FICHA TÉCNICA



Título obra Oscuro. Intervención libre sobre Otelo

Autoría Edgar Chías

Dirección Marco Vieyra

Elenco Luciana Silveyra, Plutarco Haza, Ricardo Esquerra, Claudia Florescano, Enrique Fraga, Víctor Ortiz

Escenografía Philippe Amand

Notas de coreografía Jaciel Neri / entrenamiento físico

Vestuario Adriana Olivera

Espacios teatrales Teatro El Galeón

Notas de productores Adriana Bandín / producción ejecutiva

Referencia Alegría Martínez, “Los medios que nos poseen”, en Laberinto, núm. 475, supl. de Milenio, 21 julio 2012, p. 10.




Referencia Electrónica

Laberinto, Milenio

Columna Teatro

Los medios que nos poseen

Alegría Martínez

Desdémona, Otelo y Yago conservan pocas sílabas de su nombre y habitan un espacio de penumbra. En Oscuro. Intervención libre sobre Otelo se concentran la desconfianza y la rabia por atesorar el poder, un amor sin sustancia y un lugar que nadie cede. Sobre un corredor con piedras, rampas, ventanas ocultas y puertas salientes cual trampolín al vacío, un triángulo humano se debate por vencer a quien le opone resistencia, aunque éste sea también buena parte de su complemento.

Edgar Chías ubica a los tres personajes shakesperianos en una frontera de violencia desde la cual se percibe lo que ocurre tras los muros de un lugar al que sus habitantes se refieren como “la patética y productiva industria de la muerte”. Sin calles venecianas, jardines, castillo o sala de consejo en Chipre, el multiespacio creado por Philippe Amand contiene un edificio con muro en declive que se inclina hacia el público y lo cerca junto a los personajes; un lugar en el que no se ve sitio para el descanso, donde las aberturas rectangulares o cuadradas intervienen los distintos planos de modo que los personajes están a distintas alturas. De pronto, se abren paso paisajes mínimos como un bonsái bajo la lluvia o un desierto en miniatura, como contrapeso de la esperanza.

Pasillos estrechos de grava roja o de madera negra, escalones de alto peralte, como si se tratara de una cancha de pelota prehispánica sin aro traída a la modernidad. Este inhóspito y extraño lugar, no exento de belleza, cruzado por veloces pasiones en conflicto, es también parte medular del montaje dirigido por Marco Vieyra.

Edgar Chías trae al presente una tragedia en la que no se echan de menos los personajes que contribuyen a enredar la trama original. Dos hombres y una mujer bastan para condensar el odio y la sospecha generalizada, sobre un territorio que puede estar en todos los países, donde las sombras acechan detrás de una luz roja y azul que define siluetas en reto.

Platos que se estrellan al ser lanzados como proyectiles, una canción que refiere una falsa felicidad a cambio de otra, personajes que a ratos lucen como cantantes ante un micrófono, jinetes momentáneos sobre un hermoso corcel blanco de amenazadora presencia confluyen en Oscuro... Desdémona responde al nombre de Des y se conduce altiva, entre la seducción y el sarcasmo.

Luciana Silveyra es una Desdémona rubia, una guapa amazona que se despoja con firmeza de la añeja costra femenina del ser-objeto, que se enfrenta al peligro desde el vértice de un juego triple en el que se torna provocativa con Jako (Iago) y con Otter (Otelo), a quienes seduce y rechaza, provoca y separa, como una suerte de amante y réferi de un equipo de tres contendientes con distintas jerarquías y apegos sexuales en un mismo terreno.

Vestidos con prendas diseñadas por Adriana Olivera que aluden a cierta jerarquía militar, en combinación con elementos de atuendo para montar, los personajes compiten por una mejor posición ante el opuesto, sin poder desligarse interna ni externamente, vinculados tanto por detalles en el vestuario como por su ambición y por el espacio que los contiene, en un todo coherente y desolador. El caballo y su jinete y guía, Claudia Florescano, se integran de manera natural a un universo límite.

Con un Jako pleno de dobleces en su desparpajo, interpretado a fondo por Plutarco Haza, y un Otter firme hasta en sus cambios extremos, a cargo de Ricardo Esquerra, los actores establecen el contrapunto necesario para detonar el fatídico suceso que los arrastra a la destrucción.

Oscuro… es un pase de entrada a los miedos que nos poseen, a la inseguridad que genera la traición, a observar el mundo desde la óptica de una Desdémona actual que rompe el silencio, responde, grita y entra al juego masculino con una seducción abierta que no acude al engaño de la autosumisión para conseguir sus objetivos.

La puesta en escena es también un juego de destreza. Cada elemento escenográfico cumple su rol de objeto para ser usado, y cada sonido diseñado por Juan Pablo Villa remite a ese lugar de muertos en el que música, grava, vidrios rotos, canciones, palabras, ecos y estridencias no admiten el sosiego. Los que viven ahí comparten algo de no existencia, los pretextos y las culpas reptan como bichos invisibles pero imparables... Hasta él llega un rejoneador, Enrique Fraga, y un hombre más interpretado por Víctor Ortiz, quien con el conjunto que completan Jaciel Neri en el entrenamiento físico y Adriana Bandín en la producción ejecutiva, hacen de Oscuro. Intervención libre sobre Otelo una buena, sorpresiva e inquietante experiencia.