FICHA TÉCNICA



Título obra La maizada

Autoría David Olguín

Dirección Clarissa Malheiros

Notas de dirección Alma Gutiérrez / asistencia de dirección

Grupos y Compañías La máquina de teatro

Elenco Natyeli Flores, Paula Watson, Francisco Pita, Alejandro Camacho M., Eduardo Tanús, Andrés Tena, Paola Arrioja, Cecilia Ramírez, Itzel Aparicio

Escenografía Juliana Faesler y Sergio F. López Vigueras

Notas de escenografía Carlos Brown / muñecos

Iluminación Juliana Faesler y Sergio F. López Vigueras

Notas de Iluminación Arturo López Pío / proyecciones

Música Paula Watson

Espacios teatrales Teatro El Galeón

Notas de productores Alejandro Camacho Márquez / producción ejecutiva; Salomé Tovar / asistencia de producción

Referencia Alegría Martínez, “Sacrificio y renovación”, en Laberinto, núm. 491, supl. de Milenio, 10 noviembre 2012, p. 10.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Teatro

Sacrificio y renovación

Alegría Martínez

Apegada a nuestras tradiciones, a una leyenda que nos habla de nuestro alimento esencial, su valor y su origen, La maizada es una obra con sentido del humor que no le teme a las palabras ni a su significado, que las pone en su preciso lugar y hace que resalte su brillo o su oscuridad sin recelo de los oídos jóvenes, los inocentes o los adultos.

Escrita por David Olguín y llevada a escena por Clarissa Malheiros, La maizada es una de las pocas obras dirigidas a jóvenes espectadores, que parte de un trabajo riguroso, honesto y de calidad, tanto en el texto dramático como en cada uno de los lenguajes que se desarrollan sobre el escenario.

Inspirado en una narración oral de la comunidad tzoque-popoluca, el autor estructura esta historia sobre el nacimiento del maíz dentro de un ciclo en el que se hacen presentes el fuego, el rayo, lo invisible y lo visible; inicio de una etapa, metáfora de un comienzo en el que las contradicciones, la unión de los opuestos y el instinto de supervivencia conllevan al cierre de ciclos de vida que plantea nuevos desafíos.

La magia del reflejo, el arriba, el abajo, la simbiosis de bien y mal, son planteados por el autor y resueltos por la directora mediante imágenes, proyecciones y la interpretación de los actores que encarnan brujos hambrientos o un rayo macho que, sin doblar del todo su brazo, sabe perder. Todo ello entre circunstancias en las que tienen cabida los equívocos por olvido, la decepción y la esperanza.

David Olguín vuelca su conocimiento dramatúrgico, su talento como director, su sensibilidad y sentido común en el texto dramático que Clarissa Malheiros y la compañía Máquina de Teatro transforman en una memorable experiencia escénica, plástica y sonora. Los personajes, animales conocidos o seres de ficción, se transforman en figuras fantásticas de movilidad extraordinaria.

Muñecos confeccionados con hoja de palma, de elote, tela de manta o algodón en gamas de alegre colorido, y personajes con rostros expresivos o cubiertos bajo una inmensa maraña de zacate, son diseño y realización de Carlos Brown, quien domina la dificultad de utilizar materiales orgánicos para crear, por ejemplo, una inmensa lagartija, un armadillo o un puerco gigantesco, entre otros personajes que emergen con la magia de nuestros artesanos, bajo la flexibilidad y el extraordinario manejo corporal de actores en grupos de dos o de tres.

Los actores cantan, interpretan y tocan instrumentos, inundan la sala con notas de son y letras que nos remiten a nuestra tradición musical: las andanzas del santo niño del maíz, que cruza paisajes de arena proyectados al fondo del escenario, en el que se recrea el lago y su reflejo, o la sombra de su madre que lo sacrifica para que los hombres tengan alimento.

Juliana Faesler y Sergio F. López Vigueras diseñaron la escenografía y la iluminación. Huacales y mazorcas crean un sembradío de maíz, y una tela metálica bajo luz azul conforma un claro de agua. Una verja de púas anuncia los límites. Imaginación y creatividad al servicio de una obra en la que cada diseño es una propuesta artística.

Natyeli Flores, Paula Watson, Francisco Pita, Alejandro Camacho M., Eduardo Tanús, Andrés Tena, Paola Arrioja, Cecilia Ramírez e Itzel Aparicio dan vida con todo su cuerpo, su voz y sus pies desnudos a muñecos que requieren ser manipulados y construidos por dos o más actores en coordinación y ensamblaje perfectos para que el personaje cumpla sin tropiezo con su tránsito por parajes en los que habitan seres de un tamaño, un andar, una complexión y una presencia mayores a los comúnmente esperados.

Arturo López Pío de Proyecciones Cineamano, Alma Gutiérrez en la asistencia de dirección, Salomé Tovar, como asistente de producción, Paula Watson en la música y Alejandro Camacho Márquez en la producción ejecutiva de La Máquina de Teatro completan el sólido equipo que hace de La maizada un buen espectáculo que rompe la barrera de la edad.

Quienes acudan al teatro a ver esta obra conservarán la imagen del sacrificio y la renovación, abrazarán personajes cuyo rostro puede emerger de un sombrero y cuyas patas son esos cilindros de palma llamados “atrapa novios”, mientras el santo niño del maíz es un joven con espíritu guerrero y pelo de elote, un hombrecito erguido, que elige su lugar y acepta su destino por el bien de los demás, muy cerca de la trampa del abismo, siempre al acecho.