FICHA TÉCNICA



Título obra Intersticios

Autoría Diego Álvarez Robledo

Dirección Diego Álvarez Robledo

Notas de dirección Lucía Uribe Bracho / asistencia de dirección; Nora Cueto / stage manager y asistencia de dirección de actores

Elenco Mariana Castro, David Gaitán, Miriam Romero, Javier Sánchez

Notas de escenografía Braulio Amadís y Diego Álvarez / dispositivo escénico

Notas de Iluminación Daniel Ruiz Primo / programación multimedia

Música Juan Pablo Méndez y Diego Álvarez

Espacios teatrales Teatro El Milagro

Referencia Alegría Martínez, “La ruleta rusa de la rememoración”, en Laberinto, núm. 520, supl. de Milenio, 1 junio 2013, p. 10.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Teatro

La ruleta rusa de la rememoración

Alegría Martínez

La certeza de que las calles de la Ciudad de México desbordan historias extremas, detona la obra Intersticios, laboratorio de acontecimientos narrados por personas que son y dejan de ser protagonistas para escuchar, intervenir, oponer, contradecir o acompañar a cada uno de los personajes que surgen y se desvanecen según lo requiera cada fragmento.

Una especie de ruleta rusa de la rememoración o emergencia del suceso, cobijada por una estructura tubular con mesa de madera al centro, reúne a cuatro adictos a historias, propias o no, que se liberan ante espectadores ubicados alrededor del circuito de actuantes.

Cual círculos concéntricos conformados por seres humanos, uno activo y otro en apariencia pasivo desde su butaca, ambos reaccionan de distinto modo a partir del estímulo que descarga cada palabra, sonido e imagen, cual piedra lanzada al agua.

El rumor, aullido, golpeteo, nota, gemido, grito, el ritmo y la energía, surgen del centro y regresan, como si se estrellaran con las historias escuchadas, vividas o adivinadas.

Diego Álvarez Robledo en la dramaturgia y dirección; Mariana Castro, David Gaitán, Miriam Romero y Javier Sánchez en la interpretación; Daniel Ruiz Primo en la programación multimedia junto con Braulio Amadís y Diego Álvarez en el dispositivo escénico, la música de Juan Pablo Méndez y Diego Álvarez, así como la asistencia de dirección de Lucía Uribe Bracho y Nora Cueto como stage manager y asistente de dirección de actores, invierten un arduo trabajo que integra los múltiples elementos necesarios para articular un universo de historias amargas.

Intersticios es la parte II de la Trilogía terminal, cuya primera sección (Axolótl, Terminal), recibió en el 2011 el Premio Nacional de Dramaturgia Joven Gerardo Mancebo del Castillo que cumplió temporada en el 2012.

La planta baja del Teatro El Milagro, abre espacio a este montaje junto a una malla de alambre, sobre piso de yeso y enseres con polvo y abandono, donde el conjunto, incluidos sus altos muros sin vestir, remiten al espectador a un sótano, un estacionamiento, a la bodega de un edificio, o a ese lugar al que se llega a escondidas en busca de complicidad y atmósfera secreta.

Allí, la verdad se transforma en pregunta que exige confirmación por su fragilidad y textura. La muerte es una sombra pegajosa, el sentido de las cosas se diluye, el horror y la violencia se mezclan tersamente, como si no pesaran sus despojos.

En esta obra, donde sin embargo hay un hombre/peste que puede ser amado, una silla de ruedas que se utiliza y se abandona, un breve quiosco tubular que clama ser escalado, una ceguera altiva, un tartamudeo delirante y la risa aferrada a historias de un dolor intruso, la búsqueda y la posibilidad de reconstruir los hechos son elementos clave, tanto dentro de la ficción como en el planteamiento del montaje y hacia el interior de quienes observan.

Intersticios tiene un fondo que nos engulle en la relación que cada quien guarda con trágicas o descabelladas historias gestadas en un hábitat monstruoso como el que nos contiene en la Ciudad de México.

El planteamiento de eco multiplicador y desesperante, cual golpe sordo que a ratos se magnifica, diluye o repite partes de historias rotas, modificables según se narren, propone un juego caótico que se regenera y eterniza.

Convendría, no obstante, equilibrar, abrillantar los hallazgos individuales y de grupo, no solo en cuanto a medir la extensión de las historias, su pertinencia y la necesidad de retomarlas, sino también analizar la dicción, el volumen y el juego de voz y sonidos. Cuidar la dosificación de las intervenciones hacia la búsqueda de su nitidez y un estricto autocontrol del regodeo que genera espontáneamente encontrar la vía de expresión adecuada para lo que resulta imperante decir.