FICHA TÉCNICA



Título obra Rueda mi mente

Autoría Alejandro Licona

Dirección Alfonso Rigel

Elenco Patricio Castillo

Iluminación Sergio Hernández

Música Kiko Campos / tema original

Vestuario Paulette Caro del Castillo

Referencia Alegría Martínez, “Todo es extravío”, en Laberinto, núm. 572, supl. de Milenio, 31 mayo 2014, p. 10.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Teatro

Todo es extravío

Alegría Martínez

La destrucción de la memoria desmorona al ser humano, acaba con la posibilidad de seguir como hasta antes de esa aniquilación paulatina, como le ocurre al personaje de Habacuc, dramaturgo sobre los 60 años de edad que vive en su pequeño departamento inundado de recados escritos para recordarle mínimas acciones que le permitan continuar con su vida cotidiana.

El escritor que debe asignar un papel de distinto color a cada día de la semana para saber la fecha en que vive, pierde toda certeza cuando un viento revuelve los mensajes que lo guiaban. Sin esta ancla, su mundo está a la deriva, y él sin la posibilidad de explicarse el motivo que lo llevó a sentarse ante su escritorio en ese momento o a llenar de dinero los bolsillos de su saco que pende del perchero.

El dramaturgo Alejandro Licona (México 1953) es el autor de Rueda mi mente, a la que Kiko Campos le escribió el tema original y con la que Patricio Castillo decidió festejar 50 años de vida artística. El también autor de La tamalera diabólica, Raptóla, violóla y matóla y Abuelita de Batman, y cuyo monólogo tiene mucho de sus textos y guiones de televisión, escribe una obra en la que amalgama equilibradamente el humor con la tragedia que vive su único personaje. Las bromas que se auto inflige el entrañable Habacuc sobre la sorpresa que le causa encontrar objetos que le revelan planes perdidos en su mapa mental detonan una risa liberadora pero cargada de nostalgia. El personaje, sin embargo, encuentra en su extravío algunas pistas que le recuerdan lejanamente lo que él quería hacer y lo que otros querían que hiciera. La indiferencia, el desamor y la ingratitud de los hijos quedan subrayados en la indefensión del personaje que el actor chileno sabe proyectar con sencillez y naturalidad, con lo que de inmediato se abre paso en el ámbito emotivo del espectador.

El primer actor Patricio Castillo, a quien hemos visto en obras muy distintas que exigen un amplio registro interpretativo como Jacques y su amo de Milan Kundera bajo la dirección de Ludwik Margules, El monólogo de Einstein de Gabriel Emmanuel, el musical El diluvio que viene o Éxito a cualquier precio de David Mamet, construye sólidamente sobre la escena a este escritor que le habla al espectador, que dirige la mirada a su interlocutor desde la gran interrogación en que se ha convertido su existencia.

Desde el espacio escenográfico diseñado por Claudia Nayeli Ferriz, donde las delgadas paredes blancas con orilla de papel tapiz imitación madera se encuentran en desnivel, resguardando los libreros, el espejo y la máquina de escribir de cartón, que aluden a un lugar irreal, endeble o acotado, Habacuc se percibe de carne y hueso, inconfundiblemente humano.

El montaje, bajo la dirección de Alfonso Rigel, con diseño de iluminación de Sergio Hernández y vestuario de Paulette Caro del Castillo, sugiere que el personaje se encuentra en un espacio demasiado frágil a partir de la escenografía confeccionada en cartón blanco, como si fuera imposible recargarse en la pared, o tomar un libro sin volumen de la estantería. No obstante, la foto de la amada sí es un objeto palpable aun dentro del portarretratos del mismo material: ventana a una época vivida que se conserva intacta.

El personaje, vestido con un pantalón claro de pana, tirantes y corbata de moño, elemento que le indica la posibilidad de una fecha importante, es un hombre de nuestros días, un intelectual con el que podemos cruzarnos por la calle, que deambula en su departamento con la esperanza de encontrar algo que diluya el abismo en que se encuentra.

Patricio Castillo, quien ha puesto su firma de autor en todos y cada uno de los personajes que ha interpretado a lo largo de 50 años, deja en esta ocasión de ser rey, caballero andante, sacerdote, vendedor de bienes raíces y elige ser una persona de a pie en una circunstancia que se ha vuelto común en nuestros días pero que no por eso deja de ser una inmensa tragedia.