FICHA TÉCNICA



Título obra La ley del ranchero

Autoría Hugo Salcedo

Dirección Edgar Valadez

Notas de dirección Héctor Iván González Ramírez / asistencia de dirección

Elenco Edgar Valadez, Héctor Iván González Ramírez, Elizabeth Pedroza, Emiliano Yáñez, Gilberto Alanís, Itzel Aparicio, José Juan Sánchez, Sergio Rued, Guillermo Revilla

Escenografía El Loco Teatro

Iluminación Braulio Amadis

Música El Loco Teatro

Vestuario El Loco Teatro

Espacios teatrales Foro La gruta

Referencia Alegría Martínez, “Secretos”, en Laberinto, núm. 502, supl. de Milenio, 26 enero,2013, p. 10.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Teatro

Secretos

Alegría Martínez

Un paradero abierto a la reunión de hombres en su mayoría –antro abierto al placer– nos hace pensar que en cada habitación tiene lugar una escaramuza, una relación sexual múltiple o un encuentro físico casual que pasará a mayores. Los personajes entran y salen para dar paso a la urdimbre creada por el autor que nos hace partícipes de la circunstancia en la que cada cliente se ve cercado, ya sea por su deseo sexual, por un conflicto con viejos antecedentes, un episodio de desesperación y duelo al mismo tiempo, o por la oportunidad que se presenta ante la desventaja de otro.

Inmersos en la estética de la historieta vaquera, incluido el vestuario que comprende jeans, botas, cinturón, camisa a cuadros o con motivos alusivos a estos recios machos del norte, –donde lo habitual es que haya balazos, venganzas, golpes, cachondeos y bellas damiselas–, los personajes de esta obra nos sorprenden, en cambio, con una dinámica de la violencia que permea el ambiente junto con una ansiedad infinita.

Compleja, sórdida, dolorosa y con un humor de sabor amargo, La ley del ranchero de Hugo Salcedo plantea un fragmento del universo homosexual, que bajo el perfil de macho indomable, disfraza la necesidad urgente y abrupta de un amor o un encuentro sexual a la altura de su vacío, sin desprenderse de su porte.

Una mesa, sillas forradas con papel de historieta y tres plotters con portada y viñetas ampliadas de El libro Vakero (con K), acotan el espacio escénico a dos niveles, sobre el que se agrega una breve ventana que enmarcará con un sonido detonador, un suceso irremediable.

La dirección de Valadez –quien encarna con soltura y arrojo el amenazante personaje de Kid–, conduce por buen camino al elenco de este montaje, que al correr de las funciones obtendrá más hallazgos en la ruta de unos personajes que aún esconden secretos de interpretación por descubrir.

Valadez tendrá que evaluar si en una puesta en escena donde la mayoría de los personajes son vaqueros que se quieren ver muy machos, conviene que todos los actores pertenezcan al sexo masculino, o si como decidió –sin menoscabo del trabajo realizado por las actrices– los personajes de Mayeli, que es transexual y de Max, que es un joven homosexual, pierden terreno ante el planteamiento del autor y la propuesta de su dirección.

Asimismo, cabe revisar la necesidad de generar en los actores la proyección de la potencia sexual de unos personajes que se encuentran en terreno permitido, donde no conviene que pierdan la cachondería para conservar el estereotipo vaquero, al ser éste uno de los elementos ricos y esenciales de la dramaturgia.

Abrir paso al análisis y la prueba y error respecto a la ubicación y funcionamiento o eliminación de la ventana escenográfica, que en este caso es un elemento de importancia medular, es algo importante a tomar en cuenta.

Por lo demás, la obra, compleja en su estructura dramática, está comprendida a cabalidad y bien planteada por el director, actrices y actores que desarrollan los conflictos, las vicisitudes y los abismos de estos personajes que padecen su propia pesadumbre bajo la densidad de un hecho inesperado que marca el momento en que coinciden dentro de un lugar del que esperaban salir liberados.

Edgar Valadez, Héctor Iván González Ramírez (asistente de dirección, diseño gráfico y de espacio), Elizabeth Pedroza, Emiliano Yáñez, Gilberto Alanís, Itzel Aparicio, José Juan Sánchez, Sergio Rued o Guillermo Revilla en la actuación, Braulio Amadis en iluminación y El Loco Teatro en el diseño musical, de vestuario, de escenografía y utilería, integran el equipo de La ley del ranchero, opera prima que inicia con buen paso el camino hacia la contundencia escénica.