FICHA TÉCNICA



Título obra Los perros

Autoría Elena Garro

Dirección Sandra Espinosa

Grupos y Compañías Grupo Cuarto menguante

Elenco Érika Franco, Coral Olguín, Arturo Adriano, Julián Villeda, Izcóatl Trejo

Escenografía Ricardo García Luna

Iluminación Luis Zamora

Música Miguel García / música original y guitarra

Notas de Música Luis Zamora / diseño sonoro

Referencia Alegría Martínez, “Esplendor de infortunio”, en Laberinto, núm. 565, supl. de Milenio, 12 abril 2014, p. 10.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Teatro

Esplendor de infortunio

Alegría Martínez

Al mismo tiempo en que se conmemora un siglo del nacimiento de Octavio Paz, un grupo de teatro joven y una directora que retoma el camino llevan a escena, con sencillez y genuino aprecio a su poética, Los perros de Elena Garro.

Tres bardas de madera frágil recortan el horizonte con sus puntas desiguales hacia un cielo que no puede verse. Úrsula y Manuela, hija y madre, están a la orilla de un día de festejo, una fecha determinante que esperan les otorgue un cambio de suerte.

Sandra Espinosa dirige a los integrantes del grupo Cuarto Menguante y juntos profesan fidelidad a la dramaturga que plasmó la metáfora de la violencia en parlamentos de acción contundente y de esplendor poético.

Pasos que empiezan su búsqueda por el camino de palabras imprescindibles, de frases que se hunden en la tierra, de imágenes continuas sobre un escenario que los contiene en un andar nuevo al redescubrir lo expuesto con sabiduría por una dramaturga esencial.

Como si el tiempo se hubiera congelado en ese 1960 en que fue escrita la obra, publicada cinco años más tarde, el destino de las mujeres en los rincones de nuestro país, como el de los personajes de esta obra, permanece sujeto a la espiral de la agresión y el abuso.

La sabiduría de Elena Garro, el conocimiento seguramente adquirido en sus años de vida en Iguala del machismo, la marginación y el atropello, emergen de la interpretación de estos jóvenes actores que, si bien requieren de más trabajo y experiencia, alcanzan el impulso para abordar la obra con buenos resultados.

Aunque es patente la necesidad de estos actores de realizar un arduo trabajo con la voz, que en muchos casos es materia olvidada por los centros de formación, consiguen la resonancia en frases clave del texto como "El misterioso poder de las palabras que pueden ser más peligrosas que un cuchillo"; "El silencio dichoso, solo en el día de la fiesta se apacigua"; "¿No has oído cómo huyen las pezuñas del demonio cuando somos muchos"...

La historia cuenta la soledad que rodea a la joven Úrsula y a su madre Manuela, interpretadas por Érika Franco y Coral Olguín. A la par del miedo de la joven se percibe la resistencia de la madre al infortunio, envuelta en un añejo encono resignado.

La música original de Miguel García, el diseño sonoro y la iluminación de Luis Zamora y la escenografía de Ricardo García Luna aportan elementos útiles de apoyo.

Arturo Adriano, Julián Villeda e Izcóatl Trejo en el rol del primo Javier, y los Tejones, como los cómplices, se acercan pero también se alejan de la compleja textura que exigen unos personajes cuya expresión requiere precisión en su objetivo y mayor diversidad de reacción al estímulo de los personajes.

Por otra parte, la intervención de Miguel García en la guitarra podría remitirse a la interpretación, mientras arriba a la difícil labor de estar ahí sin encarnar a un personaje.

La propuesta escénica de una obra que Sandra Félix llevó a escena hace ya algunos años tiene la bondad de ser un trabajo joven y honesto que se arroja a la mar de un texto hermoso, complejo y revelador.

Sandra Espinosa conduce a estos jóvenes por la compleja, sutil y frágil ruta de una obra poética que muestra conocimiento, sabiduría y belleza ante el foso de la inclemencia. Solo falta recorrer, en el caso de algunos intérpretes, la ruta propia hacia el autodescubrimiento, el significado, el peso de cada palabra, las imágenes que Elena Garro nos ha heredado.