FICHA TÉCNICA



Título obra Simulacro de idilio

Autoría David Gaytán

Dirección David Gaytán

Elenco Carlos Orozco, Amanda Schmelz, Miguel Romero, Alejandro Morales, Mileth Gómez, Sara Pinet

Escenografía Mario Marín

Notas de escenografía Lucas Ricoy / video; Salvador Ruiz Carranza / diseño de video y animación

Iluminación Matías Gorlero

Notas de Música Salvador Ruiz Carranza / musicalización

Vestuario Mario Marín

Referencia Alegría Martínez, “Un engranaje basado en la hipocresía”, en Laberinto, núm. 570, supl. de Milenio, 17 mayo 2014, p. 10.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Teatro

Un engranaje basado en la hipocresía

Alegría Martínez

Un alargado pupitre azul con tres sillas sobrepuestas, a manera de trono elevado, sugieren el mobiliario dúctil de un aula con atmósfera enrarecida, donde el director de la escuela discute con un maestro empecinado en guardar las formas y evitar palabras soeces por más que su superior lo incite a pronunciarlas. La escena se antoja divertida y caricaturesca, pero los siguientes acontecimientos están fuertemente sustentados en el universo corrupto que nos acota.

David Gaytán, joven autor y director de su obra Simulacro de idilio, plantea con crudo humor el envilecimiento de nuestro sistema educativo, del matrimonio, la abogacía y en general de un conjunto de reglas que se rompen y se remiendan a conveniencia.

En un microcosmos donde maestra, profesor, director, padres de familia, abogado y alumna se encuentran en disputa por cumplir un objetivo que necesariamente pasa por encima de los deseos del otro, el dramaturgo y director propone un juego en el que los momentos climáticos son interrumpidos por aviones de papel que caen en picada sobre los personajes en pugna, hasta el conflicto donde los mensajes que deben transmitirse en secreto se entregan en un papel verde que el espectador leerá mediante la proyección de su contenido en el lateral de un pupitre.

Como un tablero de sorpresas en el que diálogos y acciones descubren la doble intención de los personajes cuyas fantasías, en uno de los casos, son transformadas en animaciones que el espectador observa como si pudiera acceder a la mente de quien las genera, Simulacro de idilio muestra el engranaje de una sociedad que pule obstáculos basados en la hipocresía.

Gaytán realiza una crítica ácida, sencilla y con humor, a una parte de nuestra realidad más aceptada, el cohecho adherido a las plazas magisteriales. El planteamiento, enriquecido con otros puntos de conflicto entre los personajes, encuentra un buen cauce dramatúrgico que emerge de un tono exacerbado coherente con la lógica de los acontecimientos cada vez más reveladores de la baja conducta de los involucrados. Ningún personaje queda incólume.

Con un experimentado elenco integrado por Carlos Orozco, Amanda Schmelz, Miguel Romero, Alejandro Morales, Mileth Gómez y Sara Pinet, el director y dramaturgo plantea un juego interesante, ágil y ameno que transita libremente por las obstrucciones que se levantan en la ruta hacia el objetivo de su personaje, ya sea que se trate de un nuevo amante, un divorcio, una plaza o una relación no permitida.

Mario Marín diseña el espacio escenográfico que resuelve eficazmente el salón de clases, la oficina del director y el multiespacio escolar al centro del escenario como si se tratara de una pasarela amueblada, donde las tapas de los pupitres sirven de pantallas y la combinación de distintos niveles abre paso a un buen juego sobre la jerarquía dramática momentánea de los personajes.

El diseño de vestuario, del mismo Marín, nos acerca aún más a estos personajes salidos de nuestra más sobada realidad que se desenvuelven bajo la acertada iluminación de Matías Gorlero y comunican algunos de sus deseos a partir del diseño de video, musicalización y animación de Salvador Ruiz Carranza y el video de Lucas Ricoy.

Gaytán, quien articula con imaginación la creatividad de todo el equipo, deja correr la acción al centro de la escena con los personajes que ésta requiere, mientras los que no participan toman asiento al fondo del escenario en una alargada banca desde donde observan, callan y reaccionan discretamente a lo que sucede, lo que crea una comunicación refleja con el público que mira lo que ven los personajes desde su banca y lo que hacen quienes están en acción pero, a su vez, ese público también es mirado.

No hay tregua en este Simulacro de idilio que se resquebraja al ritmo de la Oda a la alegría, mientras los personajes cantan a coro y pronuncian en alemán las estrofas de An die Freude, como si exhalaran todos a un tiempo el peso de la amistad, la nobleza y la hermandad transformadas en estorbo.