FICHA TÉCNICA



Título obra Salomé

Autoría Oscar Wilde

Dirección Mauricio García Lozano

Elenco Irene Azuela, José Sefami, Leonardo Ortizgris, Aída López, Américo del Rio, Fernando Memije, Daniel Haddad, Adonay Guadarrama, Harding Junior, José Carriedo, Héctor Berzunza

Escenografía Jorge Ballina

Notas de escenografía Felipe Lara / utilería especial; Gerardo Ballester Franzoni / realización de prostético

Iluminación Ingrid Sac

Coreografía Antonio Salinas

Música Pablo Chemor

Vestuario Mario Marín del Río

Espacios teatrales Teatro Helénico

Referencia Alegría Martínez, “Salomé”, en Laberinto, núm. 529, supl. de Milenio, 3 agosto 2013, p. 11.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Teatro

Salomé

Alegría Martínez

La gran terraza en el palacio de Herodes situada sobre la sala de banquetes que describe Oscar Wilde en su obra Salomé, ha sido transformada en un gran mingitorio, espacio donde tiene lugar la tragedia en un acto que protagoniza con soltura y brillantez la actriz Irene Azuela, como si el significado de este entorno, la estrechez del lugar, el irremediable acoso corporal de los personajes invitados al cumpleaños del Tetrarca que parecen adherirse al muro de pequeños azulejos para poder permanecer dentro de la escena, y la pila con agua al centro, no implicaran obstáculo alguno para el libre tránsito de la princesa de Judea y los convidados del rey.

El montaje que dirige Mauricio García Lozano, da inicio con un hombre que orina de espaldas al público, es Namaán, el verdugo, quien al terminar se lava las manos en la pileta que ocupa un lugar estratégico al centro del escenario, tanto para lavarse cotidianamente, como para apoyar más tarde los movimientos de Salomé, refrescar el posterior sofoco de Herodes y para cubrir después con eficacia escenográfica, el horror que culmina con una enferma pasión.

Alienta la producción de este texto de Wilde digno de escucharse y de observar su traducción en la escena, hoy a cargo de un equipo de dos como el que han conformado hace ya tiempo Jorge Ballina y García Lozano, quienes cercan a los personajes en un simbólico semicírculo blanco que remite a los poderes enigmáticos de la luna y las antiguas termas, lugares de reuniones sociales y religiosas, aptos para la purificación de cuerpo y espíritu.

Aunque resulta extraño y ciertamente chocante ver a la reina Herodías y a la princesa Salomé de pie dentro de un baño, que si bien conserva la necesaria cisterna–calabozo, encierro del profeta Jokanaán, también es el lugar de recepción de la orina masculina que los personajes utilizan con desenfado, el montaje condensa mediante su tratamiento la disputa permanente de los comensales sobre la religión, como si estos conflictos y desacuerdos se mantuvieran a nivel de un murmullo cual marea constante, cuyo sonido acentúa el atractivo imán de una Salomé joven, sensual e impúdicamente sagaz e ingenua.

Irene Azuela, ataviada con un vestido en color hueso y botones de perla que deja asomar algún encaje, cubiertas sus piernas con medias blancas caladas y sus pies con zapatos de charol blanco, interpreta a una princesa que nos remite a una rica colegiala en día de gala, que sigue de largo ante los impedimentos obstructores de su venganza con la fuerza de una vehemencia extrema que se contiene apenas frente a la posibilidad del fracaso.

La Danza de los Siete Velos que la acotación exige del joven personaje, sufre en este montaje una conversión afortunada y casi hipnótica mediante el trabajo que la actriz realiza sin gasa alguna, a partir del diseño corporal y coreográfico de Antonio Salinas, en contrapunto con la música original y dirección musical de Pablo Chemor y, desde luego, a la interpretación actoral y musical de José Sefami quien, como el lujurioso Herodes, guía al elenco masculino por el camino de una intensa percusión en concierto.

Con Leonardo Ortizgris en una honesta interpretación del profeta Jokanaán, Aída López como la soberbia reina Herodías, Américo del Rio en el rol de solícito y desdichado joven sirio, Fernando Memije, Daniel Haddad, Adonay Guadarrama, Harding Junior, José Carriedo y Héctor Berzunza como los convidados a presenciar la verificación de los funestos presagios, el elenco de esta puesta en escena junto con las aportaciones ya mencionadas, que incluyen a Mario Marín del Río en el diseño de vestuario, Ingrid Sac en el de iluminación, Felipe Lara en el diseño de utilería especial y Gerardo Ballester Franzoni en la realización de prostético, la actual Salomé inmersa en un juego escénico especialmente erótico y sangriento, es un buen espectáculo.

Todo parece haber estado preparando el momento en que Salomé queda en blanca ropa interior, exhausta y satisfecha de su hazaña, lista para exigir su recompensa y besar al decapitado que en vida rechazó a la joven virgen como la luna.