FICHA TÉCNICA



Título obra Adiós Carlota

Autoría Gerardo Ballester

Dirección Artús Chávez

Notas de elenco Andrea López, Patricio Torres, Eunice A. Moreno, Guram Lubaggi, Gerardo Ballester, Diego Alba, Jennifer Soler, Andrea Avilés / Paola Vives / manipuladores

Música Deborah Silberer

Notas de vestuario Rocío Franzoni / vestuario de los títeres; Emilio Rebollar / vestuario de los manipuladores; Bernardo Horcasitas /peluquería

Espacios teatrales Museo del castillo de Chapultepec

Productores Ana Bracho, Berenice González

Notas de productores Fabiola Peña / productora asociada; Isaías Martínez / codirector de escena; Andrea López Ríos / asistencia de producción

Referencia Alegría Martínez, “Los recuerdos de Carlota”, en Laberinto, núm. 539, supl. de Milenio, 12 octubre 2013, p. 10.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Teatro

Los recuerdos de Carlota

Alegría Martínez

Los recuerdos de Carlota de Habsburgo toman forma en su habitación, junto a la luna de su tocador, de su breve cama y de un reloj que parece haberse detenido. La emperatriz ha envejecido. Sus inmensos y expresivos ojos destacan enmarcados por su blanco cabello. Quien fuera esposa de Maximiliano se hace presente en el cuerpo de un títere, de una muñeca silenciosa y doliente. Adiós Carlota es un montaje hecho con títeres hiperrealistas, muñecos que dan la impresión de que respiran, miran, tocan, sienten y piensan sin intervalos ni pausa.

Realizados con una minuciosidad artística que cuida al detalle la percepción que el espectador pueda tener de la textura de su piel, de la inclinación de su cabeza, del movimiento de sus ojos, de sus manos, dedos y tronco, los personajes de Carlota y Maximiliano, ataviados con el gusto de la realeza, dan la impresión de haber renacido, aunque de menor estatura a la que tuvieron en vida.

Escrita por Gerardo Ballester –también diseñador y constructor de títeres–, bajo la dirección de Artús Chávez, la obra nos conduce a la habitación de quien fuera princesa de Bélgica, donde el espejo es a un tiempo ventana, puerta mágica que conduce al pasado, reflejo del presente y del vacío por instantes, pasadizo de fantasmas, de recuerdos anclados por siempre; encuadre que succiona por instantes la imagen.

En esta obra, en la que no hay palabras, la música original de Deborah Silberer, con su interpretación al piano, nutre y enriquece la atmósfera a partir del conjunto de notas que articulan piezas en relación con lo que sucede en escena, creando un lenguaje sonoro característico de cada momento.

Adiós Carlota es una propuesta que acude con precisión al significado, a la metáfora poética y plástica que se expresa a partir de un leve movimiento del personaje, de una reacción o un gesto y de la contundencia de los objetos que subrayan el valor de lo cotidiano.

Maximiliano, su fantasma, su despojo en la mente de Carlota joven y anciana con un gancho a su fantasía; una enfermera, una sensual habitante de México, un colorido Quetzalcóatl que transita el espacio, cobran vida gracias al minucioso trabajo de 5 manipuladores de muñecos y 4 de luz que generan el prodigio, como afirma Heinrich von Kleist en Sobre el teatro de las marionetas: “estos muñecos tienen la ventaja de ser antigravitatorios. Nada saben de la inercia de la materia, de las propiedades la más opuesta a la danza, porque la fuerza que los eleva por los aires es mayor que aquella que las ata a la tierra. (..) Los muñecos, como los elfos, necesitan el suelo tan solo para rozarlo (…) al hombre le es absolutamente imposible siquiera igualar al títere en ello. En este campo, solamente un dios podría medirse con la materia; y aquí está el punto en que ambos extremos del mundo anular se tocan”.

Un trabajo de esta naturaleza con títeres adultos, protagonistas de un fragmento del desconsuelo, exige la participación de un amplio equipo en el que participan Ana Bracho y Berenice González como productoras, Fabiola Peña como productora asociada, Isaías Martínez, codirector de escena, Andrea López Ríos, asistente de producción, así como los manipuladores Andrea López, Patricio Torres, Eunice A. Moreno, Guram Lubaggi, Gerardo Ballester y los manipuladores de luz, Diego Alba, Jennifer Soler, Andrea Avilés y Paola Vives, junto a Mayela Gallardo y Dayan Jiménez que son asistentes en función. Rocío Franzoni diseña el vestuario de los títeres, Bernardo Horcasitas la peluquería, y Emilio Rebollar el vestuario de los manipuladores.

Este acercamiento a la densidad emotiva de una Carlota, férrea enamorada, presa de su dolor y su delirio tras los flejes de un miriñaque que se vuelven los barrotes de su encierro, es también una mirada a un México cuyas hondas contradicciones reivindican a sus habitantes, sin palabras con música, silencios e imágenes imborrables, como la de una agónica emperatriz anciana que se despide de la vida y de quienes le han dado alma y movimiento a través de un intenso y entrañable diálogo de miradas.