénica cuenta entre sus mejores momentos con que la actriz transforma la efigie de su madre, antes altiva, en una desvalida bebé a la que construye corporalmente con su torso y su rodilla.