FICHA TÉCNICA



Título obra Prohibido desear

Notas de Título Integrado por las obras El verdugo y el condenado a muerte y La paloma de la paz de Hugo Yoffe, Eva y Adán escrita por Jacobo Levy y ¡Despierta, oigo ruido! de Tomás Urtusástegui

Dirección Enrique Singer

Elenco Ricardo White, Roberto Uscanga, Héctor Kotsifakis, Isabel Piquer, Juan Carlos Medellín

Escenografía Edyta Rzewuska

Música Héctor Barbone

Espacios teatrales Foro Shakespeare

Referencia Alegría Martínez, “Prohibido desear”, en Laberinto, núm. 547, supl. de Milenio, 7 diciembre 2013, p. 10.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Teatro

Prohibido desear

Alegría Martínez

Prohibido desear plantea, de inicio, una orden inejecutable y es, al mismo tiempo, el título que integra cuatro obras de teatro breve cuyos personajes se encuentran invadidos por el anhelo de vivir, de dejarse llevar por la pasión, de darle continuidad a las relaciones de doble filo, o se hallan arrinconados frente la necesidad de sentirse seguros en su hábitat.

Envueltos en circunstancias que accionan su voluntad por encima de la negación permanente, los personajes de las obras El verdugo y el condenado a muerte y La paloma de la paz de Hugo Yoffe, de Eva y Adán escrita por Jacobo Levy y de ¡Despierta, oigo ruido! de Tomás Urtusástegui, reflejan con fidelidad la caricatura en que se transforma el ser humano sujeto por su obsesión y sus múltiples pasiones.

Las cuatro obras cortas de esta propuesta, conviven en un mismo escenario dividido en tres partes que comprenden cocina, sala y habitación, expresadas en un ciclorama que ofrece la vista de la planta de cada espacio colocada de manera vertical. Ingeniosa solución de Edyta Rzewuska, que apoya el tránsito fluido de situaciones y personajes en una cotidianidad de historieta de doble dimensión, en la que los elementos tangibles son solo algunas sillas, mesa, cama y una reja de barrotes, objetos hasta los que llegará la luz negra generadora de una atmósfera lúdica, impregnada con la musicalización y efectos de Héctor Barbone, que resaltan el contradictorio juego al que hemos sido invitados.

El verdugo y el condenado a muerte es una obra cuyo tono toma por sorpresa al espectador que quizá no espera un duelo psicológico entre estos dos personajes que discuten ante la mesa de carnicería mediante un diálogo de preguntas y respuestas rumbo al camino de una satisfacción cercana, para al menos uno de los dos duelistas.

A ratos demasiado ligera en su compleja exigencia de interpretación, a pesar de su buena factura dramática, esta primera obra busca incluidos los hallazgos, un tono homogéneo que conduzca al espectador a una completa entrega.

Eva y Adán, en cambio, es un montaje redondo y próspero en el que Héctor Kotsikakis e Isabel Piquer interpretan a la pareja que ha cambiado el paraíso por un departamento y el fruto prohibido por una taza de café. Obra en la que ambos actores construyen unos deliciosos personajes pendientes de su deseo y su duda ante unos jueces de historieta cuya autoinvestidura divina les da licencia para intentar censurar a una pasión líquida y cálida que recorre a una Eva y un Adán de hoy, sin voluntad real para despreciar sorbos del adictivo elíxir con cafeína.

La paloma de la paz muestra con precisión esa especie de huracán en que se puede convertir una reunión de amigos que juegan póquer, cuando más allá de fichas, naipes y monedas, está en juego la intimidad de cada uno lanzada al vuelo como inesperadas bofetadas, entre bromas y preguntas que se tornan silencio que otorga respuestas.

Divertida, cruda y esclarecedora de lo que se pone, arriesga en esas reuniones solo para hombres en las que los viejos rencores se agigantan a la luz del fracaso actual, el progreso, la tranquilidad y la indolencia ajenas, La paloma de la paz es como un vaso de agua fría lanzado al rostro del personaje en descenso y un latigazo de carcajada corta para el espectador que descubre, junto con el hombre insatisfecho, la vileza bajo el manto de la amistad.

¡Despierta, oigo ruido! es la obra en la que los únicos personajes visibles nutren su ansiedad permanente con estrategias que van en contra suya; fiel reproducción de la psicosis que oprime a algunos habitantes de esta ciudad, puestos aquí en evidencia en el extremo del temor y de las medidas de protección que en su exageración, golpean con dureza una realidad palpable al tiempo en que abren una válvula de oxígeno al espectador a través del humor que libera el ridículo.

Ricardo White, Roberto Uscanga, Héctor Kotsifakis, Isabel Piquer y Juan Carlos Medellín, bajo la dirección de Enrique Singer, realizan una buena traducción escénica de estas obras que nos hacen reír y nos dan un respiro no exento de reflexión, sobre nuestra eterna persecución del deseo y sus perfectos mecanismos de exterminio en el instante mismo de su cumplimiento.