FICHA TÉCNICA



Título obra Sobre el daño que hace el tabaco

Autoría Antón Chéjov

Dirección Héctor Bonilla

Elenco Héctor Bonilla

Notas de vestuario Sofía Álvarez / maquillaje y peinado

Espacios teatrales Teatro Juan Ruiz de Alarcón

Referencia Alegría Martínez, “Sobre el daño que hace el tabaco”, en Laberinto, núm. 506, supl. de Milenio, 23 febrero 2013, p. 10.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Teatro

Sobre el daño que hace el tabaco

Alegría Martínez

Héctor Bonilla cumple 51 años de realizar una misión delicada, para muchos clandestina: recorrer diversas entidades del territorio nacional en los zapatos de Ivan Ivanovich Husmeadorov, el personaje de Chéjov de Sobre el daño que hace el tabaco, que por única ocasión pudo verse en el Teatro Juan Ruiz de Alarcón de la Ciudad de México, donde el actor habló del dramaturgo ruso, de lo que le impulsó a escenificar esta obra, e intercambió impresiones con 450 espectadores.

Con pantalón oscuro, camisa clara, tirantes y sin maquillar, el actor salió a escena a hablar con las personas que esperaban ver una función común desde sus butacas. Bonilla, con la sencillez que lo caracteriza, platicó cómo fue que hace tanto tiempo, empezó esta labor de itinerancia con este texto convertido en monólogo.

Recordó entonces que tiempo atrás, Adam Guevara le propuso participar en el montaje del Cantar de mío Cid, a lo que accedió, feliz de encarnar a ese personaje que entró de la mano con su novia a un museo donde fue violentado por ella para que fuera un héroe. “¡Él solo quería pasear con su chava!”. En aquella escenografía que semejaba enormes cadenas, por cierto llenas de orines, el actor se sentía fascinado de hacer ese papel, ignorante de que la obra estaba destinada a ser vista por estudiantes de secundaria que les mentaban la madre a los actores en cuanto se apagaban las luces.

“Evidentemente queríamos matarlos, pero a medida que les decíamos a los chavos de qué se trataba la obra, en la plática que se hacía al final, ponían cara de: ‘¡Lo que me perdí!’. Me nació entonces la idea de hacer esta plática previa y de llevarlos al camerino conmigo, a medirme el vestuario y a maquillarme.”

Una breve puesta en contexto: desde 1844, la relación del autor con Stanislavski, con Némirovich Danchenko, con su novia, la actriz Olga L. Knnipper, y su trabajo en el Teatro de Arte de Moscú, son parte de la narración que hace el actor antes de mencionar que Sobre el daño que hace el tabaco es un texto cargado de misoginia, en el que el protagonista es un pobre hombre que soñó con ser un profesionista universitario y se casó con una mujer, con la que procreó siete hijas, que lo fue minimizando hasta que acabó matando chinches y sacando a pasear al perro.

Tras comentar que 28 de los 51 años que lleva interpretando este monólogo ha sido apoyado por Sofía, su mujer, en el maquillaje y el peinado, la también actriz y productora entró al escenario cargada de bártulos para transformar al actor en un viejo frágil, desaliñado y narizón, con una pequeña pancita abultada gracias al cojín que fuera de su hijo Fernando, y que aún usa para crear este efecto.

Ivan Ivanovich Husmeadorov está ya sobre el escenario, con una cauda de años sobre su espalda, y el actor hace que el personaje, ante una audiencia que espera escuchar advertencias sobre el tabaco, se adentre en su desdichada existencia; un ser al que, como le sucede a muchos personajes de Chéjov, se le fue la vida irremediablemente, sin lograr lo que hubiera querido.

Bonilla entra en la farsa y en el melodrama, como bien lo dijo, su personaje incomoda a la gente que espera por fin el tema anunciado. El Husmeador hace del público su confesor de mil cabezas, bromea, se ríe de sí con la voz agrietada y le desesperanza colgando. El actor, que se autodirge, ha causado el efecto esperado y sale, para volver a entrar como Bonilla, a conversar con sus espectadores.

Pocos actores se toman la molestia de acercarse verdaderamente a esas personas para quienes dicen trabajar. Héctor Bonilla lo hace espontáneamente, con generosidad y paciencia. Escucha las interrogantes, pocas, calla pacientemente ante las largas exposiciones de personas que sólo quieren jalar un poco de atención sobre sí, alardear de lo que saben o ignoran, pero por principio son tomados en cuenta.

Husmeadorov, Bonilla y Sofía, han creado una tarde de teatro, han abierto una puerta secreta y seguramente, habrán seducido a personas que antes ignoraban la riqueza de este arte.