FICHA TÉCNICA



Título obra Quiela

Notas de Título Basada en las cartas imaginarias escritas por Elena Poniatowska

Notas de autoría Guillermo León / adaptación

Dirección Guillermo León

Notas de dirección Carmen Flores / asistencia de dirección

Elenco Odille Lauría

Notas de escenografía Carlos Calvo / asesoría en espacio; Tatiana Vázquez / marioneta

Notas de Iluminación Carlos Calvo / asesoría en iluminación

Notas de coreografía Miguel Malpica / entrenamiento

Música Guillermo León y Xicoténcatl Reyes

Vestuario Edith Traverso

Espacios teatrales Teatro La Capilla

Referencia Alegría Martínez, “Quiela”, en Laberinto, núm. 508, supl. de Milenio, 9 marzo 2013, p. 10.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Teatro

Quiela

Alegría Martínez

Angelina Beloff se hace presente en el escenario. Sola, a la espera de palabras, de una esperanza que no se cumple, abrazada a la sombra de un amor que se alimenta de admiración y recuerdos en Quiela, obra basada en las cartas imaginarias escritas por Elena Poniatowska, reunidas en su texto Querido Diego, te abraza Quiela.

La actriz Odille Lauría interpreta fragmentos de lo que pudo padecer la pintora rusa ante la partida de su esposo Diego Rivera, luego de convivir 12 años y procrear un hijo que falleció antes de cumplir dos años.

Las palabras elegidas por Elena Poniatowska para exponer el precipicio existencial de una mujer que ha depositado en su hombre la motivación de su vida, cobran otra dimensión al pronunciarse sobre la escena.

Con adaptación dramatúrgica y dirección de Guillermo León, este trabajo escénico que se presentó en Francia, se centra en el daño que provocó en Angelina Petrovna Belova (1879–1969), el silencio y la ausencia del artista plástico mexicano, quien la dejó sola en París en 1921 con el peso de la muerte de su pequeño hijo.

La selección del material epistolar para la escena, conduce al espectador por la textura del sufrimiento, más que por aquellos pasajes también presentes en el texto que, aunque breves, muestran el posterior empoderamiento de la paisajista y grabadora.

No obstante, Guillermo León acierta al eliminar ciertos pasajes en que el personaje femenino llama con su mote cariñoso al pintor que en 1929, ya en México, fuera expulsado del Partido Comunista.

Una Angelina desolada habita el espacio donde una maleta, una silla, el saco de Diego, sus zapatos marrón y algún papel, apoyan la narrativa escénica que fluye sin tropiezo hasta topar con el delirio del personaje que, una vez ahí, salta hacia la desmesura rozando la farsa en un desequilibrio tonal que produce una grieta considerable en la construcción de la ficción previamente conseguida.

Odille Lauría, sin embargo, se recupera pronto del escollo y hace que Angelina Beloff prosiga hacia la oportunidad de una liberación que antes se percibía imposible.

Quiela es un trabajo joven que conmueve y subraya ese propagado mal en el que un gran porcentaje de mujeres se demora, a veces irremediablemente. Espejo de aumento que enfatiza el devalúo en el que se cae en nombre de un amor que destruye desde la indiferencia y el abuso ante una generosidad desbordada.

“Angelina me dio todo lo que una mujer puede brindar a un hombre. En cambio, ella recibió de mí, toda la miseria que un hombre puede infligir a una mujer.” Llegó a aceptar el muralista, de quien guardamos imágenes plenas de ternura hacia Frida.

La puesta en escena, que parece arribar al menos tres veces a un final que no llega, alude a la etapa como escenógrafa, ilustradora y educadora de la Beloff cuando llega a México, once años después de la partida de su amado. Entonces, el personaje regresa con la actriz en plenitud a la escena y la empatía con el público se afianza.

Un vestuario que se apega fielmente al Retrato de Angelina Beloff que pintara Rivera en 1909, donde la retratista posa con blusa blanca de cuello alto y encajes, añade una falda marrón en el diseño de Edith Traverso que completará con un calzón largo y un sostén con aires de antaño confeccionado en materiales más actuales que los del París del 1900.

Con asesoría en iluminación y espacio de Carlos Calvo, quien enmarca con colores contundentes el fondo del escenario para delimitar cambios de lugar y transiciones emotivas, acotados por el sonido de Guillermo León y Xicoténcatl Reyes que acuden a suaves notas de piano; con la asistencia de dirección de Carmen Flores, el entrenamiento de Miguel Malpica y la marioneta de Tatiana Vázquez, Quiela siembra imágenes, interrogantes y admiración por la acuarelista, grabadora e ilustradora, que nos legó además de su obra plástica, el texto Muñecos Animados. Historia, técnicas y función educativa del teatro de muñecos en México y en el mundo, editado por la SEP en 1946.