FICHA TÉCNICA



Título obra La mujer justa

Notas de Título Adaptación de la novela de Sándor Márai

Notas de autoría Hugo Urquijo y Graciela Dufau / adaptación

Dirección Enrique Singer

Elenco Juan Carlos Colombo, Verónica Langer, Marina de Tavira, Héctor Holten, Tina French

Escenografía Víctor Zapatero

Iluminación Víctor Zapatero

Vestuario Carlo Demichelis

Referencia Alegría Martínez, “Deseos petrificados”, en Laberinto, núm. 619, supl. de Milenio, 25 abril 2015, p. 11.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Teatro

Deseos petrificados

Alegría Martínez

Los personajes de Sándor Márai dejan de nueva cuenta la novela para llegar a la escena donde la palabra retoma un poder distinto. La ausencia de amor en el matrimonio de dos mujeres casadas en distintos momentos con un mismo hombre, que tampoco pudo acercarse al corazón de su amada, resuena como eco lejano, como un recuerdo que se hace presente en la evocación de tres vidas congeladas en el anhelo.

Las figuras de la amiga, el amigo, el amante, con quienes los protagonistas de esta relación triangulada comparten su historia de infidelidad, obsesión y ajuste de cuentas en la creación literaria del autor húngaro, no están presentes en la versión dramática, donde el espectador toma su lugar y se vuelve el escucha de los acontecimientos que operan en contra de Marika, Peter y Judit, esposa, marido y ama de llaves, más tarde segunda esposa, respectivamente.

Enrique Singer dirige la obra de Márai adaptada por Hugo Urquijo y Graciela Dufau, director y actriz argentinos que la escenificaron en su país, donde recibieron el premio a la mejor adaptación en 2012. Su trabajo conserva una buena densidad de las frases clave que posee el original y deja que los personajes hablen de lo que internamente los impulsa hacia la caza del objeto de su obsesión en fuga constante.

Singer propone un viaje al pasado en tiempo presente. Los protagonistas emergen de una oscuridad que contiene su silueta y paulatinamente abre lugar al rostro, a partes del cuerpo, como si se tratara de retratos que cobran vida y voz mediante la conversación sobre sucesos que no pueden transformarse ni evadirse.

El director enfatiza con su puesta en escena la pregunta que lanza más de una vez el personaje de Peter en voz del actor Juan Carlos Colombo: ¿somos conscientes de vivir un momento decisivo en el momento en que sucede? La pregunta vuela ante un fondo de estampado y rancio tapiz marrón con dorado que alude a viejos tiempos de opulencia, como las escasas sillas de una estancia en la que domina el vacío que circunda a los personajes.

Víctor Zapatero ilumina su propio diseño de escenografía en el que la luz acentúa el rictus de dos mujeres y un hombre que hablan de quiénes fueron y de las causas que petrificaron su deseo.

Vestidos con prendas oscuras de una elegancia clásica que cruza el desasosiego de la Segunda Guerra Mundial, diseñadas por Carlo Demichelis, a quien lo seduce aún el teatro fuera de las pasarelas, los personajes se arropan también con la inflexibilidad de su empeño: Marika por el amor de su esposo, Peter por el de Judit y ésta por cobrarse la injusticia padecida.

Verónica Langer, como la esposa cuyo amor desmedido asfixia a su marido, crea a una Marika ajena de sí misma, en una dolorosa conciencia de lo que jamás tendrá. Juan Carlos Colombo planta sobre el escenario a un hombre culto y recio, de emociones cercenadas por una educación que le impide conocer a tiempo el mecanismo de lo que requiere su interior. Marina de Tavira, en la interpretación de la ama de llaves que ha soportado una infancia de necesidades y cuya juventud se desarrolla en la casa rica de sus patrones, crea a su personaje, Judit, desde la lozanía de la espera paciente hasta la fiereza de quien exige una justicia que desconoce, al tiempo en que quiere ser justa en su desagravio.

Por su parte, Héctor Holten, quien interpreta a Lazar, amigo de Peter, interviene eficazmente como una cuña saliente que hace una aportación nebulosa al desequilibrio en que los tres personajes intentan comunicarse, mientras la actriz Tina French, que interpreta a la madre de Peter, se erige en testigo que contiene, sentencia y es parte del universo en el que todos se encuentran, donde lo que es justo tiene una consistencia cambiante.