FICHA TÉCNICA



Título obra Le dije mexicano y no se rio

Autoría Carlos Monsiváis

Dirección Mario Ficachi

Grupos y Compañías Los cómplices de Monsi

Elenco Tito Vasconcelos, Braulio Peralta, Édgar Vivar, Tere Valenzuela

Notas de Música Alejandro Muraira / teclado

Espacios teatrales Museo del Estanquillo

Referencia Alegría Martínez, “Carlos Monsiváis va al teatro”, en Laberinto, núm. 487, supl. de Milenio, 13 octubre 2012, p. 10.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Teatro

Carlos Monsiváis va al teatro

Alegría Martínez

En la terraza del Museo del Estanquillo, contra esquina de La Profesa con su campanario en pie, una muestra del teatro escrito por Carlos Monsiváis se escucha en la voz de Los cómplices de Monsi, grupo integrado por Tito Vasconcelos, Braulio Peralta, Édgar Vivar y Tere Valenzuela bajo la dirección de Mario Ficachi, quien eligió y adaptó los textos de este autor imprescindible.

Con el Centro Histórico a los pies de un Monsiváis plasmado en un plotter a escala natural y a color, frente a la audiencia y a espaldas de los intérpretes –quienes en su mano portan también el rostro impreso en blanco y negro del pródigo escritor–, inicia un canto de añoranza. Parlamentos que trasminan humor, pesar, ironía, amor por México, siempre críticos, envueltos en sarcasmo y plenos de las verdades perversas de nuestra idiosincrasia, vuelan libres en la voz de los actores, a ratos enmarcados por las notas de un teclado a cargo de Alejandro Muraira.

Cada intérprete coloca el libreto en su atril y la obra de Monsiváis resuena ante el micrófono a cuatro voces, todas distintas, alguna distante y quebradiza, otra engolada y artificial, una experta sobre el escenario y otra más contundente y honesta, todas unidas para dar nueva vida a los fragmentos de una obra escrita para la escena –de la que poco o nada se conoce.

Acogidos, equipo artístico y audiencia, por el espacio mágico que el escritor consiguió destinar a la cultura popular, hasta antes sin lugar propio, donde cada imagen, rincón y palabra nos habla de lo que somos, el trabajo titulado Le dije mexicano y no se rio da inicio con la presentación del Catálogo de nuevas profesiones.

La primera escena reproduce un congreso de organizaciones políticas que integran cifras descomunales de miembros inexistentes, una reunión en la que se intenta imponer reglas rotas desde su génesis. Al llegar a su fin, apenas ha dado tiempo de leer los nombres de las agrupaciones, la cantidad de firmas que las respaldan y la evidente farsa política de la que forman parte.

El proveedor de teorías, nuevo profesionista que se espera contribuya al bien social, ofrece distintas versiones sobre un mismo hecho –tantas como periódicos–, de modo que el contratante de este eficiente facilitador tenga a mano la justificación más absurda de un artero asesinato, por ejemplo. La casualidad hace de seguro que las descabelladas hipótesis presentadas tengan amplias similitudes con las versiones oficiales que se difunden con barniz de seriedad.

Amenazas sordas que anulan la posibilidad de testigos, mitos sobre los muertos que reviven gracias a la fantasía popular ante la necesidad de su presencia; propuestas varias incluyen el jueguito del porvenir que la astucia del nuevo profesionista inventa en igual proporción a lo trágico del suceso.

La narración sigue su curso hasta la presentación de La pronosticadora del pasado, ocupación que satisface el anhelo de que los acontecimientos funestos se modifiquen por vía de la palabra al nivel de un sueño maravilloso, como la matanza de Tlatelolco.

Los textos teatrales de Carlos Monsiváis, profundamente críticos, punzantes y dolorosos, inscritos en su humor natural, ácido e inteligente, descubren historias cortas y nombres propios de lugares y músicos que son asimismo parte de la historia de quienes escuchan y observan esta especie de recital dramático, irónico, musical.

La crónica de la transformación de posturas políticas mediante canciones románticas, de protesta y comerciales, está inserta en la historia de las hermanas Zarza y Suspiro que cambian de repertorio y de nombre, según el curso de la moda y los acontecimientos, hasta convertirse en Tocha y Mocha, para terminar siendo Savonarola, el Dedo que Denuncia, o Fidelia, la Lideresa del Voto Cantado.

Fragmentos de telenovelas tituladas Carlota y Maximiliano sí que aguantaban un piano o La noche triste se fue de fiesta, interpretadas por Guillermo Furray como el emperador, María Trivas como su esposa e Ignacio López Terco como Hernán Cortés, y El Loco Valdez como Bernal Díaz del Castillo, afianzan el “abrazo glorioso entre la televisión y la historia, entre lo visual y lo práctico, lo electrónico y lo prestigioso”.

El final, que se desprende del título del espectáculo, es una plática entre tres productores teatrales que teorizan sobre la mejor forma de que vuelva el público a las salas. Conversación que en realidad es una feroz crítica a la asumida práctica del racismo nacional, a nuestra identidad autovapuleada, a nuestro lenguaje pervertido, mal adaptado y bien adoptado; a nuestro afán de mentir hasta la muerte antes de aceptar que ignoramos lo que se nos pregunta.

Le dije mexicano y no se rio es un grito profundo, irónico y desesperado de Carlos Monsiváis, en voz de sus amigos, en formato de teatro en atril, con algo de utilería, que revive al escritor en su faceta de dramaturgo, hábil conocedor de nuestras más hondas contradicciones.