FICHA TÉCNICA



Título obra ¿Quién teme a Virginia Woolf?

Autoría Edward Albee

Notas de autoría Víctor Weinstock / adaptación

Dirección Daniel Veronese

Notas de dirección Víctor Weinstock / dirección residente

Elenco Blanca Guerra, Álvaro Guerrero, Sergio Bonilla, Adriana Llabrés

Escenografía Jorge Acosta

Iluminación Patricia Gutiérrez / diseño de iluminación

Notas de Iluminación Edher Corte

Vestuario Emilio Vega

Notas de productores Mar y Sol Rodríguez / producción ejecutiva; Arturo Barba, Jorge Trujillo y Jacobo Nazar / producción

Referencia Alegría Martínez, “El alfabeto de la crueldad”, en Laberinto, núm. 579, supl. de Milenio, 19 julio 2014, p. 10.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Teatro

El alfabeto de la crueldad

Alegría Martínez

¿Quién teme a Virginia Woolf? es un trabajo escénico que merece ser visto. Pocas veces, como en esta ocasión, se logra en el teatro que texto, dirección y actuación se encuentren al mismo nivel y en armonía con los elementos que intervienen en la puesta en escena.

El texto de Edward Albee, que fuera tachado de inmoral en la década de los años sesenta y anunciado cuatro años después en España como solo "para espectadores de sólida formación", atrae al mismo tiempo que repele por la precisión con que desgaja la relación de una pareja deformada por la convivencia de años, el conocimiento de los vicios y secretos del otro, de sus más profundos temores e incapacidades.

Estos personajes mantienen una unión asida a un férreo pacto que durante 20 años de matrimonio los ha llevado, entre otras cosas, a destilar el fracaso a un grado en que ya no pueden comunicarse sin ironía.

Daniel Veronese, director, y Víctor Weinstock, especialista en el universo de Albee, realizador de la adaptación y director residente, eligieron una obra cuya impecable estructura dramática se sostiene en la palabra lanzada como dardo encendido, como flecha de obsidiana que se dirige al blanco, capaz incluso de cambiar, liviana de dirección, cuando lo precisa el juego súbito entre los personajes.

Los diálogos escritos por el dramaturgo estadunidense, ganador en tres ocasiones del Premio Pulitzer, cargados de inteligencia y sarcasmo, no dejan de conmocionar a más de 50 años de haber sido escritos, por su inteligencia, porque expulsan como ráfaga el dolor acumulado, el odio contenido, y por ese humor con residuos de óxido que salpica al acertar en el objetivo.

Interpretada por Blanca Guerra, Álvaro Guerrero, Sergio Bonilla y Adriana Llabrés, la obra es, con ambos directores y con este elenco, un sólido referente en nuestra cartelera.

La primera actriz, Blanca Guerra, construye con brillantez un personaje de una pieza con sus vacíos trocados en fortalezas: franca, dueña de sí aunque devastada, dominante en su territorio que se derrumba mientras avanza en su juego de supervivencia que a final de cuentas es un descenso.

Álvaro Guerrero, actor de gran sensibilidad, a quien hemos visto en El caballero de Olmedo, bajo la dirección de Luis de Tavira, y en Cuarteto con dirección de Ludwig Margules, crea al detalle a un complejo personaje atrapado por su relación laboral, su matrimonio y su propia incapacidad para romper la espiral en que se ha convertido su existencia, nutrida por las fantasías que comparte con su pareja.

Sergio Bonilla interpreta al joven profesor al centro del desconcierto, inmerso en un juego en el que aprende velozmente a responder los desafíos del matrimonio anfitrión, para quienes él y su joven mujer son parte fundamental de la diversión.

Adriana Llabrés invita al espectador a presenciar la transformación de su personaje que inicia de ingenua y dulce esposa y termina en la frágil y desvalida joven que es usada como trampolín por su pareja.

La obra de Albee, llevada al teatro en España bajo la dirección de Lluis Pasqual, con Nuria Spert y Adolfo Marsillach, al cine por Franco Zeffirelli en 1964 y en otra versión bajo la dirección de Mike Nichols, con la interpretación de Elizabeth Taylor y Richard Burton, es también una crítica feroz a la corrupción y al fraude que irradian a la sociedad, en este caso desde una pequeña universidad estadunidense.

El juego cruel que establecen la hija del rector de la universidad y su marido, frente a invitados que les sirven de punching bag y de público para alimentar la ficción que han erigido, equivale al paso del tiempo, al deterioro que sufre la isla en que se ha convertido su relación a la que se aferran, ciertos de que cada día está más cerca su hundimiento.

El cuarteto de actores y la dupla de directores que junto con el escenógrafo Jorge Acosta, Patricia Gutiérrez en el diseño de iluminación, Emilio Vega en el de vestuario, Edher Corte en la iluminación, Mar y Sol Rodríguez en la producción ejecutiva y Arturo Barba, Jorge Trujillo y Jacobo Nazar en la producción, hacen que este montaje se conserve en la memoria emotiva y visual sin que el tiempo pueda empañarlo.