FICHA TÉCNICA



Título obra Cada vez nos despedimos mejor

Autoría Alejandro Ricaño

Dirección Alejandro Ricaño

Elenco Diego Luna

Notas de elenco Adrián Vázquez / entrenamiento corporal

Escenografía Matías Gorlero

Iluminación Matías Gorlero

Música Alejandro Castaños

Notas de Música Darío Bernal / percusiones

Referencia Alegría Martínez, “Humor y nostalgia”, en Laberinto, núm. 577, supl. de Milenio, 5 julio 2014, p. 10.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Teatro

Humor y nostalgia

Alegría Martínez

Autor-director y actor requieren únicamente de un músico con batería, dos sillas, un piso de madera y la luz de cuatro lámparas para llevar al espectador a un intenso recorrido por la vida de un personaje desde el día de su nacimiento, a través de episodios que detonaron fases clave de su existencia, en sincronía con fenómenos naturales y políticos que han transformado nuestro país. Despojado del glamoroso halo que lo persigue a partir de su trabajo en cine y publicidad, el actor Diego Luna destila la experiencia escénica obtenida desde su infancia para construir con honestidad y solvencia a Mateo, un joven mexicano que tropieza consigo mismo en un país que, como él, también lo hace sin cesar.

De la autoría de Alejandro Ricaño y bajo su dirección, Cada vez nos despedimos mejor es un trabajo íntimo en el que intérprete, autor-director y músico vinculan con humor y nostalgia hechos que han sacudido a México desde los años setenta, hechos que marcaron también al protagonista, cuyo nacimiento coincidió en día, hora y hospital con el de la mujer que lo acompañará por encuentros y desencuentros esperanzados hasta el final de su juventud.

Ricaño, casi el único dramaturgo de su generación ocupado en las consecuencias de ser un habitante de nuestro país con sus específicos baches y contradicciones y en cómo éstos lo determinan social e individualmente, crea un interesante juego dramático relacionado con la imagen del planeta Tierra tomada por la sonda interestelar Voyager 2, los sismos de 1985, el error de diciembre, la lucha armada en Chiapas, el asesinato de Colosio, el arribo del PAN a la presidencia, la ignorancia de Fox y la de otro mandatario de quien no se menciona el nombre. Son hechos que tienen relación con imágenes televisivas y fotografías tomadas por la protagonista, presente en los hechos y ausente en escena, una reportera gráfica inmersa en la vida de Mateo.

El joven y desenfadado Mateo cuenta los pormenores de su vida con todo y sonidos, reacciones, subtextos, pensamientos, deseos, preguntas, resignación, expectativa y rabia, con la facilidad de quien camina hacia su pasado, vuelve al momento actual, recuerda, se arrepiente y está ahí de nuevo al momento en que se detiene el suceso para otorgar revelaciones. Así describe y reacciona mediante movimientos cortos, entre sonidos que surgen del trabajo del percusionista Darío Bernal según se requieran y con plena confianza en las palabras que se adhieren al mínimo detalle, mientras el personaje se pregunta por el significado de una frase que nunca pudo escuchar de labios de su madre.

El trabajo de la dupla Ricaño-Luna estructura orgánicamente el texto. La ingenuidad y los temores del personaje lo llevan a culparse a sí mismo y a su madre por la fuerza de su emoción o de su quebranto, que relaciona con la impotencia frente a los sismos de 1985 o con la debilidad por una atracción nueva.

El equipo artístico que incluye a Alejandro Castaños en la composición musical, a Matías Gorlero en la escenografía e iluminación y a Adrián Vázquez en el entrenamiento corporal, transita de lo social a lo individual con brillantez y paso firme en la creación de personajes, imágenes e instantes inalterables que, como el padre de Mateo, cigarro en boca, su madre, Sara o Steve, a quienes nunca vemos, son parte ya de los que conocen parte de su historia, una de tantas, dentro de ese "punto de luz pálida" que nos contiene.

Cada vez nos despedimos mejor propone un lenguaje elíptico en el que las imágenes retoman su lugar de importancia, en el que la pantalla de un televisor Philco, la magia de las líneas y figuras que tomaban forma en un cuarto oscuro, el milagro tecnológico que constituyó la cámara Polaroid Instamatic, la increíble efectividad de una cámara estenopeica, el paisaje íntimo que representa cada una de estas fotografías en nuestra memoria, enlazan y relacionan vidas que se comparten y se alejan.