FICHA TÉCNICA



Título obra After Play

Autoría Brien Friel

Dirección Ignacio Escárcega

Elenco Mónica Dionne, Rodolfo Aria, Martha Moreyra, Marcial Salinas

Escenografía Teresa Alvarado y Anabel Altamirano

Espacios teatrales Teatro Santa Catarina

Referencia Alegría Martínez, “Un café de Moscú”, en Laberinto, núm. 481, supl. de Milenio, 1 septiembre 2012, p. 10.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Teatro

Un café de Moscú

Alegría Martínez

Escuchar lo que habla y oculta –quizá desea y espera sin atreverse a confesarlo– una pareja que conversó por primera vez la noche anterior en un café y vuelve al día siguiente, tal vez con una idea de lo que pudiera resultar, parece atractivo. Debemos saber que ambos personajes emergen de dos importantes obras de Chéjov: El tío Vania y Las tres hermanas. Es una oportunidad para entrar en la imaginación de Brien Friel, dramaturgo irlandés nacido en 1929, autor de After Play y que nos brinda la oportunidad de acercarnos a un concentrado que va de la Rusia del siglo XIX hasta la actualidad.

Como si sólo hubiese cambiado el corte de los trajes, la mujer y el hombre de este montaje que dirige Ignacio Escárcega se encuentran en un café de Moscú a principios de los años veinte, como hoy lo haría cualquier pareja de desconocidos en cualquier lugar del mundo.

Clientes únicos del lugar, Sonia, interpretada por Mónica Dionne, y Andrei, a cargo de Rodolfo Arias, buscan el modo de comunicarse y establecer la confianza necesaria para acercarse en lo posible, ante una circunstancia en la que indagar sobre el otro es la herramienta principal.

Escuchados y observados por una violinista –Martha Moreyra, sin nombre de personaje– que, se presume, es empleada del local, los personajes resumen, en fragmentos de diálogo, parte de lo que vivieron como personajes de las dos obras de Chéjov para dar paso a un nuevo encuentro sin dejar de lado sus viejos lastres.

La ilusión que Andrei tiene ante la mujer viaja en mentiras, que él calcula inofensivas ante la expectativa real de lo que una reunión inesperada generalmente permite.

La expectativa de Sonia se extiende paulatinamente hasta que ella toma una decisión arriesgada, basada en las fantasías del hombre que deberá enfrentar.

Después de lo que les ocurre en sus respectivas obras, la sobrina de El tío Vania y el hermano de Tres hermanas terminan por seguir su propio camino en After Play, donde intentan asirse del entusiasmo hacia un cambio que le proporcione otra dimensión a sus emociones.

Mónica Dionne y Rodolfo Arias hacen que Sonia y Andrei conserven la textura chejoviana, la renueven y se dirijan hacia nuevos objetivos. Su soledad, el viejo amor sin esperanza que los hermana, la necesidad de soñar con una realidad distinta junto a alguien de características similares, forma parte de un juego entre el humor y la decepción que pronto se diluye para toparse con la realidad llana.

Las notas musicales del violín, a veces provenientes de piezas musicales contemporáneas y reconocibles, subrayan momentos, en ocasiones a solicitud de los personajes que, con un ademán o un gesto, indican a la violinista su entrada, recurso que en su repetición termina gastándose. Sólo en algunas veces consigue ser eficaz.

La mayoría de las ocasiones, el gesto, la reacción, los movimientos de la intérprete de la música rompen con el tono bien logrado por los actores: falta un objetivo con claridad contundente para que pueda ser parte de lo que acontece.

El oso, segunda parte del espectáculo, juguete cómico de Chéjov en el que participan los mismos actores y al que se suma Marcial Salinas como Luka, el mozo, es un divertimento en el que la violinista puede participar con mayor tersura, debido al giro que Friel le da a los personajes y al modo en que Escárcega hace partícipes del juego a todos los presentes, que se hacen cómplices sentimentales casi de inmediato.

Con una escenografía sencilla que utiliza el mismo piso y paredes para ambas secciones, y que cambia el mobiliario de las mesas de café del primer acto por el sofá de la estancia, una estufa de hierro, un mueble de sala con una foto del difunto marido y una mesa de centro para el segundo acto, a partir del diseño de Teresa Alvarado y Anabel Altamirano, respectivamente, el espacio completo nos remite al lugar de la historia y a su procedencia. Al mismo tiempo, abre paso a la imaginación y al libre tránsito de los personajes que reaparecen con nuevo ímpetu.

La dirección de Ignacio Escárcega es limpia y acertada. La interpretación de Dionne, Arias y Salinas contribuye a que After Play sea una positiva experiencia que nos motiva a viajar por las obras de un autor poco escenificado en nuestro país, que entre sus éxitos cuenta con Philadelphia, Here I Come!, y Dancing at Luhnasa –llevada al cine y protagonizada por Meryl Streep bajo la dirección de Pat O’Connor– y ha recibido el Tony Awards en varias ocasiones, The Lawrence Olivier Award for Best Play y el New York Drama Critics Circle Award.